martes, 20 de febrero de 2018

Una era de servicios personalizados


Aquí está el informe completo sobre tendencias y predicciones en periodismo, medios y tecnologías relacionadas con la industria del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford. El autor es Nic Newman. Copio el sumario y los puntos principales, pero le voy avisando que no hay ninguna novedad:

Executive Summary 
This will be a critical year for technology companies as they fight a rising tide of criticism about their impact on society – and on the journalism industry. Platforms will be increasingly wary of the reputational damage that often comes with news, while many publishers will be trying to break their dependence on platforms. 2018 will also see a renewed focus on data – as the ability to collect, process, and use it effectively proves a key differentiator. Media companies will be actively moving customers from the ‘anonymous to the known’ so they can develop more loyal relationships and prepare for an era of more personalised services.
In our Survey of 194 Leading Editors, CEOs, and Digital Leaders
  • Almost half of publishers (44%) say they are more worried about the power and influence of platforms than this time last year. Only 7% are less worried. Publishers feel more negatively towards Facebook and Snapchat than they do about Twitter and Google.
  • Despite this, publishers also blame themselves for their ongoing difficulties. The biggest barriers to success, they say, are not tech platforms but internal factors (36%) such as resistance to change and inability to innovate.
  • Almost half of publishers (44%) see subscriptions as a very important source of digital revenue in 2018 – more than digital display advertising (38%) and branded and sponsored content (39%). Expect more audio in 2018: 58% of publishers say they’ll be focusing on podcasts, with the same proportion looking at content for voice activated-speakers.
  • Almost three-quarters (72%) are planning to actively experiment with artificial intelligence (AI) to support better content recommendations and to drive greater production efficiency (e.g. ‘robo-journalism’).
More Specific Predictions
  • Investigations into misinformation and the role of platforms intensify, but lead to little concrete action in most countries beyond new rules for election-based advertising.
  • Facebook or Google will be regularly accused of censorship this year after protectively removing content, which they feel might leave them open to fines. Fact-checking, news literacy, and transparency initiatives fail to stem the tide of misinformation and low trust.
  • Publishers force users to sign-in/register for websites and apps – as well as investing heavily in data – to help deliver more personalised content and messaging.
  • For the traditional media, we’ll see a growing gap between big brands successfully managing digital transition and the rest (that are struggling).
  • More publishers pivot to subscription (or other forms of reader revenue) as digital display advertising declines in importance.
  • A number of publishers pivot away from video (… and back to text).
  • In social media, we’ll see a further move to messaging platforms and conversational interfaces.
In Technology
  • Voice driven assistants emerge as the next big disrupter in technology with Amazon strengthening its hold in the home.
  • AR capable phones start to unlock the possibilities of 3D and immersive mobile storytelling.
  • We’ll be doing less typing on our phones this year as visual search becomes more important.
  • New smart wearables include ear buds that handle instant translation and glasses that talk (and hear).
  • China and India become a key focus for digital growth with innovations around payment, online identity, and artificial intelligence.

martes, 13 de febrero de 2018

Menos Google y más suscripciones

Directamente de Dircomfidencial para usted:

Apostar por el pago y reducir la dependencia de Facebook y Google, los retos de los medios europeos

Los principales medios de comunicación de Europa coinciden en los próximos desafíos del sector. Estos se resumen en fidelizar el modelo de suscripciones digital y conseguir una mayor independencia de las plataformas como Google y Facebook para el tráfico de sus noticias.

Una treintena de editores de medios y 80 expertos se dieron cita en la Cumbre Internacional de Contenido de Pago celebrada en Berlín por Axel Springer el pasado viernes. Entre las cabeceras asistentes destacan The Guardian, The New York Times, The Wall Street Journal, Le Figaro, La Reppublica, Der Spiegel o El Mundo, único representante español. Todas ellas han puesto en común sus conocimientos para buscar soluciones óptimas que configuren sus futuros modelos de negocio.

Una de las principales conclusiones es que las suscripciones han llegado a los medios de comunicación para quedarse. Los ingresos proporcionados por los usuarios abonados se están convirtiendo en una fuente de ingresos alternativa a la publicidad y a las ventas en papel -en el caso de que tengan versión escrita.

Aunque sin quererlo, el fenómeno de las fake news podría estar impulsando la tendencia del pago. Y es que la desinformación podría estar convirtiéndose en el mejor aliado de la prensa tradicional, al provocar una mayor demanda de calidad en los contenidos. La intoxicación informativa premia a las firmas veraces, provocando que los lectores “acepten el contenido de pago”, explicaba Mathias Döpfner, CEO de Axel Springer. Este hecho ha sido ratificado por las empresas participantes, de las que más del 70% respondieron que la disposición a pagar por la información estaba incrementándose en sus países -un 13% más que en el año anterior.

Otro de los principales retos a los que se enfrentan los medios reside en alejarse de Facebook y Google para difundir las noticias. A pesar de que datos recienten demuestran que sólo aportan el 5% de los ingresos de los medios, siguen siendo dos pilares fundamentales para su tráfico. Esta dependencia se podría reducir fortaleciendo “otro flujo de ingresos”, en especial las suscripciones, según declaraba Stefan Betzold, director general de Bild Digital.

A pesar del constante tira y afloja con el duopolio, su labor para ayudar a los medios con las suscripciones ha sido reconocida por los editores. En esta ocasión, Google sale mejor parada que Facebook, donde su comportamiento ha sido calificado de más cooperativo, gracias a su política del primer click gratuito, premiando a los diarios con muro de pago que permitan a los lectores acceder gratuitamente al menos a tres noticias.

