domingo, 4 de abril de 2021

El Diario Vasco/Real Sociedad vs. El Correo/Athletic

Ayer se jugó la final de la Copa del Rey en España. Los finalistas fueron el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad de San Sebatián, los dos eterno rivales del País Vasco. Ganó la Real Sociedad por 1 a 0. Aquí las portadas de hoy de El Correo de Bilbao y El Diario Vasco de San Sebastián, ambos de la misma empresa editora.
Domingo 4 de abril


Pero lo más interesante es el in crescendo de los dos periódicos durante la semana previa al partido:

Sábado 27 de marzo


Domingo 28


Lunes 29


Martes 30


Miércoles 31


Jueves 1 de abril


Viernes 2


El sábado 3, sábado santo, día del partido, no hubo diarios en el País Vasco.

jueves, 1 de abril de 2021

Iñaki Gabilondo 50 años después

De nuevo con el permiso presunto de El País, subo esta magnífica entrevista a Iñaki Gabilondo, publicada hoy en SM el Diario Global. Aquí el link.

Iñaki Gabilondo: “Para hacer este trabajo hay que tener fe y yo la estaba perdiendo” 

Iñaki Gabilondo no se va, solo se retira de la actualidad diaria. Y tras cinco décadas de actividad, el periodista donostiarra reivindica, como ha hecho siempre, la templanza y el juego limpio

Xosé Hermida  
Llevamos tantos y tantos años siguiéndole como a una brújula de lo que está ocurriendo, que resulta casi desconcertante escucharle decir: “A mí me cuesta opinar. Me cuesta mucho”. La confesión de Iñaki Gabilondo (San Sebastián, 78 años), superado el medio siglo de periodismo activo y con una de las reputaciones más sólidas del país, es un intento de explicar por qué ha decidido dejar atrás definitivamente los comentarios de actualidad, hasta ahora inseparables de su carrera. 
En medio de ese barullo en el que cada vez cuesta más distinguir si una tertulia discute sobre el Gobierno, sobre una polémica decisión arbitral o sobre las infidelidades de un famoso de medio pelo, Gabilondo ha optado por decir basta. En esta España tan propensa a la trinchera, su templanza y su estilo reflexivo siempre fueron como una exitosa rareza. Llegados a este punto, con la política más subida de tono que nunca y todavía subiendo cada día un poco más, Iñaki Gabilondo se declaró empachado.

La renuncia a seguir ejerciendo de analista cotidiano no es ni mucho menos una retirada de la profesión. Mantiene un espacio semanal en Hoy por hoy, el programa de la SER con el que despertó cada día a varias generaciones de españoles y en el que da voz a jóvenes con iniciativa. Movistar+ acaba de emitir dos programas suyos en los que trataba de adivinar las líneas del futuro tras la pandemia con entrevistas a grandes académicos internacionales. Ni el desánimo con la actualidad ni tampoco el virus le han parado, aunque deslice otra confesión: “La pandemia ha sido como un flash que me ha enfrentado a mi vejez. Ya hace mucho que sé que soy viejo, pero nunca como ahora había visto que formo parte de ese material desechable que somos los viejos para este virus gerontófobo que nos ha atacado”.

Usted parece el periodista que huye de la actualidad porque ya no la soporta.

Para hacer este trabajo hay que tener fe y yo la estaba perdiendo. Ramoneda [Josep, ensayista y comentarista político] me solía decir: ‘Tú eres un soñador, solo hablas del consenso’. No, no… La política es la gestión del disenso, y el consenso es el punto final de un recorrido al que se llega o no, pero que se alcanza en algunas cosas donde establecemos lo que llamamos sentido común, el territorio compartido. Yo estaba perdiendo la fe al ver la imposibilidad de alcanzar puntos comunes en algo. Y empiezas a sentir una gran incomodidad personal al tener que salir todos los días a la palestra con un escepticismo excesivo.

Algunos sostienen lo contrario: que el periodista tiene que ser un descreído.

