domingo, 8 de septiembre de 2019

El Gran Carlos, un profesional colosal y formidable


Tenía que ser el corazón, claro, el asesino de Carlos Pérez de Rozas. Es lo que todos evocan a raíz de su muerte, el 10 de agosto de este año, cuando regresaba a Barcelona de un viaje con Carme, su mujer, y unos amigos. Es un recuerdo justo. Él lo entregaba todo —se entregaba él mismo— con una pasión, energía y entusiasmo inigualables. Inolvidables. Da igual dónde: en medio de un cierre en La Vanguardia, el rediseño de un diario en Bucarest, la reorganización de una radio en Lima, con los estudiantes en clase —su debilidad—, en la tele hablando del Barça o en casa viendo las Grandes Ligas de béisbol, o en una llamada por teléfono, a cualquier hora, por si habías visto que Daniel Berehulak o Samuel Aranda habían publicado un reportaje gráfico colosal en un diario extraordinario que no te podías perder por nada de mundo, o porque ven que tenemos que encajar una imagen increíble en una presentación magnífica que sin ti no saldrá.

Era un hombre desmesurado, exuberante, excesivo en la amistad, el buen humor, el gozo de la vida. Alguien más grande que la vida misma, como dicen en inglés. No necesitaba mucho para dejar marca.

Un amigo de The New York Times, director de arte, a quien pedía a menudo páginas del diario para las clases y conferencias, responde así a la noticia de esta muerte: "A pesar de que nunca nos vimos personalmente, siento que lo conocía bien. Se notaba que era un hombre muy apasionado". En unos mensajes aparentemente formales, Carlos, que no sabía una pizca de inglés, había conectado perfectamente con el amigo americano, un hombre muy reservado que sólo habla inglés. Uno de los becarios del congreso que la Society for News Design celebró en Barcelona, gracias al esfuerzo de Carlos, entre otros, recordaba que, cada día, el Gran Carlos le decía: ¡Eres el más grande! ¡Sin ti no habría congreso! Han pasado 19 años y aquel becario ha tenido y tiene cargos importantes, pero lo único que recuerda del congreso es a Carlos.



Rápido como un rayo

Hay miles de anécdotas así. Literalmente miles. Carlos Pérez de Rozas era así —y aun nos quedamos cortos. Pero toda esa pasión y energía, esa intensidad vital, sólo era la capa que cubría a la persona y al profesional. Porque era un profesional extraordinario: estaba muy al día del pan y la mantequilla del periodismo, su cultura —sobre todo la visual— era amplia y magnífica, se esforzaba por ser un buen creativo, era extremamente ordenado y sabía hacer que los otros añadieran aquello que se exigía a él: rigor, atención al detalle, intensidad. Era rápido como el rayo —era difícil seguirle el ritmo— y también sabía cuándo hacía falta dejar cocer un poco más una idea o un proyecto. En su casa tenía, organizados como una legión romana, medio millar de libros sobre su profesión. Los había leído todos. Los consultaba con frecuencia.

No era solo simpatía. Detrás de El Gran Carlos —así aparece en decenas de entradas de este blog—, había trabajo, esfuerzo, empuje, estudio. Sin ese capital profesional, esa sabiduría artesana, su prodigioso encanto personal habría quedado en una máscara de colores y en su tarjeta no figurarían (además del trabajo de fotoperiodista con su padre y sus tíos en el estudio Pérez de Rozas) Destino, Diario de Barcelona, El Periódico —que contribuyó a fundar—, El País, La Vanguardia y dos docenas de diarios de Europa y América que rediseñó con Toni Cases.

Entre todos ellos sobresale el diseño de El Periódico de 1978 con Fermín Vílchez. Ambos dieron cuerpo gráfico y presencia visual a un innovador híbrido de diario popular de calidad, un proyecto editorial del editor Antonio Asensio y del director Antonio Franco, su gran, gran, gran amigo de siempre. También el rediseño de La Vanguardia de 1989, que él coordinó, es uno de los casos mundiales más logrados de aquella época de oro de los diarios de papel, pues abrió una alternativa gráfica a la escuela alemana de periodismo visual, entonces representada por el omnipresente El País, imitado en todo el mundo.




Un maestro legendario

Más allá de proyectos concretos, Carlos fue toda su vida un gran maestro allá donde iba. Enseñar era su verdadera pasión. Sus clases y conferencias o sus sesiones de trabajo en la redacción, eran emocionantes y quedaban grabadas a fuego. Lo que las hace legendarias, sin embargo, es que Carlos sabía ver cosas que nadie más veía en un grupo de fotos ordinarias, en unas páginas cualquiera, en una historia breve, en unos gráficos sencillos. Hacía saltar a todo el mundo de la silla, sí. Pero deslumbraba y atraía porque sabía mucho, porque era un profesional como un templo y sabía transmitirlo. Enamoraba porque tenía sustancia —y la aliñaba con su atención a la vida y a la gente porque sabía amar a las personas y al trabajo.

