sábado, 20 de diciembre de 2008

Modernos. ¿Modernos?

El presuntísimo corruptísimo gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, ordenó a John Harris, su Jefe de Gabinete que enviara este mensaje al Chicago Tribune: "Despidan a todos esos j* periodistas de la sección de Opinión; mándenlos a tomar por el s* y que nos den apoyo editorial ya". A cambio, Blagojevich dejaría de impedir con su burocracia la venta de Wrigley Field [el estadio de béisbol de los Cubs, equipo de béisbol también propiedad de Tribune Co].

Lo cuenta hoy David Carr en el NYT. Y saca pecho. El titular es Un escándalo en Chicago justifica el periodismo de investigación. [Ah. ¿Hay periodismo que no sea de investigación?]. Pero Carr quiere sacarse una espina –esta de aquí– y pregunta: ¿quién dice que los modernos diarios americanos no cuentan para nada?

Pues no sé, David. Lo dice mucha gente. Los modernos lectores americanos eran el 81% de los adultos en 1964 y ahora son el 54% (el Tribune ha perdido 57.712 modernos ejemplares desde 2005). Los modernos anunciantes americanos invertían el 27% de su presupuesto en diarios en 1980 y ahora invierten el 15%. El político americano moderno, Barack Obama, ha hecho la campaña menos impresa de la historia. Los modernos gestores de Tribune Co. han declarado bancarrota la semana pasada –botón de muestra: también echaron a dos premios Pulitzer del diario. Y, bueno, claro, los modernos accionistas de la prensa, pues… Quizá resulta que el diario americano ya no es moderno –y tú y yo tampoco.

El único que no se había enterado de que the modern American newspaper doesn’t matter era el Gobernador Blagojevich. Tampoco era moderno. Así le ha ido. Tenía que haberse preocupado más de Patrick Fitzgerald, el fiscal que le investigaba. Ése sí ha hecho su trabajo mientras el Tribune, con excepciones y mayormente, sólo opinaba, que es gratis.

John Crewdson, uno de los Pulizter echados del Trib, lo tiene muy claro: el estado de las finanzas de su ex diario, bueno o malo, “[would not] have kept Fitzgerald from finding out what he wanted to know and going wherever he wanted to go.”

Robert Niles, en su análisis del año para OJR, advierte que vivimos desde hace unos diez años como si Woodward y Bernstein no hubieran descubierto Watergate. En ese tiempo traditional journalists failed to uncover emerging scandals and to warn the public about abuses of power at the highest levels of government and industry.

Niles hace una lista vergonzosa –sin necesidad de jaysonblairs. Vean, vean. Y propone activismo redaccional. Cualquier empresa informativa que quiera sobrevivir debe basarse en "exactitud, verdad y justicia" y aprender de los colegas online, a quienes "no asusta conectar reporterismo y activismo cívico". Advierte, sí, que el activismo debe basarse en evidencias, no en ideología.

Hasta la fiabilísima y papelerísima Geneva Overholser aplaude la pieza. Suena bien pero… no sé.

En fin, David Carr. Tenim la cua de palla. ¿Qué más da the modern american newspaper? Lo que importa es el journalism, sea modern, american, impreso o digital. Porque, en al final, si mueren los chicagotribunes de este mundo no pasa nada (bueno… un poco sí) mientras queden fiscales como Fitzgerald, periodistas como Crewdson y fuentes como W. Mark Felt. Servidores del Pueblo. Y de esos siempre habrá. Con la ventaja de que la era digital multiplicará sus posibilidades.