En la encuesta, Amazon no ha conseguido ni siquiera clasificarse y Apple News se situó bajo los dos gigantes tecnológicos. Sin embargo, Betzols alabó el papel de Apple en la distribución de contenidos, asegurando que es “un ecosistema que funciona muy bien con nosotros, mucho mejor que Google Play”.

Las plataformas están inmersas en proyectos que afiancen los lazos de cooperación con los medios. Ahora, el siguiente paso que tienen que tomar es que “pongan en acción esos anuncios”, para paliar la brecha entre las declaraciones bien intencionadas y las acciones reales, concluía el director general de Bild Digital.

Claves para el éxito 
Axel Springer aprovechó la cumbre para preguntar a los editores los factores clave en que residía el éxito de las suscripciones. Optimizar el flujo de usuarios se situaba a la cabeza de las prioridades para 2018, con un 86% de respuestas afirmativas. Justo detrás, con un 78% y un 74% respectivamente, aparecen una mayor inversión en contenido digital y mejorar la comprensión de datos en las redacciones, cerrando así el top 3.

domingo, 11 de febrero de 2018

Al final habrá que pagar por leer


El Mundo de Madrid publica hoy este artículo de Iñaki Gil (un grande).
Prensa, papel y precio 
La otra tarde tuve que esperar a uno de la cuadrilla en Salzburgo. Quedamos en Tomaselli, que a sus 300 años es el café más viejo de Austria. Tan viejo que cuando nació Salzburgo no era Austria sino un arzobispado tributario del Sacro Imperio. Mozart y otros ilustres clientes se sorprenderían de que ya sólo se pueda fumar en el piso de arriba. Las camareras hacían slalom con las bandejas de pasteles entre las apretadas mesas... 
Pero yo sólo tenía ojos para un cilindro de madera de unos dos metros con dos círculos giratorios de los que colgaba en perchas una treintena de periódicos. El mayor y más completo aparador de diarios que nunca he visto. Tuvieron que sacarme del local. Había sucumbido a la nostalgia de un pasado tan idealizado como la Inglaterra imperial para un brexitero. Los archivos del Pentágono de Spielberg ha desencadenado tal melancolía que no paramos de moquear. Salgamos del Tomaselli al fresco de Salzburgo.

¿Estamos tan mal? 
-Tú eres un optimista. La verdad es que sólo se leen frivolidades. Basta ver la lista de lo más leído -suele decir un colega.

-Yo también veo las listas de lo más leído. Y me congratulo de que siempre haya reportajes (de Crónica, por ejemplo), entrevistas, temas de ciencia o de rabiosa actualidad política entre lo más visto. Claro, «famoso tiene cáncer» o «piratean las fotos en bolas que fulana envió a su ex» son imbatibles. ¿O es que usted no mira esas cosas?
Hoy como ayer. En la época de los papeles del Pentágono, el periódico más leído de Europa Occidental era el tabloide alemán
Bild. En Inglaterra, The Sun, célebre por sus chicas en topless, vendía 10 veces más que The Times. Soñábamos con parisinas sentadas en el Café de Flore leyendo Le Monde (célebre foto de Cartier Bresson). Pero ellas leían France Soir. Lo básico (sexo, sangre, dinero) es más popular.

-Cierto -me responde una ráfaga de aire-. Sólo que ahora todo está mezclado. Antes había una frontera clara entre tabloides y prensa de calidad. Hoy los vídeos de los puñeteros gatitos lo invaden todo...

-Qué me vas a contar, colega. Mi sobrina de 15 años sólo sube fotos de su gato a Instagram y tiene 6.500 seguidores. Me contó que, según Google Analytics, sus followers están principalmente en Canadá. Cuando murió la mamá del gatito recibió cientos de mensajes de condolencias. Y yo, peleando por un retuit. Pero, oye, amigo,
The New York Times ha abierto camino con la suscripción de pago gracias a... las recetas de cocina.

Y antaño nuestros quality papers llevaban cada día media docena de páginas de anuncios de, ejem, prostitutas. Que pagaban sus chulos en la ventanilla de abajo de la redacción. Hasta el
International Herald Tribune tenía una sección (discreta, eso sí) de escorts.

-Pero no me negarás que han saltado todas las fronteras de la intimidad -me llega en un susurro.

-Al contrario. Dudo que los míticos sms de Letizia, que tanto han dado para hablar, que casi nadie ha visto y nadie ha publicado, alcancen el nivel del támpax de Carlos de Inglaterra. Y aquello era una grabación, por supuesto ilegal, de una conversación íntima (escatológicamente íntima) entre el príncipe de Gales y su entonces amante Camilla Parker Bowles. Las cintas eran de 1989 y fueron publicadas primero en una revista australiana. Hasta que el 17 de enero de 1993
The Sunday Mirror y The Sunday People las publicaron íntegras. Así era la intimidad.

-Hoy la secuencia habría sido instantánea. Las redes sociales habrían ardido. De hecho, las redes sociales nos han arrebatado a los medios el protagonismo.

-Es cierto que ya no dominamos la conversación pública. Suministramos los temas pero no escogemos el momento. Antes la secuencia era: exclusiva de la prensa, tertulias matutinas en radio, reacciones en los telediarios, tertulias nocturnas, anticipo de portadas. Ahora el público escoge cuándo y dónde. El momento es ya mismo. Y el sitio, el móvil.

