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domingo, 22 de enero de 2017

Cómo sacar al periodismo de la crisis durante la época Trump


Nos arrepentiremos cuando Trump acabe su mandato. En serio: nos arrepentiremos. Mientras los profes no ven en este momento más que la llegada de una Edad Oscura para el periodismo, la gente corriente y moliente ha comenzado a recuperar sus suscripciones, vuelve a abonarse a las noticias de pago de la tele, compra más ediciones impresas en el quiosco e incluso invierte de nuevo en medios (sapristi!). Por su parte, los medios, al menos algunos, contratan más periodistas (incluso MUCHOS más) y arman nuevos equipos para cubrir el mandato presidencial:
Otros están dispuestos a darlo todo como nunca. ¿Qué Edad Oscura ni qué niño muerto?

Jack Shafer también se ha pronunciado: Trump is making journalism great again. Hay que hacerle caso. Más todavía. El bueno (es un decir) de Shafer, asegura que esta presidencia no es el invierno que les gustaría a algunos agoreros. Jay Rosen, por ejemplo, agudo profe de NYU, lleva como desde 1991 pronosticando el apocalipsis del periodismo si no le hacemos caso. No le hemos hecho mucho caso, la verdad, y el apocalipsis nunca acaba de llegar. Quizá mañana.

Rosen sigue ahí, sin embargo, corriendo en su rueda del hámster, chillando Winter Is Coming! Winter Is Coming! Uno quiere ser honesto y le avisa: todos los que le hicieron caso acabaron mal, desde el Charlotte Observer con la Citizens' Agenda en 1992, Arianna Huffington con Off the Bus en 2007 o Digital First Media, que le tenía en el consejo de administración desde 2011… hasta que se fundió la compañía.

El periodismo no necesita otro Platón. (Seamos justos: Rosen, como Jarvis, Shirky y otros, es un profe admirable, anota buenos puntos, hace pensar y vale la pena seguirlo, aunque no sea necesario creérselo del todo ni rezarle estampas).

Shafer, en cambio, saluda la inauguración de Trump como el Día de la Liberación del Periodismo. El columnista de medios de Politico, avisa de algo que reporteros y editores saben: Trump es un hombre con un pasado denso e intenso y su actitud divisiva y adversaria dejará muertos y heridos. Serán centenares de damnificados que querrán explicar sus casos a la prensa, que no necesitará vivir en la Casa Blanca o tener acceso al aparato presidencial para obtener información de primera.

Entre las oportunidades que ofrece la rica cornucopia de problemas, líos y enredos pasados, presentes y futuros de Trump, dos serán fuente permanente y caudalosa de información e historias durante todo su mandato.

Una, los expedientes –que son públicos– sobre los cargos nombrados por el presidente. La documentación sobre el pasado de esas señoras y esos caballeros es tan abundante que hace crujir el suelo de la Oficina de Ética del Gobierno, encantada de colaborar con los periodistas que quieran explicar el tipo de sicofantes y sicofantas (o no) que Trump elige.

Otra, las deudas de Trump, que suman 1.500 millones de dólares con 150 bancos y demás por todo el mundo. Oiga, lo dice The Wall Street Journal, no Mother Jones. Ese fangote de guita no es algo que se resuelve mañana tirando de la plata que llevas en la billetera eh. Sólo el hotel de Washington DC, recién inaugurado, ya incumple media constitución de los EE.UU. Imagínate el resto. Lo que puede esconderse ahí, madre mía.

Por no mencionar la gestión que harán los Trump hijos de la fortuna de papá, asunto que él solo merece una agencia de noticias desde hoy hasta que papá termine el mandato.

Todo eso no necesita ruedas de prensa, comunicados oficiales, cenas de corresponsales, paseítos por el South Lawn, etcètera. Ni siquiera un presidente simpático. Y mucho menos taaaaaaan cool como Obama, con quien los reporteros quizá intimaron demasiado.

Así que nada, nada. Es una oportunidad de oro para pasarle el trapo al periodismo y sacarle brillo. Al periodismo en serio, no a la cosa de estar siguiendo la agenda que los poderes quieren, legítimamente, imponer, y saltar como delfines en cautividad cuando nos echan un pescadito al aire.

Más vale hacerlo bien y aprovechar el momento. La gente por ahí está bastante de uñas y, claro, se fía poquísimo de nosotros:

Otros ya han comenzado a arrebatar a los medios el periodismo que antes tenían en régimen de monopolio (uno ya tiene dicho que el periodismo es hoy demasiado importante para dejarlo solo en manos de los medios). Si no se espabilan, los medios tradicionales morirán.

Uno es siempre optimista o muy optimista. Eso no me da ni más ciencia ni más razón, porque el optimismo es un estado de ánimo que uno elige. Pero es la actitud mental exacta que permite verla medio llena. Le doy una señal clara: The New York Times invertirá cinco palos/kilos más en periodismo para cubrir la presidencia de Trump.

Dirás que lo triste es que esos cinco millones pueden irse por el desagüe si se invierten en "más de lo mismo" –más reporteros cubriendo la Casa Blanca y la Administración de la misma manera que hasta hoy, con los resultados conocidos. Si haces lo mismo no esperes resultados diferentes, etcétera. Aquí entra un segundo motivo para el optimismo: hay gente que sí sabe cómo gastar ese dineral mejor que Jay Rosen. Por ejemplo, Michael Massing, cuyos consejos no solicitados al director del Times son de lo mejor que uno ha visto so far:
[Dean Baquet, el director del NYT] quiere un diario "mucho más creativo" respecto a la cobertura del país "para que entendamos que la ira y la distancia que muchas personas sienten" y señala la necesidad de prestar más atención "al papel de la religión". 
[...] He aquí un posible enfoque: Trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. [...] 
También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base [grassroots] del país. 
Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta "otra América" ​​a la vista del público.
Grande.