Puede ser. No pretendo establecer una teoría universal, digo lo que me ha pasado a mí. He creído siempre que lo que hacía era algo no muy importante, pero que tenía alguna utilidad. Ahora, con las posiciones tan ultradeterminadas, defendidas de una forma teológica, como en las guerras de religión, acabas con la sensación de que lo que estás haciendo es inútil. Tengo 78 años y, a cierta edad, hacer lo que uno no quiere tiene algo de obsceno. Ahora parece que para todo hay una respuesta oficial de la derecha y otra de la izquierda. Yo no he ocultado nunca mi ideología, pero eso no me ha resuelto los enigmas que planteaba la actualidad.

Pero hay, pese a todo, una pasión que permanece, porque no se ha retirado usted, sigue haciendo un trabajo todas las semanas.

Si tengo salud, posibilidades y estoy razonablemente espabilado, yo no quiero quitarme de en medio de la vida, estoy felizmente integrado en ella. Y encima tengo el privilegio de que me ofrecen cosas que me gustan. De lo que me he ido quitando es del fragor diario.

Dice que nunca ha ocultado sus ideas, pero al mismo tiempo ha logrado una gran credibilidad y respeto. ¿Cómo lo ha conseguido?

Bueno, hay gente que me tiene muchísimo odio. Lo que pasa es que cuando llevas ya muchos años… La solvencia la da una suma de decencia más tiempo. Creo que sí ha habido una cierta unanimidad en que he sido un profesional decente. He cometido errores, pero no he sido sospechoso de estar jugando sucio. Aunque no me he librado de las barbaridades, se han dicho cosas de mí que me han producido muchísimo dolor. Y me han montado números de envergadura en restaurantes y así. Como consecuencia del 11-M y del papel de la SER en esos días, aún es raro el mes –hasta hace poco diría la semana– en que alguien por la calle no me interpele.

Usted llegó a reconocer que José María Aznar le hacía sacar lo peor de sí mismo.

Siempre le he dado mucha importancia a la forma en que se transmiten los mensajes y he de reconocer que con él he perdido a veces la templanza. Me sacaba de quicio. Lo seguiría criticando hoy igual, pero no me puedo enorgullecer de haber perdido en ocasiones las buenas maneras. Casualmente, el otro día me encontré con él en un restaurante y nos saludamos con educación. Las formas son muy importantes, sobre todo en los medios más populares.

Pues la tendencia parece la contraria: las tertulias políticas acaban a gritos.

Es otro de los elementos que contribuyen a mi desánimo. Comentar asuntos como el problema catalán, la monarquía o el terrorismo en modo bronca de bar, como si estuviésemos discutiendo si ha sido o no penalti, me parece extraordinariamente malo. Y le tengo miedo al efecto que produce en la gente.

¿El periodismo y la comunicación se nos han ido un poco de las manos? A los periodistas, a las empresas…

El periodismo está viviendo un proceso de transición, como todo, muy agudo. Ha estado muy marcado por la sensación de pánico financiero de las empresas. Eso ha impedido desarrollar otros elementos: investigación, trabajo de más calidad… Surge el periodismo basura, con contratos y trabajos basura. Y también la tentación de intentar seguir atajos para llegar a la gente, la búsqueda de los likes. El periodismo debe preguntarse lo que la gente tiene derecho a saber, pero si lo que nos preguntamos es solo lo que la gente quiere oír, desvirtuamos nuestro trabajo.

Nos ha entrado también un pánico nuevo: las redes sociales nos han hecho perder el monopolio de la intermediación ante la audiencia.

Estamos inmersos en un océano de señales en el que la nuestra no es más que una de las muchísimas que llegan a la audiencia. Eso nos confirma que debemos marcar bien nuestro punto, como un yacimiento de agua potable en medio de un montón de agua no potable. No basta con decir que los demás mienten. Tú tienes que acreditar tu posición ofreciendo calidad y, sobre todo, independencia. Porque no vale decir que el periodismo de calidad era el que hacíamos cuando estábamos solos. El llamado periodismo de calidad debería empezar por analizar cuánto de calidad tenía.