Pero aún los
legacy media aportamos muchos temas de conversación. Aunque ésta (y su tráfico) escapen de nuestro control. La cinta del támpax fue fotocopiada y enviada por fax desde todas las oficinas del Reino Unido. Hoy, habría petado en redes. Y las redes imponen esa apariencia de igualitarismo en la que vale tanto la opinión de un bloguero puñetero como la de un filósofo.

En las redes no hay maestros. Pero sí dueños. Imponen sus normas. Pezones, no;
fake news, sí.

-Vamos, que vivimos en el mejor de los tiempos para el periodismo...

-Eso tampoco. Tenemos más audiencia, quizá menos influencia y, con seguridad, menos beneficios. Quisimos ser medios de masas pero el negocio se lo llevaron Facebook y Google, que no son medios pero sí tienen las masas que busca la publicidad.

Al final, habrá que pagar, querido lector, por leer. Y para eso, los periodistas deberán descubrir y publicar cosas interesantes. Dejemos el pasado a los historiadores. Y el diseño del futuro a los innovadores. Pero alguien tiene que pelear el presente. Y esos somos nosotros.

viernes, 9 de febrero de 2018

El Mirror se quedó con el Express


El grupo de Trinity Mirror llegó hoy un acuerdo para quedarse con el Daily Express, el Daily Star, las revista OK!, New! y Star! y el 50% del Irish Daily Star. Pagarán 126,7 millones de libras (144,2 millones de euros) a Northern & Shell, de Richard Desmond. El Express es el típico tabloide londinense, muy vinculado a las noticias políticas, y el Star su versión farandulera.

Lo curiosos es que las ideologías de Trinity Mirror y de Northern & Shell son diametralmente opuestas y sus lectores bastante fieles a esas tendencias. El Mirror es del ala más progresista del laborismo y el Express es de lo más conservador (por no decir troglodita).

Aquí en ReutersAquí la noticia en el Guardian y aquí el Guardian explica las razones, que son obvias: la caída de circulación cambia la escala para mal, que vuelve a cambiar para bien con esta compra.

¿Perderá el Express el cruzado de su logotipo? Ya veremos las consecuencias políticas de esta compra.




martes, 6 de febrero de 2018

Historias para móviles en la BBC y el Guardian

En el sitio del GEN (Global Editors Network) me encuentro con este artículo de Subhajit Banerjee sobre cómo la BBC y The Guardian cuentan historias en móviles. Le recomiendo ver en su móvil The Outline.

How the BBC and the Guardian tell stories on mobile 
The visuals editors of the BBC and the Guardian open up about how they approach stories, the key principles they follow, the mix of skills in their teams and the rivals they admire
Build for desktop then shrink down to mobile, or start with mobile and then scale up? How do we make long articles and complex charts work for small screens and fat fingers instead of wide canvases and precise mouse clicks? These are some of the questions most media organisations grapple with on a daily basis.

Two key global media giants who have been pioneering forces in delivering high quality, innovative journalism on mobile are the BBC and the Guardian. We talked to Bella Hurrell, deputy editor of BBC News Visual Journalism team and Feilding Cage, Visuals Editor of the Guardian, about how they make stories work on the small screen, their personal journeys, the key skills they focus on and their top tips.

In the beginning
‘At the BBC and we’ve been making charts, interactives and graphics in a responsive way since about 2012 or 2013 when the mobile audience began to grow significantly’, says Hurrell who has a digital journalism background. ‘Now the majority of our online audience comes to us each day on a mobile device, via our news app or responsive web, putting the mobile experience front and centre is second nature.’

Cage started thinking earnestly about mobile in 2012 while covering the election for the Guardian. ‘We produced election night results for both the desktop and mobile sites, but they were essentially two completely separate apps built by different teams. And, frankly, the mobile version was very limited that simply answered who’s winning without much detailed analysis.’ After this, all projects absolutely had to work on mobile. ‘Today, I spend a lot of time thinking about what the user is doing, when they’ll see it, and where they’re at. I tend to think how I’ll respond to something while on the bus listening to music. Will the autoplaying video annoy me? Will it work offline? I definitely spend more time thinking about the user experience and expectations on the user through a project.’

The teams
The BBC team is about 40 member strong, comprising designers (infographics, UX and video specialists), front end developers and journalists all focusing on output for the website. ‘We produce quick turnaround daily news graphics up to more interactive content including ‘personal relevance’ calculators and longer form storytelling’, explains Hurrell. The department is also home to all the BBC’s TV designers and picture editors which has been an added advantage for mobile. ‘We learned pretty early on that designing content for mobile and social media has a lot in common with designing for TV — graphics need to have a single focus, larger text and be visual to grab the attention of the distracted viewer’, offers Hurrell.

The Guardian’s Visuals team has 30 members. The current avatar was created in late 2014 by merging the graphics and interactive teams with close collaboration with the data and photo teams. ‘A key component to our team is the mix of skills. We’re a team of about 20 with skills that include video, motion graphics, photography, graphic design, UX, data and coding, But most importantly, everyone on the team is a journalist’, says Cage. The team’s motto is ‘Explain the news when words aren’t enough’. ‘We produce visuals that are essential to understanding the news and that put the news in context. The Guardian’s newsroom is fairly digitally-savvy and so we spend a lot of time working with reporters on ideas already in motion. We’ve built chart and map tools to allow reporters outside of the team to produce some of the basics of visual journalism on their own’, Cage explains.