La amistad de Carlos podía parecer sencilla. Siempre dispuesto a prestar su atención, era bienhumorado e imaginativo, compartía los honores y sabía cómo hacerlo pasar bien a cualquiera. Pero también era una tarea: las peleas y conflictos lo trastornaban, quería lealtad, era muy insistente y podía hacer perder el oremus a cualquiera con su afán de encontrar en todo y todos una cara positiva o con sus maniobras de distracción en el debate de lo que fuera.

"Pensábamos que sería eterno", dice una amiga al compartir la noticia. Claro que lo es. Carlos Pérez de Rozas es colosal, formidable y eterno.

Fotos: El Gran Carlos, con Antonio Franco, en un Gimnàstic de Tarragona-Elche, enero de 2012. El Gran Carlos, entre Rafael de Ribot (i) y Toni Piqué en el aeropuerto de Lima, noviembre de 2009. La mesa de trabajo del Gran Carlos, julio de 2008.

El original de esta entrada se publicó en ElNacional.cat.

lunes, 26 de agosto de 2019

Nuevo diseño de El Diario de la República (San Luis, Argentina)

Viernes 23

Sábado 24

Domingo 25

Lunes 26

La edición de ayer de El Diario de la República de San Luis estrenó diseño. Subo también la de hoy porque cambia los domingos. Notable la repetición en el título del viernes y del lunes: a pesar de la crisis... San Luis sigue creciendo (el diario es propiedad de la familia del gobernador de la provincia de San Luis).

viernes, 9 de agosto de 2019

El día que el New York Times cambió su título de apertura


Las portadas del New York Times del martes 6 de agosto... bueno, la de arriba es la que quedó en el archivo es la de arriba. Las de abajo son la primera y la segunda.


Lo explica Gabriel Snyder en Columbia Journalism Review y Gonzalo Abascal en Clarín (y en castellano). Se lo copio, por las dudas...
El episodio ocurrido con la tapa del diario estadounidense The New York Times el lunes pasado resulta apasionante para los periodistas y merece ser contado porque propone más de una reflexión sobre los medios y el vínculo con su audiencia. 
¿Qué sucedió? El relato cronológico es cinematográfico. Según cuenta la crónica del sitio especializado Columbia Journalism Review, el diario cerró su edición de papel del martes con el título “Trump urges unity vs. Racism (Trump urge a la unidad contra el racismo)”. A las 21.13 un tuit con la imagen de la tapa y una crítica por el título sin matices favorable a Trump (sólo con la “narrativa” conveniente al presidente de EE.UU.) inició en esa red social una escalada de enojo y frustración contra el diario. Unos minutos más tarde, una periodista de otro medio, The Nation, también tuiteaba su decepción y anunciaba que -con dolor- cancelaría su suscripción. La ola de descontento creció hasta provocar lo impensable: menos de una hora más tarde el diario cambiaba el título para una segunda edición por “Assailing hate but not guns (Atacando el odio pero no las armas)”, siempre en referencia a los dichos de Trump, luego de los ataques con armas en El Paso y Ohio que dejaron 29 víctimas. 
Que el diario más importante del mundo modifique su tapa por la reacción en las redes es inédito y provoca más de una pregunta. ¿Fue necesariamente un error el título original? ¿Fue luego correcta la decisión de cambiar? 
Dean Baquet, editor ejecutivo del The New York Times, intentó una explicación. Primero admitió que había recibido en su casa la tapa antes de que se imprimiera, y no había advertido el riesgo de una reacción desfavorable. “Creo que no le pusimos la suficiente atención al mirarla”, confesó. 
Luego ensayó una justificación que apunta al corazón de la transformación que atraviesan los diarios en estos días: “La edición en papel no está más en el centro de nuestra redacción”, dijo. “No me ocupo más de la tapa, no elijo sus temas, no creo que ese sea más mi trabajo”. 
Hoy parece claro que esa decisión, la de centrar la mirada en sólo una de las plataformas de publicación, implica un riesgo. Y el Times pagó un precio alto al minimizarlo. El foco en el trabajo digital es una elección compartida (en ese sentido trabajan los diarios más importantes del mundo) pero la furia de los seguidores del Times evidencia que el papel mantiene un peso sin equivalentes a la hora de definir la identidad de un medio gráfico. Si una conclusión parece desprenderse de este hecho es que en tiempos de polarización política la sensibilidad de los lectores se exacerba, y que aunque la gran audiencia es digital, la posición editorial aún se fija en letra impresa. Subestimar esa realidad fue el error. 
Otra reflexión plantea el vínculo de un medio y su audiencia. Un diario no debe definir sus posiciones por el apoyo o el enojo de los lectores, siempre múltiples y variados en sus ideologías. Pero también es verificable que sostener hoy una idea resulta para algunos mucho más difícil que antes de la explosión de las redes sociales. Los medios nunca estuvieron bajo un escrutinio y una presión tan inmediata y extendida. Una ola de tuits es capaz de generar la sensación de crítica masiva (aunque los números absolutos sean menores). Pero el riesgo aparece en las dos puntas. Desoír las opiniones puede resultar tan peligroso como dejarse empujar por ellas.