Cuando teníamos el monopolio de la información, ¿caímos en la autocomplacencia?

Y en cosas peores. El periodismo ha controlado el poder, pero ha controlado menos su propio poder.

¿Cuándo se jodió la política española?

Hay varios momentos, pero para señalar uno menos comentado: cuando interpretamos de modo completamente incorrecto la ola de prosperidad. Un país humilde, que había vivido en la austeridad, que fue pobre hasta cuando éramos los reyes del universo, creyó que se había hecho rico. Y no nos importó que eso fuese a costa de liberalizar todo el suelo, de poner a la venta el país, de cebar una bomba que acabaría reventando. Ahí se empezó a joder todo. Y cuando llegó el crac de 2008 y aquello se vino abajo, no interpretamos que se estaba poniendo al descubierto nuestra formidable fragilidad, sino que pensamos que eso ocurría porque estaba gobernando Zapatero. Si hubiese estado Aznar o Jesucristo resucitado, habría sido muy parecido, porque la hecatombe era mundial. Pero perdimos la oportunidad de entender que había una fragilidad estructural en este país y debíamos abordar un proceso de modernización profunda. Y no entramos en una crisis económica, sino en una especie de estupor psicosocial brutal. Fue el despertar de un sueño.

¿Le ha decepcionado lo que se llamó nueva política?

No, porque tampoco había que hacerse una ilusión excesiva. La sociedad se ha vuelto mucho más compleja y así lo refleja nuestro parlamento. Al que no le guste, mala suerte, es el que hay, por difícil que resulte gestionarlo. Las nuevas formulaciones políticas respondieron a esa complejidad. Algunos de mi generación se enfadaron porque apareciesen. Yo, en cambio, nunca esperé ni mucho ni poco, simplemente lo vi como resultado de la nueva realidad. Lo que te sorprende es la ingenuidad de los que pensaban que aquello podía ser mucho más sencillo. Construir una herramienta política de base es un tema muy complicado. Los de Podemos no se dieron cuenta de que convertir la guerrilla en ejército regular es siempre un ejercicio endemoniado.

En su generación también molesta mucho el revisionismo de la Transición.

A mí me sorprende que no se valore lo que significó todo aquello. No estamos diciendo que haya que reproducirlo tal cual ahora, pero entonces vivimos un momento de complicación máxima que la política resolvió poniéndose de acuerdo. Y fue posible lo que no parecía posible. Porque era como si ahora metes a Aznar y a Otegi en la misma mesa. A eso nos referimos cuando invocamos el espíritu de la Transición. También me sorprende muchísimo que esta sea la primera generación que pide explicaciones a las anteriores. Dicen: “Vaya mierda de democracia que nos dejasteis”. Nosotros nunca dijimos a nuestros padres que nos habían dejado un país de mierda. Y estábamos en una dictadura.

¿Hay algún comunicador actual con el que se identifique especialmente?

Uy, hay muchos…

¿Jordi Évole?

Ah, sí, por supuesto. Somos amigos. Pero también hay muchos en la segunda fila: Aimar Bretos… Lo que me intriga es la gente que tiene 17 años. ¿Por dónde van a salir? Yo tengo la impresión de que por peteneras, por otro sitio. Se empieza a vivir de otra manera, a consumir de otra manera… Por ahí van a venir los cambios, también en nuestro oficio. Porque ya Ibai [Llanos] y todos esos…

¿Lo ha seguido?

Pues claro, yo lo sigo todo. Estos nuevos fenómenos me asombran, pero los sigo con admiración y con sorpresa. Aunque el cambio gordo, gordo no está ahí, viene detrás. En el mundo está habiendo infinidad de iniciativas, periodísticas también.

Antes de Ibai, los que ya tenemos cierta edad tendíamos a despreciar a los youtubers.