Key principles and projects
The BBC team tries not to spend much longer than about eight weeks on any single project and collaborate on many of them with journalists and producers across the BBC. One of Hurrell’s favourites is What has President Trump said about your country? which she feels balances friendly design with interesting editorial content, has an accessible tone and provides great value as it is constantly updated with every new utterance of the US president. Then there are the calculators that follow a successful formula — explain a single idea in one sentence, allow basic inputs from the user to be entered in one mobile view, and then a reward in the form of personally relevant information. Some recent examples include the Tampon tax calculator that lets readers find out how much they have spent in value-added-tax on sanitary products in the UK, and the NHS tracker which shows the state of UK’s National Health Service by postcode.
BBC’s Trump country finder and Tampon tax calculator
Hurrell and her team try to keep it simple while working on these projects by focusing on one idea that the user can scroll through: maps, charts or graphics that are clear, engaging and tell them one thing rather than a complicated set of clickable options. Some of her top tips are:
  • Don’t forget the basics
  • Make sure your content is well written and properly subbed
  • Don’t expect users to pinch and zoom, they won’t
  • Remember ALT text and to check for colour blind accessibility
  • Make it personal for the user. Assure them that their information is safe and you are not recording or storing it
  • Love your user. Don’t make life hard for them by, for instance, by asking for information they don’t have to hand. They won’t go and look it up.
For Cage, the real mobile change day to day has been approaching how the team plans and edits stories. ‘We now consider a lot more the X number of things we expect the reader to get out of this and then clearly structure the piece around it. That allows you to make decisions about design, data viz and technical optimisation that are clearly focused on mobile. Then, if it works on mobile it works on desktop with maybe some small enhancements’, Cage explains.

Recent examples include tracking live London pollution data to see which site breaks legal limits in 2018 first and the card-based Mekong river interactive that also helped devise new ways to tell stories and develop user interactions on mobile.
  • His top tips are:
  • Focus on the story
  • Have a clear understanding of what you want to achieve
  • Optimise for mobile and avoid the desktop add-ons
  • Make it clear on the entry screen what the page is about and don’t expect the user to scroll a few screens to have a sense of what they’re going to get
  • Have a clear process for planning and thinking through projects
Effecting change
Despite hiring some of the best editorial and technical people, the larger and older media organisations often struggle to change the mindset and habits of their staff and decision makers developed over the years. It wasn’t very different for the BBC and the Guardian when it came to mobile.
Guardian’s Mekong river interactive and London pollution tracker
‘Even though the prevailing orthodoxy from the outset (when the BBC’s mobile audience began to grow significantly) was that it was better to come up with a mobile solution first and then design out into desktop, that was a really tricky shift for many journalists and editors who loved the big canvas provided by their desktop screens’, recalls Hurrell. The most telling shift came in 2016 when the BBC’s product team changed the preview function of BBC News CMS — used by thousands of journalists to make online stories — to default to a mobile view.

For Cage, a big focus this year is to shift from being reactive to proactive. ‘By the time a story appears on a newslist, it’s often too late as the publish time is within minutes to a few hours. We’ve built in time to think about the week ahead, and sometimes weeks ahead. It’s not that we need weeks to build a single project, but the extra time whilst juggling multiple projects allows us to report and develop our ideas just like any other piece of journalism’, he explains.

Best of the rest
The BBC and the Guardian may be news organisations that media companies around the world look up to for setting standards, but who do they envy and how do they see mobile storytelling shaping up in the rest of the industry?

‘Most news organisations have made big strides in terms of developing video that works best on mobile and social media. The Quartz app was an interesting move and since then some news organisations have been using conversational user interface-like explainers — refactored Q&A’s — to deliver context and background both on social media and within websites. I also think we will all get better at learning from audience data what really resonates with users and how to better structure stories. We can use them to create compelling content about sometimes harder-to-sell subjects like Yemen, Syria, climate change or Brexit’, offers Hurrell.

Cage is a fan of the Outline, the American digital publication that has been earning kudos for its mobile focused design and content: ‘I really like that they’re trying to push design and create a visually engaging experience.’
* * *

Bella Hurrell is deputy editor of the multi award winning BBC News Visual Journalism team. She works creatively with designers, developers and journalists across BBC News to produce cross-platform stories and interactive digital content. She is currently focusing on innovative storytelling techniques for mobiles.

Bella Hurrell hará una presentación en la cumbre del GEN de este año en Lisboa: When mobile takes all: four ideas you should implement by the end of 2018.

Feilding Cage is the visuals editor at the Guardian, where he has worked since 2011. Before that, he worked as an interactive developer at the Associated Press. He studied Journalism and mass communication at the University of North Carolina at Chapel Hill and holds an MA in graphic communication technology & management from New York University.

viernes, 2 de febrero de 2018

Los muros de pago y la misión del periodismo


Le copio esta genial visión de los muros de pago de Rob Howard, el autor de Hiatus, el "semanario gratuito sin links ni likes ni distracciones, para enterarse en cinco minutos a la semana de todo lo necesario para ser un ciudadano informado y responsable".