Uy, se me olvidaba una pregunta. Si lo que salvará al periodismo es todo eso ¿para qué K necesita una rotativa? (Es broma eh).

sábado, 28 de marzo de 2015

Cómo funciona la redacción de Quartz


Lo explica S. Mitra Kalita, que ha pasado ahora de Quartz al LA Times. Uno no ve nada muy novedoso excepto que estos de Quartz hacen lo que dicen en lugar de apenas proclamarlo. Eso sí es algo bastante nuevo.

Se lo dejo en inglés. Para fastidiar.
What struck me about being in a fully digital operation like Quartz is how much my early mornings resembled my New York City tabloid days. When I worked for Newsday's city edition in the early 2000s, we literally lined up the papers and figured out a plan of attack. Missed a story? What's the new way in? How do we break news but inject narrative and beauty in writing so readers might stick with us longer and better understand what just happened? It was also perhaps the most collaborative place I have worked, where beats didn't feel so siloed.
As I went on my career, the industry (and bigger media organizations) seemed to pay less attention to the competition and organized reporters more rigidly. Then I got to Quartz. We focus on news through the lens of "obsessions," phenomenon that might cut across geography, industry or other beats (which often have their roots in the physical sections of newspapers). I also think of the reader and the community he or she belongs to at the outset of every story. And headlines are an early, essential part of the process—what are we trying to say here? And again, to who? Reporters do their own graphics and pick their own photos—thus, their story becomes about more than the words they write; journalists are forced every step of the way to think about how, why and where they are being read.

miércoles, 26 de febrero de 2014

El túnel del tiempo

Después del cambio en la dirección de El Mundo les tocó a El País y La Vanguardia de Barcelona. También a La Nación de Buenos Aires. Cada uno tiene sus motivos y no me meto en ellos entre otras cosas porque en el caso de La Nación me comprenden las generales de la ley y porque estuve de vacaciones y ahora de viaje. Pero déjenme que los entretenga un rato con la portada de hoy de El País de Madrid que encuentro gracias a un tuit de Roberto Guareschi.


Con este cambio de timón diera la impresión que el mapa de los periódicos de España va a volver en el tiempo unos... 40 años.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Antonio Franco, culpable. Mensaje de un hincha agradecido


Antonio Franco lee el primer número de El Periódico 35 años después (Foto: Jordi Cotrina)


Una de las preguntas que más le han hecho a uno –fuera de cómo estás, qué hora es, tienes fuego y esas– era por qué dedicaba a El Periódico cuatro horas cuatro de las 70 del curso de Proyectos. Por qué a ese diario y no a otros de Barcelona o de Madrid que vendían más, tenían más historia, eran más glamurosos o colocaban más tertulianos en radios y teles.

Para hacerla corta e ingenua, le diré que hay dos razones. Una, que nació para ser el diario de los que no tenían diario. De la gente del cinturón industrial de Barcelona, muchos inmigrantes con pocos estudios y menos medios. Sí, también de los progres de los 80 y 90 que no tenían dónde parar. Pero sobre todo de aquellos trabajadores a quienes los medios apenas prestaban atención y eran decisivos en un país que estrenaba democracia y los había transformado en votantes, en pueblo, en ciudadanos, algo a lo que no estaban acostumbrados ni sabían cómo se comía tras 40 años de dictadura. El Periódico les dio presencia, argumento y atención. Fue decisivo para hacer que, en Catalunya, los de fuera y los de aquí seamos un solo pueblo, un sol poble, como decimos ahora y no dos comunidades separadas por la lengua, las raíces o la plata. Así que cuando se escriba como se debe la historia reciente de este país, El Periódico ocupará –debe ocupar– un capítulo así de grande, porque fue una herramienta de inclusión social y política formidable, crucial, determinante.

En segundo lugar, porque hacer periodismo popular no está al alcance de cualquiera. Es un periodismo difícil, poco agradecido, maltratado. Hay que traducir dos veces la realidad: la primera para entenderla uno y la segunda para facilitársela a lectores que no son como uno. Es complicado. El Periódico dignificó la categoría mientras se degradaban sus diarios fundadores, desde el Daily Mirror británjco al Daily News de Nueva York pasando por France-Soir y Bild. La dignificó tanto que algunos teóricos lo llaman popular de calidad. Su influencia fue enorme: obligó al diario-serio-de-toda-la-vida de Barcelona a reformarse acercándose a él y no al revés. Amén de que todos los diarios nuevos aparecidos en Barcelona siguen sus huellas más que las del competidor.

De ahí las cuatro horas. Es justo.

Bien. El director fundador de ese diario fue Antonio Franco.

Él dirá que no estaba solo, que Antonio Asensio, el dueño, ya fallecido, fue la clave. Querrá quitarse el foco de encima. Que le dejen en paz. Siempre lo hace. Está bien así. Pero él era el primer director de la cosa. Eso no se lo quita nadie.