Yo ya aprendí hace mucho a no despreciarlos. A mí me han llevado muchas veces a reuniones suyas como a un tipo que ha conocido a los dinosaurios. A veces me preguntan si creo que Youtube es un medio de comunicación nuevo y yo digo: “¿Nuevo? Pero qué insolencia tenéis, que pensáis que las cosas solo han cambiado al llegar vosotros y ya no van a cambiar más. Dentro de cinco minutos, Youtube va a ser una antigualla superlativa”. Yo siempre me he acercado con respeto y curiosidad a estos fenómenos, también al de Ibai, que ya empieza a ser un clásico y dentro de diez minutos será convencional. A mí me ven como un paquidermo, pero les hago gracia.

¿Y todas estas novedades no le dejan la sensación de que esta ya no es su época?

Pero es que yo ya sé hace muchísimo tiempo que esta no es mi época. Nosotros estamos de retirada. Seguirá siendo mi mundo hasta el último día de mi vida, pero nosotros ya no llevamos el volante del coche.  
Realización: Silvia Ballester Cussac. Asistente de fotografía: Marc de Miguel. Posproducción: La Cápsula. Maquillaje y peluquería: Vicente Guijarro. Arte: Cito Ballesta. La butaca caramelo es Andreu World y la silla, Vitra.

viernes, 19 de marzo de 2021

El País celebra los 100.475 suscriptores digitales

Les paso (con permiso presunto de su publisher) esta nota de El País de hoy. Va además la foto de los precios de suscripción. 

Agrego el precio de portada del diario: € 1,80 de lunes a viernes; € 2 los sábados y € 2,80 los domingos, lo que da unos € 58 comprar el periódico todos los días.  


El País supera la barrera de los 100.000 suscriptores digitales y consolida el nuevo modelo 

La cifra se alcanza en circunstancias extraordinarias: solo once meses después del lanzamiento, en plena pandemia y con todos los equipos trabajando desde casa. Suman 145.000 con la edición impresa 

A principios de marzo de 2020, El País tenía cero suscriptores digitales. En la sede del periódico se trabajaba en una de las mayores transformaciones en la historia de la compañía, un cambio sobre el que debían asentarse las bases para un futuro estable que garantizara la rentabilidad del diario y, en consecuencia, el empuje de un periodismo independiente de alcance global. Fue entonces cuando se declaró la pandemia del coronavirus, una de esas noticias que marcan a generaciones. Los planes de lanzamiento de un modelo de suscripción digital quedaron pospuestos hasta mayo. Los esfuerzos se concentraron en una labor de servicio público y en adaptarnos a las circunstancias, obligados como tantos otros a trabajar desde nuestras casas ―en el caso de muchos periodistas, también desde la calle o los hospitales―. Hoy, menos de 11 meses después, El País ha construido una gran comunidad con más de 100.000 nuevos suscriptores digitales, que se suman a los 7.918 de la réplica digital del periódico (Kiosko y Más y Kindle) y a los 36.657 de su edición impresa. En total, 145.000 suscriptores que se reparten por todo el mundo, un hito en la prensa española.

Los lectores más fieles respondieron a la propuesta de El País, mientras otras fuentes de ingresos caían como consecuencia de la covid-19, y la venta de ejemplares en los quioscos se tambaleaba por el duro confinamiento. Durante marzo y abril de 2020 se superaron todos los récords de audiencias. En el peor momento de la pandemia, 180 millones de navegadores entraron a la web del diario, consumiendo más de 1.000 millones de páginas vistas en abril. Los ciudadanos, necesitados de información rigurosa y útil, de datos y hechos, vivían pegados a sus teléfonos móviles y a las pantallas de sus ordenadores para comprender lo que estaba ocurriendo en el mundo, en sus países y, en muchos casos, en sus familias. El vínculo permanente que el periódico estableció con su audiencia no tenía precedentes.