Why paywalls don’t work

Congratulations! You’ve read too much. Please pull out your credit card. 
And so goes the frustrating, backward logic of the journalism paywall. It’s the most popular income idea to arise since the newspaper industry was flooded with low-budget competitors, and it seems like the last best hope for profits as Google and Facebook strangle independent advertising sales. 
It’s also a fundamentally flawed business model that goes against the best interests of journalists and their readers, and it’s doomed to fail. 
Paywalls are rock solid — until there’s big news 
Most major newspapers have rolled out some variation of the “metered paywall” — for example, you get 10 articles a month for free, then you have to subscribe to read more. They’ve also rapidly revealed the absurdity of this concept every time there’s been serious news to report. 
There’s a hurricane — take down the paywall.
There’s an election — take down the paywall.
We’ve got an exclusive! Damn the paywall. 
The paywall is inherently in conflict with journalism’s primary goal: to educate and inform the public about important issues. When the papers say, “this is so important that we’re making it free,” they’re simultaneously saying that all the other stuff they publish doesn’t really matter, so they’ll charge you for it. It’s hard to imagine a business philosophy that’s more upside-down. 
Paywalls entice newspapers to keep you clicking 
The second subtle message of the paywall is that the newspapers’ most valuable readers are the ones who can’t stop reading. The publication’s financial success rests upon compelling you to hit your limits, so they can inconvenience you just enough to get you to fork over some cash. 
Take a moment to consider the emotions you feel every time you hit one of these barriers. You start to engage with an interesting story, then you’re slapped with a pop-up. You roll your eyes. A strange mix of indignity and disgust washes over you. And most of the time, you click away. 
You don’t need an MBA to realize that it’s less than ideal for your customers to feel disgusted by you immediately before you ask them for money. This isn’t a manipulative casino or carnival game — your readers are thoughtful intellectuals with abundant choices, not conversions to be optimized. 
Paywalls may eke out a profit, but they also accelerate a newspaper’s nightmare scenario — that readers will leave the site, try the free stuff, and decide it’s pretty much the same. Or worse, they might just put down their phones and go outside. 
This is the opposite of how human brains work in the ink-and-paper world. When you buy a physical publication, you decide whether it’s valuable before you read — and the publisher doesn’t care if you subsequently read one article or 20. Likewise, print newspapers sell ads based on past circulation data, not how many people are going to see today’s article if it goes viral. The metered paywall, rather than solving the problems of digital advertising, doubles down on the same perilous quest for page views. 
The Internet business models reward future traffic rather than the authority and prestige that come from years of honest, serious reporting. They push for more news, trendier news and faster news, and they discourage calm, thoughtful, responsible journalism. 
‘We’re just not that into you’ 
The paywall forces newspapers to confront the most jarring problem of the Internet age: to charge your readers money, you have to offer them something that’s actually worth paying for. 
The reality is that 80 percent of current-events news is interchangeable, regardless of your source. If you’re looking for today’s top stories, you can pick from a limitless list of vendors and walk away with a very similar body of knowledge. If you run out of newspapers, try a TV network instead. If you’re bored of American publications, you’ll be delighted to discover that many international papers cover America too. Even at the ideological extremes, the broad strokes of what’s in the news are pretty much the same. 
If news is cheap, opinion is cheaper. And yet, the paywall has encouraged publications to become more opinionated and more extreme, in the hopes their readers will be more likely to subscribe to a paper that vehemently agrees with them. “We’re not just any pundits — we’re the pundits who aggressively validate your existing beliefs and justify your anger.” 
Publications that hope to survive online are left with a challenge: Can we subsist on advertising, and all the perverse incentives that come with it? Or can we actually produce something that’s valuable, meaningful and different? That’s the only way to build a responsible wall, asking readers to pay in advance instead of soliciting them when they’ve clicked too much. 
It’s an old-school proposal, and it’s scary. It means being judged by quality instead of clicks, by honesty instead of eyeballs. It also might just make the Internet a healthy place to read the news.

jueves, 1 de febrero de 2018

Resucitó Hoy de La Plata


No murió el diario Hoy de La Plata, a pesar de las noticias de su cierre. No puedo saber si es una edición normal o falsa como la del Independent de Londres, pero ya lo voy a averiguar. El sitio web del diario reproduce ahora las portadas y ediciones enteras –sin baches– desde los días de la noticia del cierre.

La de arriba es la loca edición de hoy, en la que la madre del director pide perdón por lo que hace su hijo. Hoy se apeó de los mentirosos 100.000 ejemplares que anunciaba en un stiker pegado a la cabecera.

Libertad de extorsión, en Paper Papers, 7/1/2018
Estaba escrito: cerró el Hoy de La Plata, en Paper Papers, 18/1/2018

sábado, 27 de enero de 2018

Cómo funciona el mercado negro de las redes sociales


Esta nota del New York Times (en castellano) sobre el mercado negro de las redes sociales es de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Cuatro autores y doce colaboradores, sin contar a los que diseñaron la puesta en página e idearon las infografías. Genial.

viernes, 26 de enero de 2018

Cuando todo es secreto, nada es secreto

Copio esta excelente nota de José Claudio Escribano en La Nación de hoy sobre The Post, la película de Steven Spielberg que se estrena el jueves 1 de febrero.

 

El día que la libertad de expresión pudo más que los secretos de estado
The Post: los oscuros secretos del Pentágono se estrena el próximo jueves en la Argentina. Como aficionado al cine, recomiendo verla. Alcanza para deleitarnos la actuación admirable de Meryl Streep en la personificación de Katharine Graham (1917-2001), la célebre propietaria editora de The Washington Post. El film ahínca en las tensiones internas que precedieron a la decisión del diario de publicar, en 1971, documentos secretos sobre el involucramiento de los Estados Unidos en Vietnam entre 1945 y 1967.