Antonio Franco y Antonio Asensio con el primer ejemplar del diario, 26 de octubre de 1978

Ahora que su criatura cumple 35 años, conversó con Franco esa magnífica entrevistadora que es Núria Navarro. No debe perderse esta pieza ("El periódico nació rojo"). Aquí en español y aquí en catalán. Les dejo unas muestras (sabrán disculpar algunas expresiones del entrevistado en lengua francesa):
Soy expansivo, soy grande, soy mandón. Pero siempre he respetado mucho a la gente. Los jefes de área fueron muy independientes. Hasta el día siguiente no les decía lo que no me gustaba. Nunca bajaba antes a tocar los cojones. Y confesaré que nunca supe dedicar horas a llamar a ministros y a jueces –cada vez que hablaba con ellos, me sentía condicionado–, pero quería que los especialistas lo hicieran y me lo contaran. También entendí que el director era el interlocutor con la empresa de lo que pensaba la redacción. […]

Siempre fui con mucho cuidado de marcar distancias con los que tenía afinidad ideológica. Viví mal con el tripartito [el gobierno catalán de izquierda entre 2003 y 2010], porque aproveché la oportunidad para hablar claro. Y tuve una buena relación personal, pero muy tormentosa, con el PSOE [el partido socialista español]. Es verdad que el caso Filesa [un grave caso de corrupción de ese partido] salió el mismo día que en El Mundo. También lo es que rompí la amistad con Felipe González [presidente del gobierno de España, 1982-1996] por el terrorismo de Estado. Yo entendía que la derecha hiciera terrorismo de Estado, pero no los míos. Felipe intentó darme explicaciones sobre el GAL [banda terrorista organizada desde el Ministerio del Interior] en la Moncloa y yo no quise saberlo. No quería saber cosas que iban a condicionar lo que iba a escribir. Me levanté y me fui. Ahí acabó una amistad cojonuda.
He sido un cojonudo lector de diarios. Eso me permitía hacer la auditoría del periódico. Como director de papel no me engañaba. Empujé el cambio de tecnología, pero ya se nos habían escapado los jóvenes. Vi que ya no era el director idóneo.
A ver si se nos pega algo, aunque es difícil estar a esa altura.

Enhorabuena a El Periódico por esos 35 años y a ver cuándo le dedican una plaza a Antonio Franco en esta ciudad –y en Lleida, de donde somos los dos.

ACTUALIZACIÓN a 09/11/13: El hombre ha reaccionado: "a mí solo me gustaría que me dedicasen un pasaje o un callejón sin asfaltar en el que hubiese niños jugando a fútbol, cambiando cromos o leyendo tebeos. En el cinturón, por supuesto". Queda dicho. Y recuerdo que en estas cosas siempre se debe respetar la voluntad del mandante. Es de ley.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El arte de asar a los lectores en portada

Verá, uno tiene hace tiempo la teoría de que las portadas/tapas de la prensa española pretenden poner el alma del lector a mil grados centígrados de crispación en diez segundos. Que hierva la sangre y las vísceras entren en incandescencia. Que rabien. La excepción suelen ser El País y La Vanguardia, que consiguen lo mismo pero a fuego lento, es decir, hacia la mitad del diario.

Este domingo 8 de septiembre era un día pintiparado para ejercer el arte de cocinar al lector. Es el día siguiente a la designación de la sede de los Juegos Olímpicos de 2020 entre tres ciudades: Tokio, Estambul y Madrid.

La expectación era enorme, pues el evento venía precedido de varios asados de lector en portada. Ni le cuento cómo venían las radios y las teles: era cosa hecha. Fíjese nomás:

Miércoles, 4 de septiembre

Jueves, 5 de septiembre

Viernes, 6 de septiembre
La cosa llegó a un punto tal que el viernes las acciones de las constructoras calentaron la bolsa hacia arriba. En fin. Hasta 180 delegados españoles cubrían el acto de designación de la sede olímpica del 2020. Los japoneses eran 100 y los turcos 75. El telediario de TVE1, una tele pública, dedicó 25 minutos a la cosa. Etcétera. Eso. Que llevamos una semana con la cabeza como un bombo.

Pero salió elegida Tokio. Madrid cayó en la primera votación. Era la tercera vez consecutiva (y la cuarta en toda su historia) que Madrid concurría a la cosa. Un palo que ni Trafalgar o la Guerra de Cuba.

Sin embargo, la costumbre de asar al lector en primera permanece inmutable. Estas son las primeras del 8 de septiembre, El Día Después del Apocalipsis Olímpico:





Salvo las tres primeras y la segunda edición de ABC, que le ahorro (de nada), el resto de primeras apuestan por fotos como la de La Razón, cuyo titular, además de rezumar espíritu olímpico, es un acto fallido fenomenal. Es decir, que si hubiera ganado Madrid también habría sido un tongo (una elección amañada o comprada). ¿No? Bien. Todo esto ha sido ya muy comentado.

Es curioso que todo el periodismo que se ha hecho alrededor de Madrid2020 ha eludido hacer preguntas. GO* ha listado en su blog quince cuestiones como quince elefantes que siguen sin contestar en los medios españoles.

El periodismo se olvidó del periodismo.

A uno le gusta la opción de la foto de la gente más que cualquier otra. Al final, es la gente la que ha soportado el fuego de esas portadas sublimándolo en la ilusión de su vida o algo parecido y se han quedado quemados y sin pomada que echarse a las heridas. También son los que han pagado la cuenta. Esos son los que salen en primera:

Primera edición. En la segunda llevan, por supuesto, al Príncipe Felipe.



Madrid se estrella

Gran decepción

A uno le parecen buenísimas las fotos de ABC y Las Provincias. El chico de esta última es el que aparece también en El País y en La Razón. Pero también es una pena. El Financial Times, por ejemplo, ya venía hablando que el duelo era Estambul-Tokio, pero los tabloides madrileños –los nacionalistas y los que no lo son tanto– dale que dale con que la designación estaba ganada. La gente, sobreexcitada por los medios, que no hacen más que repetir la propaganda oficialista, se lleva el doble de disgusto cuando pasa lo que pasó.