En mayo se lanzó el modelo de pago y en las siguientes semanas se unieron decenas de miles de lectores. Por primera vez pagaban por leer en internet noticias, opinión, reportajes, análisis, comprometiéndose con El País en su proyecto de futuro. Así lo recuerda la directora del periódico en aquel momento, Soledad Gallego-Díaz: “Cuando acepté la dirección [junio de 2018] ya éramos todos conscientes de que el futuro de El País dependía de sus suscriptores y de que ese proyecto tenía que llevarse a la práctica lo más rápidamente posible. Nunca tuvimos dudas, ni en la redacción ni en la empresa. Lo que nadie esperaba era tener que arrancar en medio de una pandemia y una crisis económica brutal. Cuando lo hicimos, el 1 de mayo, con grandes historias y nuevos formatos, y vimos la estupenda reacción de los lectores, sentimos todos un gran orgullo y, al mismo tiempo, una enorme presión por mantener alto el listón”.

Durante los meses transcurridos, los suscriptores digitales no han parado de aumentar. A la hora de escribir este artículo, el número exacto era 100.475, una cifra superior a las previsiones que se establecieron en el momento de lanzamiento y con pocos precedentes en cuanto a su rápido crecimiento dentro del ámbito de los medios internacionales. “Estamos apenas arrancando un proyecto de largo recorrido, que corre en paralelo al imparable proceso de transformación digital de la compañía en todas sus áreas”, señala Alejandro Martínez Peón, consejero delegado de El País. “La pandemia lo ha acelerado y vamos a acompañar a la sociedad y a los lectores. Ellos son nuestra guía fundamental. Los resultados en estos meses nos confirman que estamos en el camino correcto para un diario de calidad y global como es El País”, asegura.

El mercado de los periódicos lleva cambiando tres lustros: el trasvase de lectores de las ediciones impresas a las digitales, la irrupción de los teléfonos inteligentes ―Apple lanzó el iPhone el 29 de junio de 2007―; el nacimiento de redes sociales como Facebook ―en septiembre de 2006 se abre a todos los usuarios de internet―, la hiperconectividad o la desaparición de los anuncios clasificados de los diarios son solo algunos de los factores que han golpeado al tradicional modelo de negocio de la industria. 

Salvo contadísimas excepciones, muy circunscritas a medios económicos, la información en internet fluyó gratis hasta hace una década. En 2011 es The New York Times quien da el paso para crear una nueva fuente de ingresos a través de la suscripción a su contenido digital. Luego lo hicieron The Washington Post, Le Monde, el británico The Times y así en cascada, siendo hoy la excepción entre los periódicos de prestigio quienes permanecen en abierto. El hecho de que Google y Facebook tengan casi monopolizado el mercado digital hace casi imposible que grandes redacciones puedan sostenerse exclusivamente sobre los ingresos publicitarios. En España, El Mundo lanzó la suscripción en octubre de 2019 y el pasado domingo anunció que habían llegado a los 60.000 suscriptores, algo menos de los que tiene eldiario.es ―cerca de 63.000―.

Desde mayo pasado, los lectores de El País pueden consultar hasta diez artículos de forma gratuita, pero después necesitan suscribirse para tener acceso completo a los contenidos ―con la única excepción de la información de servicio sobre la covid-19, que es de acceso libre―. Durante las primeras semanas, muchos optaron por la modalidad mensual, pero a medida que se producen renovaciones y transcurren los meses las suscripciones que más crecen porcentualmente son las anuales, síntoma de confianza de los lectores en el proyecto. De los 100.000 suscriptores digitales con que cuenta el diario, una cuarta parte son de fuera de España, reflejo de la condición de El País como referente global de la información en español y muestra de su potencial de crecimiento, especialmente en Latinoamérica.