En todas las redacciones, ese extraordinario proceso político, diplomático y sobre todo militar del siglo XX ha pasado a la historia como "Los papeles del Pentágono". Algunas de sus más conmovedoras consecuencias hicieron blanco en las relaciones entre la prensa y el gobierno de los Estados Unidos. Derivaron incluso en la doctrina judicial invocada a menudo por tribunales de todo el mundo sobre la naturaleza estratégica del derecho a la libertad de prensa y el de la gente a estar informada. Se lo debemos a editores de la templanza de la señora Graham.

Los orígenes del asunto se remontaban a la decisión de Robert McNamara, secretario de Defensa del entonces presidente Lyndon Johnson, de encomendar a una treintena de académicos el acopio de las razones por las que los Estados Unidos se habían implicado en la antigua Indochina. Al hacer pie en Vietnam, los Estados Unidos lo habían hecho con la certeza de que a Francia le resultaba insostenible preservar el dominio de sus colonias en esa parte del mundo y conjurar el avance comunista en el sudeste asiático.

Los franceses estaban fuera de forma para contener desde fines de los cuarenta a las fuerzas de liberación nacional de Vietnam, en las que predominaban los comunistas de Ho Chi Minh. Poco a poco la intervención militar norteamericana se había acrecentado en términos tan inauditos que al promediar los sesenta ya nadie en Washington sabía bien si acentuar aún más la presencia desplegada en Vietnam o disponer cómo y cuándo salir de lo que se había convertido en un atolladero infernal.

El estudio de esclarecimiento ordenado por McNamara debía compendiar planes y asesoramientos a sucesivos presidentes norteamericanos -Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson- por la Junta de Comandantes en Jefe y atesorar informes de inteligencia e instrucciones presidenciales a lo largo de veintidós años. O sea, todo lo necesario para saber por qué demonios los Estados Unidos estaban donde estaban.

McNamara había sido como presidente de Ford una de las luminarias de la industria automovilística norteamericana y se sumía, como responsable de la Defensa, en indagaciones introspectivas sobre los errores estratégicos perceptibles en la conducción de la guerra. Se interrogaba si aquellos presidentes habían tenido suficientemente en claro lo que iba ocurriendo, según testimonió más tarde en sus memorias, o si habían actuado bajo la sedación narcótica de una política de pasmosos secretos militares.

Una generación marcada

Los franceses habían quedado fuera de juego después de la encerrona de l954, en Dien Bien Phu. Allí cayó, en combate convencional, su ejército expedicionario en Extremo Oriente. Vietnam, parte sustancial de la antigua Indochina, que también integraban Laos y Camboya, quedaría ceñido en adelante a tema del resorte de la política militar y diplomática de los Estados Unidos. Acompañarían a los norteamericanos en combate las modestas tropas de un puñado de países aliados. El giro marcó a una generación de norteamericanos: más de 55.000 soldados abatidos y muchos con heridas que los desfiguraron y dejaron sin brazos o sin piernas. Al terminar la guerra, las bajas vietnamitas sobrepasaban el millón de hombres.

La lucha se prolongó hasta abril de 1975. Las fuerzas norteamericanas se retiraron para no volver mientras los comunistas asumían el control total del territorio vietnamita. Todo sucedió en el escenario familiar de la Guerra Fría, instalado al fin de la Segunda Guerra, pero particularizado en un ámbito geográfico incomprensible para los norteamericanos, sobre el que lanzaron más bombas de las que habían disparado durante la conflagración mundial. Los actores locales de la tragedia eran, por un lado, Vietnam del Sur, con capital política en Saigón, gobernada por una casta de políticos corruptos sostenidos como "el mal menor" desde Washington, y por el otro, Vietnam del Norte. Desde su capital, Hanoi, se expandía el poder personal de un líder de implacable obstinación estalinista, Ho Chi Minh, héroe principal de la independencia vietnamita del coloniaje francés.

Ho Chi Minh contaba con el respaldo de la Unión Soviética y de China. A su lado brillaba el genio táctico en guerra de guerrillas y emboscadas del general Vo Nguyen Giap, jefe del ejército y leyenda viva desde Dien Bien Phu en los círculos intelectuales y políticos izquierdistas y anticolonialistas de Occidente. Sus laureles de guerrero perduran hasta hoy. En 1968, en el apogeo de la intervención en Vietnam, los Estados Unidos tenían comprometidos en el teatro de la guerra medio millón de soldados, muchos en la adversidad de junglas y manglares que el enemigo dominaba en laberintos infranqueables y túneles bajo la selva.

En los primeros meses de 1969, para la primera presidencia de Richard Nixon, estaba terminada la reconstrucción histórica encargada por McNamara. Se desplegaba en 47 volúmenes, con un total de 7000 páginas: 3000 de análisis histórico y 4000 de documentos. Se extrajeron del original varias copias. La que de verdad cuenta en el drama cinematográfico dirigido por Steven Spielberg -con Tom Hanks en el papel de Ben Bradlee como jefe de la redacción del Post- es la que se guardaba en los archivos de Rand Corporation, un think tank que había aportado especialistas y coordinado el trabajo.

Uno de esos expertos en cuestiones políticas y militares era Daniel Ellsberg, graduado en Economía en Harvard y Cambridge y ex militar. Entre sus rasgos académicos sobresalía el interés por la teoría de la decisión. Se le ha reconocido haber hecho contribuciones de valor sobre cómo influyen las condiciones de incertidumbre, desinformación y ambigüedad a la hora de las definiciones. Tales condicionamientos abundaban, justamente, en los papeles del Pentágono que Ellsberg tomó de forma subrepticia utilizando claves que le habían confiado, y copió, tomo por tomo, por meses, en la Xerox instalada en las oficinas de una pequeña agencia de publicidad. Copió con la ayuda de Anthony Russo, un ex empleado de Rand Corporation. Logró estremecer a Washington sin impedir que la guerra prosiguiera cuatro años más.