Profesionalmente es un desastre. ¿Cuáles eran las-fuentes-de-toda-solvencia que invocaban El Mundo y La Razón para dar la votación por ganada en la primera vuelta? Ah, sobre eso no viene hoy explicación alguna. Los unos disimulan ("La gran decepción", hay que ser malvado) y los otros apuntan su ametralladora giratoria contra el Comité Internacional Olímpico, que siempre ha hecho las cosas de la misma manera, llámele tongo o mongo. Claro, es la escena de Casablanca en que el capitán Renault se asombra de que se juegue en el bar de Rick ("I'm shocked, shocked!") cuando él mismo se beneficia del casino ilegal.

Las opiniones de algunos periodistas son de vergüenza ajena. ¿Merece confianza alguien incapaz de enfrentar con tranquilidad un evento tan contingente como la designación de sede olímpica? ¿Alguien que acude a conspiraciones sin documentar? Vea un ejemplo de los peores:

Por suerte, todavía quedan colegas con sentido común.

Regreso a las fotos. ¿Por qué es una buena elección la que le parece a uno? Pues porque mi referente en este punto es esta portada/tapa de Jornal da Tarde:


El día de referencia, Italia ganó a Brasil 3-2 en los cuartos de final de la Copa del Mundo de Fútbol. Ese equipo brasileño era, seguramente, el mejor de todos los tiempos después del de 1970. No hacía falta titular nada. Todo el mundo sabía. El diario no quería calentar a nadie. Quería ser uno más, estar en la conversación y pasarla mal con la gente, no aprovecharse fríamente de ella abusando de sus ilusiones antes y sentándose sobre su decepción después.

Tampoco me parece justo ironizar sobre la desgracia desde el lado rival. Uno mismo tuiteó ayer soltando vapor, pero no desde una portada/tapa. La gente no se lo merece. Los mangantes que les han intoxicado y los caraduras que se han dejado intoxicar a sabiendas o por negligencia… esos sí lo merecen. Vea:

Madrid, fiel a la tradición.
El oso y el madroño (el árbol) son los motivos del escudo de la villa.

Fíjese con qué tranquilidad llevan los dos principales diarios japoneses en sus portadas/tapas la elección de Tokio:



Como bonus, les dejo otra portada/tapa mítica de Jornal da Tarde en la misma línea que la anterior. Los diarios españoles podían haberla hecho con las fotos del chaval de la bandera:


Un hincha de Brasil asiste en la tele de una tienda a la jugada del gol en el Inglaterra-Brasil (0-1, Jairzinho en el 59', golazo) de la fase de grupos del Mundial de Fútbol de 1970. Estar con la gente. No abusar de ella.

viernes, 26 de abril de 2013

Por qué La Razón ha perdido la mitad de sus lectores en 5 años

Por portadas/tapas como estas:


A la izquierda, la de 29 de octubre de 2011, veintidós días antes de las elecciones que dieron el triunfo a ese señor de la barba. La cifra de desocupados de entonces, cuando el Gobierno español estaba en manos del partido rival de ese señor, abría a toda página. La "herencia socialista", etcétera. A la derecha, la primera de hoy, con la última cifra de desocupados: 1.215.400 desempleados más después –ya con el Gobierno español encabezado por ese señor de la barba– el paro ya no es motivo de cambio ni de nada.

Es gracioso. Cada vez que la realidad no se deja cocinar a favor de sus manías, de sus prejuicios, de sus obsesiones, ese diario recurre a la inactiva banda terrorista ETA para reagrupar a su base. Ayer debió faltar un pelo para que el titular no fuera "El paro es ETA" o algo así. Qué pena.

Da asco, además, que se aprovechen del drama que es el paro (el 27,16% de la población activa, una de cada cuatro familias tiene a todos sus miembros desempleados, el 57% de los jóvenes no tiene trabajo…) y conviertan a los desocupados en arma de guerra política. Da mucho asco.

Al menos que no le llamen periodismo.

Lo malo de querer manipular a la gente es que la gente acaba dándose cuenta: las ventas ordinarias de ese diario (quiosco + suscripciones) en 2008 eran de 108.693 copias diarias de media. En el primer semestre de 2012 eran ya 64.164 copias. Es lo que tiene la mentira: las patas muy cortas.

Gracias a IP* por la pista.

lunes, 22 de abril de 2013

Time pifia su portada sobre Boston. The New Yorker, no


Debe evitarse la publicación fotos de niños en contextos de violencia, explotación, etcétera. Es un principio elemental, de mero sentido común. Por eso mismo la deontología –la ética profesional– periodística lo tiene formalizado de mil maneras diferentes:
Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística:
Artículo 6. […] En particular, el periodista deberá abstenerse de entrevistar, fotografiar o grabar a los menores de edad sobre temas relacionados con actividades delictivas o enmarcables en el ámbito de la privacidad. […] 
Código Deontológico de la Federación Internacional de Periodistas
Artículo 13. Observar especial cuidado en el empleo de imágenes que, por su crueldad, puedan dañar la sensibilidad del público. Se evitará, especialmente, la utilización morbosa y fuera de contexto de estas imágenes, sin que ello justifique la ocultación de los elementos esenciales de los hechos noticiosos, como guerras, atentados, accidentes u otros semejantes.
Etcétera. Es verdad que las imágenes de tanto impacto son muchas veces el único modo de informar y de llamar la atención sobre esas situaciones degradantes para la dignidad humana. Por eso el código de la FIJ está escrito de modo poco terminante. Ya sabe que los principios éticos deben aplicarse de forma prudencial, esto es, caso por caso. Pues bien, en este caso no era necesario usar la imagen del chaval. Había decenas de alternativas. Por ejemplo, la de The New Yorker, que es pija (¿Qué esperaba? Ellos son así.) pero genial:


Sólo la vagancia, el amarillismo, la incompetencia, la manía de ser original o todo eso a la vez explican la decisión de poner a ese nene en la portada/tapa de Time. Maduren, chicos. No hagan como Newsweek. Aunque, ahora que lo pienso, ustedes son multirreincidentes últimamente.