En este tiempo, el periódico ha seguido trabajando en mejorar su oferta digital: una edición específica para México, una sección de Clima y Medio Ambiente y otra de Educación; nuevos boletines como el adelanto de opinión para suscriptores o el renovado de Materia ―la sección de Ciencia del diario―; podcasts como el del caso Bankia, o las apuestas en infografía, datos y nuevas narrativas, pilares en la cobertura del coronavirus para hacer nuestro periodismo más atractivo y accesible a los lectores. El actual director de El País, Javier Moreno, mira al futuro y reflexiona: “Vamos a salir de esta crisis global con una mejor propuesta editorial y un modelo de negocio prometedor. El periódico que estamos construyendo juntos para los próximos años debe ser testigo y motor de la transformación que viene. Tenemos un proyecto de periódico. Y, lo fundamental, tenemos un proyecto de sociedad compartido por millones de personas en España y en América”.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Jorge Lanata, Daniel Hadad, el periodismo y los medios

Es una conversación entre Jorge Lanata y Daniel Hadad en el programa Lanata sin Filtro de esta mañana por Radio Mitre. Interviene también Julio López –el columnista de tecnologías del programa– y el resto de los contertulios habituales. Valen la pena todos los 48 minutos que dura.

sábado, 13 de febrero de 2021

viernes, 5 de febrero de 2021

El New York Times en 2020


Le paso los datos actualizados de ingresos, ganancias y circulación, del New York Times, hechos públicos ayer en su briefing de resultados (PDF), (aquí lo publicado en el periódico), de los que me entero gracias a la cuenta de Twitter de Ismael Nafría.

En el año 2020 el New York Times llegó a los 7.523.000 suscriptores, de los que 6.690.000 entran solo en la edición digital y 833.000 compran el diario impreso.

De los 6.690.000 lectores digitales, 5.090.000 solo consumen las noticias y 1.600.000 tienen acceso, además, a las secciones de cocina, juegos y podcasts, pagando un plus, claro. A finales de 2020, Games contaba con casi 850.000 suscriptores digitales, mientras que la web de recetas de cocina Cooking tenía 725.000 suscriptores digitales. Los suscriptores de Games pagan 7 dólares al mes y 40 al año y los de Cooking 40 al año.

El 18% de los lectores provienen del mercado internacional, que pagan 8 dólares al mes, pero el primer año pagan solo 2 dólares (0,50 por semana). Los suscriptores residentes en USA pagan 17 dólares al mes. El precio de la edición impresa cuesta unos 85 dólares al mes (3 los días de semana y 6 los domingos)

El total de ingresos de la compañía en el cuarto trimestre de 2020 fue de 1.783.600.000 dólares, de los que 1.195,4 millones corresponden a suscripciones (598,3 millones el digital y 597,1 millones al papel).

Por primera vez los ingresos por suscripciones digitales superaron al impreso. 

En total, por publicidad ingresaron 392,4 millones, de los que 228,5 provienen del digital y 163,8 millones al papel. Por publicidad en podcasts ingresaron 36 millones de dólares.

Ahora hay que ver cuánto de esto se lo deben a Donald Trump...

miércoles, 27 de enero de 2021

Agrande las caras todo lo que pueda


La cara debe ser el 95 % de la imagen de cualquier persona. El 5 % restante deben ser las manos, pero hay que aclarar de quién son. Siempre hay que agrandarlas y nunca achicarlas. Y tanto se pueden agrandar que a veces –como esta– no hace falta que aparezca entera, cosa que permite agrandarla más todavía...

Dagens Nyheter, Estocolmo, 27 de enero de 2021. 

miércoles, 20 de enero de 2021

Lástima la publicidad


El Diario Vasco, San Sebastián, 20 de enero de 2021.

Es la portada del día de san Sebastián en el diario de San Sebastián (Guipúzcoa, España). Noche de Tamborrada, esta vez desde los balcones de las casas de los donostiarras.

Hay que pactar con los anunciantes de portada por lo menos tres diseños distintos que permitan jugar un poco más con el diseño de cada portada sin cambiar la cantidad de espacio. En este caso hubiera sido claramente mejor un anuncio a todo zócalo, dos veces más bajo que el que se publicó.