Herbert Simon, doctor en Economía por la Universidad de Chicago y luego profesor de Carnegie Mellon University en Administración y Psicología y en Ciencias de la Computación y Psicología, obtuvo en 1978 el Premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre procesos decisorios, por los que Ellsberg sentía devoción. El finado Simon fue doctor honoris causa por la Universidad de Buenos Aires. Tan interesado como Ellsberg en los fenómenos políticos y económicos, Simon escribió en sus memorias que "para entender la política tenemos que entender cómo es que las cuestiones reciben la atención de la gente y se convierten en parte de la agenda activa.". Otro premio Nobel de Economía, Richard Thaler, distinguido en 2017, también pertenece, de acuerdo con la opinión de Juan Carlos de Pablo, a esa corriente de pensamiento a la que Ellsberg había dedicado años de análisis.

Las críticas contra la guerra

Si Ellsberg era un lunático, como suponían quienes lo maldijeron por la filtración de secretos de Estado, era, bueno, un lunático ilustrado. Se había especializado como Simon en la psicología de los procesos humanos en la resolución de arduos problemas. En la Argentina, De Pablo es uno de los economistas de relieve que más atención han puesto, junto con Martín Tetaz, en entender el impacto de la racionalidad y las emociones humanas en el comportamiento económico. El profesor Simon, por su parte, escribió en su autobiografía que al concentrarse en el proceso simbólico mediante el cual la gente piensa, él se convirtió rápidamente en un psicólogo conductista y en un científico de la computación.

En ese mundo de las ideas había madurado el pensamiento del académico de Rand Corporation que, al apoderarse de los papeles del Pentágono y enardecer con su divulgación las críticas contra la guerra, dejaría un sello en la historia contemporánea de los Estados Unidos. Hasta por una de sus derivaciones centrales, el asunto bien merecía la película de Spielberg.

Había otros elementos más de significación en la compleja contextura temperamental de Ellsberg y, por igual, de su asociado, Tony Russo: se caracterizaban por una discreta sensibilidad respecto de los movimientos protestatarios de la época, tan en boga a fines de los sesenta. Esa identidad psicológica y política no llamó la atención cuando los contrató una empresa acostumbrada como la Rand a manejar secretos que el Estado le participaba para su asesoramiento. Se suponía que siempre lo haría con no menos profesionalismo con el que fríen papas en un restaurante de categoría.

Tanto a Ellsberg como a Russo los aunaba el juramento vindicativo de que varios presidentes, y en particular Johnson, habían mentido sistemáticamente a la opinión pública y al Congreso de los Estados Unidos sobre temas de la mayor trascendencia institucional y debían pagar por ello. Algo tan capital como los bombardeos por saturación sobre zonas rurales de Camboya y Laos, en cuyos límites con Vietnam se desplazaba el enemigo, se había realizado como misiones encubiertas, en medio de la tergiversación general de las informaciones.

Se propusieron así propulsar una denuncia pública que revelara la trama oculta de la guerra y terminara de tal modo la situación engrosada en serie por varias presidencias de los Estados Unidos. El film de Spielberg narra cómo el primer diario al que Ellsberg interesó en las revelaciones fue The New York Times. Contactó a un conocido, el reportero Neil Sheegan.

El libreto de la película pasa por alto, sin embargo, que eso ocurrió después de que Ellsberg hubiera pretendido complicar en la divulgación de los papeles del Pentágono a dos senadores del Partido Demócrata, ambos con credenciales de incuestionable militancia liberal: William J. Fulbright, presidente de la influyente Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y George McGovern, el candidato presidencial de oposición a quien Nixon aplastaría en las elecciones de 1972. Los dos se excusaron. Evaluaron seguramente la naturaleza del destape y los riesgos políticos y legales del caso. Se sabe que McGovern sugirió a Ellsberg golpear las puertas del Times.

Las licencias de una obra cinematográfica de indudable jerarquía no empalidecen por el señalamiento de que el desempeño de mayor valor periodístico en la cuestión correspondió en un sentido al Times, no al Post. Fue el que dio la primicia, nada menos. ¿Pero cómo enrostrar a Spielberg y los guionistas haberse cautivado con el comportamiento ejemplar de Graham y Bradlee, cuyos nombres agigantó todavía más en la consideración mundial la revelación ulterior del affaire Watergate?

De hecho, fue el Times el que se adjudicó el Pulitzer por la publicación de los papeles del Pentágono. Un equipo de redactores y abogados los examinaron durante tres meses enclaustrados en una suite del Hilton de Nueva York. Eso en el periodismo de clase se llama trabajar a conciencia. Solo al final de la sesuda tarea el Times autorizó a la redacción a que ordeñara en sucesivas ediciones el material recibido. La serie comenzó a editarse en junio de 1971 con la consigna de que ninguna palabra arriesgara vidas u operaciones militares en curso. Ellsberg facilitó ese objetivo, pues retuvo tres o cuatro volúmenes entre los que se mencionaban negociaciones secretas sobre intercambio de prisioneros.

El presidente Nixon contraatacó. Ordenó al fiscal general, John Mitchell, que persiguiera judicialmente al Times por violación de la ley sobre secretos de Estado y seguridad nacional. Un tribunal federal ordenó al Times el cese de las publicaciones; otro tribunal había opinado en contrario. El Times apeló a la Corte Suprema de Justicia mientras los papeles del Pentágono llegaban a The Washington Post y otros diecisiete diarios.