[Por favor, no fastidien con que Esta Casa se aprovecha de la foto lo mismo que el semanario. Es mentira y el argumento está ya muy sudado. Gracias].


domingo, 21 de abril de 2013

En la muerte de un magnífico Hijo de Puta: Allen Neuharth


De Allen Neuharth solo necesita saber que él parió USA Today en 1982. Lo leen hoy 6,6 millones de personas. Fue el primer diario verdaderamente "nacional" de los Estados Unidos. Llegó a imprimirse en 32 plantas via satélite. Dio a la infografía la importancia que tenía. Fue concebido para la era de la televisión. Etcétera. Otros dirán, en el estilo USA Today: revolucionó la prensa diaria.

Todo eso es verdad. Pero no toda la verdad.

Neuharth fue el primero que entendió que la Prensa-Diaria-De-Siempre estaba entrando en su etapa de madurez y agonía y decidió someterla a una adaptación brutal. Nuestro hombre era el CEO de Gannett, entonces la mayor cadena de diarios de los Estados Unidos. Eran unos 80 periódicos repartidos por 30 estados, incluidas las Islas Vírgenes y Guam. Diarios mediocres, sin relieve profesional. Daban a la compañía un negocio bárbaro porque eran los dueños de la publicidad en sus zonas de difusión. En la inmensa mayoría de los casos eran el único diario de su ciudad. Exacto: el periodismo, a Gannett, le importaba un bledo.

Los diarios –en los EEUU, también en el mundo– son una institución esencialmente local, urbana. Entran –entraban– en la vida de las personas por costumbre, como parte del proceso de "hacerse mayor": uno se suscribía cuando se casaba, cuando se emancipaba, cuando comenzaba a buscar trabajo, cuando quería comprarse un auto de segunda mano, cuando necesitaba saber qué cuernos ocurría en el consejo escolar del que dependía la educación de sus hijos. Y así. El lugar de todo eso era el diario, que llegaba con el pan y la leche a la puerta de casa cada día, cada día, cada día.

Leer el periódico cada día, cada día, cada día era parte del proceso de socialización, de ciudadanía.

Neuharth advirtió que las cosas no seguirían así por mucho tiempo y aplicó su olfato de "newspaperman" para capturar a los últimos nuevos lectores norteamericanos. Tomó un par de datos al alcance de cualquiera –que el 20% de los yanquis cambian cada año de ciudad y que los informativos de tv eran ya la principal fuente de noticias de la gente– y fundó un diario para atender las necesidades de ese público.

USA Today era como los hoteles Holiday Inn: todos iguales cualquiera que fuera la ciudad donde estuvieras… para generar sensación de hogar. USA Today era el diario local de los que no tenían localidad o la cambiaban cada año: siempre igual, estuvieras donde estuvieras, se vendía en las mismas máquinas, al mismo precio, con los mismos cuatro cuadernillos… Una sociedad móvil necesitaba algún lugar fijo para sentirse "en casa": USA Today.

Además era todo aquello: sencillo, sintético, breve, ilustrado, colorido, ágil, modernísimo, alegre, positivo. El primer día dudaban si abrir con el tremendo accidente del DC10 de Spantax en Málaga, el asesinato de Bashir Gemayel (un señor de la guerra libanés) o la muerte de Grace Kelly. Los periodistas se decantaron por Gemayel. Típico. Neuharth se calentó, mandó el asunto a los breves del Newsline (es el segundo) y ordenó abrir con la actriz, la "Princesa de América". Cambió también el titular de la tragedia en positivo y sobre la foto del avión quebrado y ardiendo, en tono buena onda, hizo escribir este: "Milagro: sobreviven 327, mueren 55". Ese era el tono.

Neuharth, por una vez, exigió periodismo, pero también obligó a quebrar costumbres que muchos periodistas tenían por sacrosantas. Por ejemplo, el diario seguía la misma secuencia y las mismas piezas cada número, todos los números. Estaba terminantemente prohibido que ningún artículo superara las 250 palabras de extensión, salvo las "Cover Stories" de cada cuerpo, que podían llegar a 500. La edición era –y es– a machete, implacable como una guillotina, así que los temas debían ser buenos de verdad y los titulares calientes y cortantes como una broca. Le costó diez años alcanzar el punto de equilibrio en la cuenta de explotación. Pero Gannett apareció entre las primadonnas del periodismo norteamericano. Se había transformado en una compañía respetable, innovadora, comprometida e influyente, muy influyente.

Centenares de diarios se editan hoy con USA Today como telón de fondo: los formatos, el estilo, el lenguaje, el diseño, la página del tiempo, las tablas de resultados deportivos, los gráficos… lo que quiera. Hay cien cosas que a usted le deben parecer de los diarios de toda la vida y… no. Las inventó USA Today.

El año pasado, Gannett ganó 424 millones de dólares sobre unas ventas de 5.350 millones. Pas mal.

Allen Neuharth se retiró de Gannett en 1989 pero siguió dando guerra. Fundó en 1991 el Freedom Forum y el Newseum que de esa institución depende.

Murió el pasado 19 de abril. Para uno es el punto final simbólico a una época, casi dos siglos, en que el periodismo era, sobre todo, lo que se hacía en los diarios de papel.

