domingo, 22 de enero de 2017

Cómo sacar al periodismo de la crisis durante la época Trump


Nos arrepentiremos cuando Trump acabe su mandato. En serio: nos arrepentiremos. Mientras los profes no ven en este momento más que la llegada de una Edad Oscura para el periodismo, la gente corriente y moliente ha comenzado a recuperar sus suscripciones, vuelve a abonarse a las noticias de pago de la tele, compra más ediciones impresas en el quiosco e incluso invierte de nuevo en medios (sapristi!). Por su parte, los medios, al menos algunos, contratan más periodistas (incluso MUCHOS más) y arman nuevos equipos para cubrir el mandato presidencial:
Otros están dispuestos a darlo todo como nunca. ¿Qué Edad Oscura ni qué niño muerto?

Jack Shafer también se ha pronunciado: Trump is making journalism great again. Hay que hacerle caso. Más todavía. El bueno (es un decir) de Shafer, asegura que esta presidencia no es el invierno que les gustaría a algunos agoreros. Jay Rosen, por ejemplo, agudo profe de NYU, lleva como desde 1991 pronosticando el apocalipsis del periodismo si no le hacemos caso. No le hemos hecho mucho caso, la verdad, y el apocalipsis nunca acaba de llegar. Quizá mañana.

Rosen sigue ahí, sin embargo, corriendo en su rueda del hámster, chillando Winter Is Coming! Winter Is Coming! Uno quiere ser honesto y le avisa: todos los que le hicieron caso acabaron mal, desde el Charlotte Observer con la Citizens' Agenda en 1992, Arianna Huffington con Off the Bus en 2007 o Digital First Media, que le tenía en el consejo de administración desde 2011… hasta que se fundió la compañía.

El periodismo no necesita otro Platón. (Seamos justos: Rosen, como Jarvis, Shirky y otros, es un profe admirable, anota buenos puntos, hace pensar y vale la pena seguirlo, aunque no sea necesario creérselo del todo ni rezarle estampas).

Shafer, en cambio, saluda la inauguración de Trump como el Día de la Liberación del Periodismo. El columnista de medios de Politico, avisa de algo que reporteros y editores saben: Trump es un hombre con un pasado denso e intenso y su actitud divisiva y adversaria dejará muertos y heridos. Serán centenares de damnificados que querrán explicar sus casos a la prensa, que no necesitará vivir en la Casa Blanca o tener acceso al aparato presidencial para obtener información de primera.

Entre las oportunidades que ofrece la rica cornucopia de problemas, líos y enredos pasados, presentes y futuros de Trump, dos serán fuente permanente y caudalosa de información e historias durante todo su mandato.

Una, los expedientes –que son públicos– sobre los cargos nombrados por el presidente. La documentación sobre el pasado de esas señoras y esos caballeros es tan abundante que hace crujir el suelo de la Oficina de Ética del Gobierno, encantada de colaborar con los periodistas que quieran explicar el tipo de sicofantes y sicofantas (o no) que Trump elige.

Otra, las deudas de Trump, que suman 1.500 millones de dólares con 150 bancos y demás por todo el mundo. Oiga, lo dice The Wall Street Journal, no Mother Jones. Ese fangote de guita no es algo que se resuelve mañana tirando de la plata que llevas en la billetera eh. Sólo el hotel de Washington DC, recién inaugurado, ya incumple media constitución de los EE.UU. Imagínate el resto. Lo que puede esconderse ahí, madre mía.

Por no mencionar la gestión que harán los Trump hijos de la fortuna de papá, asunto que él solo merece una agencia de noticias desde hoy hasta que papá termine el mandato.

Todo eso no necesita ruedas de prensa, comunicados oficiales, cenas de corresponsales, paseítos por el South Lawn, etcètera. Ni siquiera un presidente simpático. Y mucho menos taaaaaaan cool como Obama, con quien los reporteros quizá intimaron demasiado.

Así que nada, nada. Es una oportunidad de oro para pasarle el trapo al periodismo y sacarle brillo. Al periodismo en serio, no a la cosa de estar siguiendo la agenda que los poderes quieren, legítimamente, imponer, y saltar como delfines en cautividad cuando nos echan un pescadito al aire.

Más vale hacerlo bien y aprovechar el momento. La gente por ahí está bastante de uñas y, claro, se fía poquísimo de nosotros:

Otros ya han comenzado a arrebatar a los medios el periodismo que antes tenían en régimen de monopolio (uno ya tiene dicho que el periodismo es hoy demasiado importante para dejarlo solo en manos de los medios). Si no se espabilan, los medios tradicionales morirán.

Uno es siempre optimista o muy optimista. Eso no me da ni más ciencia ni más razón, porque el optimismo es un estado de ánimo que uno elige. Pero es la actitud mental exacta que permite verla medio llena. Le doy una señal clara: The New York Times invertirá cinco palos/kilos más en periodismo para cubrir la presidencia de Trump.

Dirás que lo triste es que esos cinco millones pueden irse por el desagüe si se invierten en "más de lo mismo" –más reporteros cubriendo la Casa Blanca y la Administración de la misma manera que hasta hoy, con los resultados conocidos. Si haces lo mismo no esperes resultados diferentes, etcétera. Aquí entra un segundo motivo para el optimismo: hay gente que sí sabe cómo gastar ese dineral mejor que Jay Rosen. Por ejemplo, Michael Massing, cuyos consejos no solicitados al director del Times son de lo mejor que uno ha visto so far:
[Dean Baquet, el director del NYT] quiere un diario "mucho más creativo" respecto a la cobertura del país "para que entendamos que la ira y la distancia que muchas personas sienten" y señala la necesidad de prestar más atención "al papel de la religión". 
[...] He aquí un posible enfoque: Trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. [...] 
También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base [grassroots] del país. 
Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta "otra América" ​​a la vista del público.
Grande.

Uy, se me olvidaba una pregunta. Si lo que salvará al periodismo es todo eso ¿para qué K necesita una rotativa? (Es broma eh).
Publicar un comentario en la entrada