A partir de esa encrucijada empieza a desarrollarse la trama del film. ¿Qué hacer cuando una empresa periodística que se ha abierto a la cotización bursátil se halla presionada por abogados y accionistas y por funcionarios de primer rango gubernamental para callar? ¿Qué hacer cuando la persecución puede ser hasta de cárcel para los editores? ¿Y qué hacer cuando uno se halla al mismo tiempo ante un cruce de la historia, con la oportunidad de coronar servicios periodísticos de excepcional honra, que expandirán su prestigio en la sociedad y el mundo? El Times ya había hecho su apuesta en la dirección con la que se compromete a diario bajo el águila icónica, tan vieja como la Constitución, tan determinante como símbolo de autoridad y supremacía en los sueños norteamericanos: "Todas las noticias que sean dignas de imprimirse".

La señora Graham adoptó al fin la decisión de publicar lo que en esos días estaba prohibido por un tribunal al Times. La siguieron otros diarios. En días, la Corte Suprema declaró, por seis votos contra tres, en "The New York Times Company vs. United States", que es lícita la publicación de documentos oficiales referentes a la política militar desarrollada con motivo de una guerra a menos que se acredite que el medio de prensa ha incurrido en un acto de espionaje para obtener la información.

"Cuando todo es secreto, nada es secreto", escribió, iluminado, uno de los jueces de la mayoría. Fue una revalidación notable de la primera enmienda de la Constitución de 1787 y de su configuración para asegurar la libertad de prensa y cerrar puertas a la censura previa.

Esa doctrina inspiró más de una decisión judicial en la Argentina. En 200l, la Sala II de la Cámara Criminal y Correccional Federal falló que no correspondía responsabilizar al periodista que había difundido una información fiscal reservada en un caso de interés institucional. Los jueces hicieron saber que preservaban el derecho a la libertad de informar aunque la filtración de la noticia hubiera sido hecha por un funcionario responsable de preservar el secreto.

Ellsberg y Russo afrontaron imputaciones por robo de documentos, conspiración y espionaje, entre otros delitos. Ellsberg pudo haber sido condenado hasta con 115 años de prisión. Pero la Justicia los sobreseyó como consecuencia de que el gobierno de Nixon y la Fiscalía General habían cometido contra ellos delitos de prevaricación, supresión de pruebas, ocultamiento de testigos y obstruido, en suma, el debido proceso.

En 2011, Ellsberg fue detenido por protestar en la calle contra la detención del soldado Bradley Manning, o la ex soldado Chelsea Manning, por decirlo en términos ajustados al último curriculum vitae. Manning, a quien por piedad el presidente Obama salvó al final de la cárcel, había posibilitado la difusión de una infinidad de documentos sobre Afganistán que conocía como analista del ejército. En un artículo de 2013, en The Guardian, y acorde con preocupaciones inveteradas, Ellsberg otorgó apoyo público a Edward Snowden, que está refugiado desde hace años en Rusia. Como analista de sistemas de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, Snowden había divulgado por la red global documentos de Estado de máxima confidencialidad.

Documentos clasificados

Se ha escrito lo suficiente sobre la diferencia entre un leaker, es decir, un soplón como Ellsberg según la definición vulgar, y un hacker, o experto en quebrantar sistemas de seguridad informática, como Snowden. O como los amigos del creador de WikiLealks, Julian Assange, que acaba de asumir la nacionalidad ecuatoriana. Este australiano por nacimiento debe conocer como pocos a sus nuevos conciudadanos, pues lleva años de encierro asilado en la embajada de Ecuador en Londres. Gran Bretaña y los Estados Unidos lo acorralan por sacar a luz unos 250.000 documentos clasificados sobre la guerra de Irak y Afganistán.

En más de cuarenta años de violaciones de secretos de Estado no caben dudas de que por alguna concertación especial de los astros han sido gobiernos norteamericanos los que han pagado en general las cuentas por ese tipo de fenómenos. Los rusos han sido más afortunados: todavía estamos esperando que alguien nos cuente las directivas que recibía del Kremlin el Ejército Rojo invasor que terminó huyendo de Afganistán en 1988. En cuanto a los comunistas, siempre hemos sabido que apoyan con firmeza la publicidad de los actos de gobierno en los países que no son comunistas.

A quienquiera encuentre motivos para estudiar conductas como la de Ellsberg lo fascinará la leyenda de una votación realizada entre estudiantes universitarios de Estados Unidos. Preguntaron a los muchachos por Ellsberg: como ciudadano e intelectual y como empleado de Rand Corporation. ¿Lo aplauden? La mayoría votó por sí. ¿Lo contratarían? La mayoría votó por no. Es eso lo que muestran las buenas gentes cuando bajan la guardia y revelan lo que se esconde de libertario y conservador en la contradictoria naturaleza humana. Oh, sí, un buen vertedero de temas para clases sobre procesos decisorios y dirección de grandes organizaciones como las que impartía Ellsberg.

En 2011, el gobierno de los Estados Unidos publicó de modo oficial los papeles del Pentágono. Con 86 años, Daniel Ellsberg vive en California junto con su segunda mujer. Sigue convencido de que hizo lo mejor por su país.

miércoles, 24 de enero de 2018

Francisco y las fake news


Mensaje del Francisco para la 52º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, dado a conocer hoy, día de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas:

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
Fake news y periodismo de paz
Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

1. ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

2. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6). Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.
Amén.+