¿Por qué "Hijo de Puta"? Porque él mismo se llama así, "Son of a Bitch", en sus memorias:


Les dejo con las primeras de los cuatro cuadernillos del número 1, del 15 de septiembre de 1982, y la mítica página del tiempo de ese día:






Como bonus y debido homenaje, va esta foto de los cracks que dieron el diseño de la idea de Allen Neuharth. Está tomada la noche del 14 de septiembre de 1982 mientras discuten la portada/tapa:


De izquierda a derecha: Mitch Koppelman, director de fotografía;
Richard Curtis, subdirector de arte; John Quinn, vicepresidente ejecutivo
y Jackie Greene, director adjunto de fotografía.

lunes, 28 de enero de 2013

Así se pide perdón en un diario (2)

El País publica una reconstrucción de la pifia de la foto del no-Chávez intubado. Es una "extended version" de su nota de no-disculpas. Dejan para la historia perlas como esta, del propio director:
Creíamos tener verificada una fotografía que no habíamos verificado.
Lástima.

La columna del Defensor del Lector refunda toda la moral occidental desde los tiempos presocráticos para justificar una pifia tan fácil de evitar si hubieran seguido su Libro de Estilo: publico lo que tengo suficientemente verificado, esto es, con dos fuentes independientes entre sí. No importa lo que uno "cree" o deja de creer. Eso no justifica nada y menos que no aplicaran los criterios que cualquier periodista conoce y que su libro de estilo exige. El periodismo no es "creo" o "no creo", como sugieren el Director del diario y su Defensor. El periodismo se hace con certeza —"conocimiento seguro y claro de algo"— no con fe ni con conjeturas.

Ponerse a hablar del "abismo moral que existe entre error y manipulación" no tiene ningún sentido y mucho menos –me parece– con los lectores de ese diario. Nadie está juzgando sus intenciones.

En realidad, lo que provoca ese "abismo moral" es la arrogancia de tratar de vestir de seda la mona de un error tan fácil de evitar. Por favor, cálmense. La gente no es burra (aunque siempre quedan algunos ingenuos…). Se equivocaron. No será la primera vez, no será la última. Nos pasa a todos. Ya está. Como aquel: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir". El riesgo de seguir echando tinta de calamar es provocar la sospecha de que aquí hay algo más que un simple error.

Por gentileza de GP* (no, ese no; otro) les dejo otro buen ejemplo de cómo un diario pide disculpas:



De nada. Me queda la duda de cuánto tiempo pasaron pensando el titular "La foto que no debió ser publicada" en lugar del sencillo "Nos equivocamos".

viernes, 25 de enero de 2013

Así se pide perdón en un diario

El País pide hoy disculpas porque ayer editó en portada/tapa una foto de Chávez intubado que, en realidad, era una captura de vídeo de un señor cualquiera. La primera retirada –la edición ya estaba impresa y distribuída en buena parte– era esta:




(Olvidaron levantarla del Newseum). Y la de hoy, en la que se disculpan, es esta:



La disculpa viene enmarcada en rojo para que no se la pierda usted. De nada. ¿Sabe como pide perdón un diario después de una pifia monumental? Así:

Portada/tapa del 4 de agosto de 2000. Via AD*.

Verá que no es anónima. Viene firmada por el entonces Subdirector que se encargaba del área afectada por el error y que editó la información. El texto dice así (la traducción es mía):
Está equivocado el reportaje publicado en la edición de ayer de Correio Braziliense con el título "El gran negocio de Jorge". El reportaje explica que una empresa, DBO, asociada en secreto a otra llamada DTC, tenía un contrato millonario con el Banco do Brasil. Y que uno de los socios de DTC era el ex secretario del Palacio [Presidencial] del Planalto, Eduardo Jorge Caldas Pereira [el de la foto grande, N. del B.]. La información yerra en el nombre y la dirección de la sede de DBO y no ofrece ninguna evidencia de su vínculo con DTC. Tampoco fue firmado el contrato millonario con el Banco do Brasil, contrariamente a lo que Correio informó.
Sencillo, directo, claro. No hay más.

Correio Braziliense estaba una semana levantando la corrupción de un ministro y la siguiente en campaña para imponer pasos de peatones y la otra mostrando la miseria de las cárceles del país, etcétera. Su credibilidad era crucial, era el producto que vendían. Mostrar que sus errores no provenían de la mala fe o de la deshonestidad, sino de fallos profesionales explicables (pereza, ignorancia, mala edición…) es clave. Así que cuando se el diario se equivocaba, sus responsables lo decían sin disimular, corrigiéndose y, muchas veces, en el mismo tamaño y posición del error publicado.

Es el "judo de los errores": aprovechar la fuerza de las propias meteduras de pata para transformarla en fuente de credibilidad y confianza.

El País ha optado por esconderlo todo lo posible. Peor y menor posición en portada no hay. Agrava la cosa el hecho de que la su disculpa habla del asunto en tercera persona, como si el diario El País fuera una entidad ajena con un mero problema técnico. Echa toda la responsabilidad sobre la agencia Gtres, a quien compraron la imagen. Ellos, en cambio, no se hacen responsables de nada: explica que los ejecutivos de la redacción tuvieron presente el Libro de Estilo (citan: “las fotografías con imágenes desagradables solo se publicarán cuando añadan información”) y que hubieron de sostener largos y sesudos debates para decidir que la foto era un "documento informativo" y, por tanto, publicable.

Sigue la cosa: "El País acompañó la foto con un texto en el que advertía de que no había logrado verificar las circunstancias, el lugar o la fecha en que se había realizado la fotografía".

Esa frase significa al menos dos cosas. La primera, que aceptan el incumplimiento de elementales criterios y técnicas del periodismo profesional a las que se comprometen libre y públicamente. ¿Por qué no mencionan aquí el principio del Libro de Estilo sobre la necesaria verificación por dos fuentes independientes? ¿Será que el Libro de Estilo sólo es válido cuando les protege pero no cuando les acusa?