viernes, 26 de julio de 2019

La torre Eiffel y la edición fotográfica

La Nación (Buenos Aires)


The Wall Street Journal (Nueva York)


El Día (La Plata, Argentina)

The New York Times

¿Hace falta que la torre Eiffel esté completa en la foto de calor de París? Claramente no y por varios motivos. El primero es que la leyenda (el anclaje semántico) de cualquier fotografía basta y sobra. La segunda que aleja la foto de lo que se quiere mostrar. Y la tercera es que termina siendo una foto del cielo de París, que es igual al cielo de todo el mundo.

jueves, 25 de julio de 2019

El corral de la endogamia

Ayer fue el estreno –con gran vértigo– de Boris Johnson en el número 10 de Downing Street. Aquí lo tiene, entrando en la sede del Primer Ministro en casi todas las portadas de los diarios de hoy del Reino Unido, que se esfuerzan por mostrar el número 10 de la puerta...


El Daily Telegraph parece reírse de todos ellos y de sus fotógrafos amontonados en el corral de la endogamia. De paso remarco la cabecera calada en blanco sobre la foto, una interesante idea que también suele ocupar The Scotsman (aquí arriba, sin ir más lejos).

martes, 23 de julio de 2019

Cerró Diario sobre diarios


Tan en crisis están los diarios que cerró Diario sobre diarios. Parece que no era buena idea un medio especializado en una industria en crisis. Este de abajo es el último post, a las 23.53 de anoche. Su inventor/fundador era Dardo Fernández.


domingo, 14 de julio de 2019

Alberto Fernández y el periodismo


La nota de hoy (empieza en la portada y ocupa casi toda la contraportada) vale la pena para documentar la relación de Alberto Fernández (candidatos a presidente de la Nación) con la prensa y los periodistas. Aquí queda.

viernes, 12 de julio de 2019

Jeff Jarvis puede ser un farsante


Buena entrevista de Jordi Pérez Colomé a Jeff Jarvis en El País

La macana es ser el Cleveland Plain Dealer...
Nos engañamos si creemos que (los muros de pago) son la salvación. Siempre esperamos al próximo mesías: tabletas, publicidad programática, muros de pago. Acabo de ver un estudio del Instituto Reuters de Oxford y han encontrado que la mitad de los pagos de suscripciones digitales van a tres marcas: New York Times, Washington Post y Wall Street Journal. Así que si eres el Cleveland Plain Dealer, va a ser un reto salir adelante: no tienes la misma audiencia ni alcance, la misma conversión lector-suscriptor, no puedes cobrar lo mismo, vas a perder más suscriptores porque no eres tan valioso. Los muros no te salvarán.
Pero lo bueno está aquí:
Tenemos un rol diferente. Ya no es solo producir contenido. Hay que pensar qué hacer con la sociedad. Mi consejo es ser valientes y probar nuevas ideas locas.
Necesitamos ampliar la definición de comunidad. Cuando les pregunto a mis alumnos de periodismo social en Nueva York de qué comunidades son miembros, empiezan con obviedades: vivo en Queens, soy estudiante. Entonces alguien en la clase dice: 'Tengo problemas de salud mental'. Boom, cambia la discusión. Hay otro que lo dice y, de repente, hay una conexión. Es una pequeña comunidad. Tenemos que ampliar el concepto de comunidad más allá de lo obvio de la geografía y la demografía. Una comunidad no son los millennials, sino propietarios de gatos o los padres jóvenes. No hay muchas noticias nuevas sobre la caca de bebé o los pañales, pero por qué no podemos ofrecerles un mapa de tu ciudad accesible para carritos.

lunes, 8 de julio de 2019

Adiós a Don Draper


Buen artículo de El País sobre la inversión publicitaria. Léalo si puede en el link que le paso (si no, siempre puede entrar de incógnito). 

Por las dudas y para que le quede bien claro, le recuerdo que los tiempos de Don Draper y los Mad Men no van a volver. Eso quiere decir que el periodismo debe mantenerse por sus propios contenidos y que las audiencias no quieren pagar por contenidos que no usan.

domingo, 30 de junio de 2019

Ni objetividad ni imparcialidad


El Confidencial publica esta entrevista a Robert Picard, que está en Pamplona (España) con motivo de recibir el doctorado honoris causa de la Universidad de Navarra.

Confirmado: la pasión es la única garantía del buen pel periodismo.