La segunda, parece que protestan. No les leemos bien, no prestamos la debida atención: "Sí, bueno, vale, claro… la publicamos. ¡Pero avisando de que no estábamos seguros!" Ahá. ¿Por eso la dieron en primera así de grande? ¿Porque no estaban seguros? ¿Debemos los lectores hacer las comprobaciones por ellos? ¿Para eso piden que les paguemos en papel y en pdf (en la web es gratis, pero ni gratuidad ni precio cancelan los principios y buenas prácticas profesionales)?

Si hasta el título es lamentable. "El secreto de la enfermedad de Chávez". ¿Qué secreto ni qué niño muerto? ¿Dónde está la noticia? Cuanto más lee esa columna más se pregunta uno dónde tenían la cabeza los editores de esa portada/tapa.

¿Cuantas veces aparece la palabra "error" en la nota? Una. En plural, eso sí. En la aclaración publicada ayer, al principio ni siquiera figuraba una disculpa, que fue añadida posteriormente… en el último párrafo. Surrealista.

Uno no esperaba las dieciocho páginas que publicó The Washington Post para aclarar lo de Janet Cooke ni los 43.072 caracteres de The New York Times tras el caso Jayson Blair. Ni falta que hace. Pero sí un poco más de respeto por la marca, por el periodismo y por los lectores.

El País no es un diario cualquiera. La pifia de la foto de Chávez dio la vuelta al mundo y el Gobierno de Venezuela ha anunciado acciones legales. Tampoco lo ningunearán pifias como la que nos ocupa. Lo que convertirá a El País en un diario cualquiera son, precisamente, estos disimulos de adolescente soberbio.

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A El País le engañaron con una captura de un video que circulaba en YouTube desde 2008. Escuece aceptar estas pifias. Y más cuando, previamente, tu comportamiento se ve, en retrospectiva, ridículo. Está de moda entre los diarios madrileños que los directores avisen en Twitter, pavoneándose, de las exclusivas que su diario lleva al día siguiente o cuelguen la portada. El director de El País se jactaba de la exclusiva ingenuamente (los comentarios no tienen pérdida):


El pobre Moisés Naim, politólogo de fama internacional y articulista del diario, se fió. No pasa nada. Cualquiera haría lo mismo.

Los tuits del director que aparecen en la captura han sido borrados de su TL. JRM* los rescató para la posteridad. Queda feo, más aun cuando publica la rectificación sin disculparse y firmando "via @el_pais", quitándose de en medio. Recuerda a esa caricatura de Julio César que hacen en Astérix, donde le presentan hablando de sí mismo en tercera persona.

La rectificación en Twitter de ayer (tuiteada una sola vez) también tiene su qué:


JJN* ofrece una propuesta alternativa:
EL PAÍS pide disculpas a sus lectores por publicar una foto falsa de Hugo Chávez.
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Algunos atribuyen el error a los 129 despidos de hace dos meses, que habrían deteriorado el periodismo de ese diario. Puede ser, pero a uno eso le parece bastante secundario. Quienes decidieron publicar esa foto y editar esa portada/tapa ya hacían eso antes de los despidos. Ninguno de los despedidos habría estado presente en el lugar de los hechos ni tampoco ejecutaron la portada unos jóvenes inexpertos.

Acéptenlo deportivamente: estas pifias ocurren en las mejores casas. Que se lo pregunten a The New York Times o a The Washington Post. Si no suceden con más frecuencia es, precisamente, porque los periodistas se comportan con profesionalidad.

Quienes lo dicen ¿no han trabajado nunca en un diario? Pues entonces. Un error quizá atribuíble a los despidos –que suelen dejar la edición deteriorada y redacciones de periodistas con menos experiencia, etcétera– es este del pasado jueves, gentileza de DS*:


Por ejemplo. Pero no un portadón con esa foto de Chávez. Es demagógico y/o oportunista aparecer ahora con el cuento de los despidos.

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Pero usted aún no sabe lo mejor. Ahí va:


Es la tradicional cabalgata de los Reyes Magos pero con el director de El Mundo en todas las carrozas. Yo esto, yo aquello, yo lo de más allá. Muy bien. Lo de siempre. Pero con veneno. Porque está escrito después de saber el terremoto interno por el que pasa El País, su enemigo, y pensado para demostrar que hay un director que sabe lo que hace –él, claro– y otro que no atiende a sus obligaciones. Es parte de la construcción del personaje.

El Jefe de Multimedia de El Mundo ofrece sus explicaciones y hurga gratis en la herida:
"Probablemente acuciado por las constantes exclusivas de El Mundo, el director del mencionado diario debía sentir la necesidad de sacarse un as de la manga. Una carta envenenada. Con toda seguridad, el debate interno no existió en este caso". 
Protesto, señoría. Es especulativo. ¿Dónde están las pruebas y las fuentes de que el director de El País está "acuciado", etc., o de que no existió debate interno en este caso "con toda seguridad"? ¿Toda? Vaya. Más bien parece que "este caso" se obra del mismo modo que se critica a El País acerca de la dichosa foto. ¿Qué pasa, que en los blogs estamos excusados de hacer periodismo?

Dice el director de El Mundo que "en 33 años no nos han colado un confite así". Claro, claro, claro. Como El Mundo arrancó en 1989, deduzco que en esos "33 años" suma también los nueve anteriores —durante los que fue director de Diario16— en un continuo donde la vida de ambos diarios se confunde con la de su persona. El uso de la primera del plural o plural mayestático ("no nos han colado") es un lapsus calami fenomenal. Los periodistas que trabajaron para nuestro augusto personaje no le importan mucho. Dirá usted que precisamente los incluye en ese plural. Le replicaré que los de hoy no son los de hace 33 años ni los de hace quince. O es un lapsus o es un momento Gollum. Al menos no dice aquello de "la misma edad de Cristo".

En fin. Ya ve. Un director hablando de él en tercera persona y otro en plural mayestático. Así nos va.

Confites no les habrán colado… si se descuentan los que han aceptado o han fabricado. En Esta Casa les hemos dejado constancia de algunos. El penúltimo es de mediados de noviembre de 2012 y aún colea. Se basado en un "borrador de informe policial" que es tal porque la policía “está trabajando en la verificación de las denuncias”, como explica el propio diario en un editorial. Luego resulta que ese borrador no es oficial, no lo escribió nadie y, según ministerio, juez y fiscal, carece de validez. Ese papel fabricado sirvió para abrir varias portadas a todo trapo. Entonces ¿de qué se ríen en El Mundo? Cuando sus pifias sean noticia en The New York Times ya hablaremos. Maduren.

El País El Mundo tienen muchas cosas de qué vanagloriarse y unas cuantas por reparar. Como todos los que estamos en este ajo. Dejen de hacer el ridículo con peleas de niñatos malcriados o con vendettas de mafiosetes de quinta. A trabajar.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Usted ponga el informe que yo pondré la corrupción

El Mundo sale hoy con esta portada/tapa:


Pujol es Jordi Pujol, Presidente del gobierno de la Generalitat de Catalunya entre 1980 y 2003. Mas es Artur Mas, el sucesor político de quel, actual Presidente (desde 2010) y candidato de nuevo en las elecciones del próximo 25 de noviembre. En su programa, el partido de Mas propone celebrar un referéndum para preguntar a los catalanes si quieren seguir formando parte de España o constituirse en estado independiente. Otros cuatro partidos llevan también esa propuesta. Las encuestas prevén que esos partidos obtengan el 80% de los votos y que el de Pujol y Mas quede cerca de la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya.

Bien. Comprenderán que esa perspectiva tenga atacados de los nervios a los tabloides nacionalistas españoles. Desde hace unos días viene ABC titulando su portada/tapa con mentiras flagrantes sobre Mas. Hoy se sumó El Mundo.

El titular y todo lo que cuelga de él fue sumariamente desmentido por la realidad. Era tan sencillo comprobarlo…

Es la misma táctica de siempre. Hicieron exactamente lo mismo con otro dirigente catalán que les parecía "peligroso" (via SP*).

La situación recuerda al magnate de la prensa William R. Hearst y la guerra hispano-norteamericana en Cuba en abril y mayo de 1898. Hearst deseaba la guerra para favorecer las ventas de sus diarios y otros intereses económicos a los que estaba asociado. Ante su insistencia, su corresponsal en la isla, Frederic Remington, le telegrafió: "There will be no war" (no habrá guerra). Hearst replicó, veloz:

—"You furnish the pictures and I'll furnish the war" ("Usted ponga las fotos que yo pondré la guerra").

La ocasión para Hearst llegó el 15 de abril de 1898. Una explosión hundió al crucero norteamericano "Maine" en el puerto de La Habana. Para el día 17, los periodistas de Hearst armaron una portada en que acusaban a los españoles de haber volado el barco. Sin prueba alguna. También ofrecía una improbable recompensa de 50.000 dólares a quien descubriera al causante de la explosión y se cuidó de que el resto de los titulares apuntaran en una sola dirección:


Sus diarios ya venían calentando el ambiente desde antes. El día anterior por la tarde, la portada/tapa era esta:


Y siguieron después:

"El espíritu de la guerra atraviesa los pechos de todos los americanos"

"Guerra. Llamado al deber"

Usted dirá: oiga, lo de El Mundo es un informe de la Policía Española. Ya. Es un informe "a nivel [sic] de borrador", como explica el propio diario. El equivalente a las "impresiones" del Capitán Sigsbee sobre el hundimiento del "Maine". Ya veremos si un "borrador" sujeta un titular de esa magnitud, como explica uno de los blogueros del mismo diario, que advierte: "los periódicos no deben mentir, ni siquiera entre comillas".

Lo peor de todo es que, hasta hoy, ni uno de los "borradores" de esa unidad de la Policía se ha sustanciado en nada ni ha motivado acción judicial alguna. Llega una hora en que a una fuente podrida no hay que creerle más. Pero quiá. A El Mundo eso le importa entre nada y nada cuando está en juego la unidad de la patria o la piscina ilegal del chalé del director.

Solo ver la primera firma que encabeza la información del tabloide ya sabe uno –y cualquiera con sentido común– que lo que sigue estará entre la mentira y la fábula. Es el mismo periodista que se encargó de defender la piscina de su director.

Es improbable que el diario ofrezca recompensa a aquellos que le proporcionen "pruebas" de la corrupción de Mas y Pujol. No es necesario: si hay que pagar por una "información", El Mundo afloja y paga. No sería la primera vez. En cambio, es probable que vendan más diarios estos días y que hayan llenado las radios y las televisiones de comentarios acerca de su portada.

Venderán papel. Pero de periodismo… nada de nada. De nuevo: ya se ha encargado de desmentirlo todo el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya: no hay nada de nada. Es lo que tiene hacer de Hearst en el siglo XXI. De Hearst de pacotilla.

La inquietud que deja esa portada es si la redacción no se rebelará, aunque sea un poco. O eso o que soporten mañana otro traje de papel a su profesionalidad.

[Al final, España acabó perdiendo la guerra de Cuba, no sé si lo sabía.]

jueves, 8 de noviembre de 2012

Para qué no sirve un diario


Como no podía ser menos, a uno le ha venido a la cabeza aquella otra portada/tapa…



Truman celebra su victoria sobre Dewey 
Correio Braziliense aguantó hasta asegurarse de quién era el ganador. "Foi uma correria", dice su directora. Valió la pena:


El título está robado de un tuit del nunca bien ponderado (y abuelo) PS*.