lunes, 26 de enero de 2015

No hay que ganar dinero para ser independientes


A raíz del post del miércoles pasado sobre el crowdfounding de El Español me escribe Sergio Sotelo para contarme que en El Telégrafo de Guayaquil se publicó esta columna suya sobre el periodismo non profit que ahora sube a su blog El pez de hojalata.

La clave está en mantenerse independiente en los contenidos, ser libres para decir lo que queremos decir, cosa imposible sin independencia económica. Pero resulta que solo se puede tener dinero para ser independientes si no queremos ganar dinero. Toda una paradoja.

Prometo estudiar la idea del ultimo párrafo de la columna de Sergio con la idea de Lee Smith. El modelo de las universidades no es para nada una mala idea. Pueden ser accionistas de medios o tener en propiedad uno o varios de ellos. Muchas tienen emisoras de radio. Pero permítanme darle una vuelta de rosca a la idea:

Las universidades son muy parecidas al negocio del periodismo. Su negocio es el de las ideas y con ellas quieren cambiar el mundo y no se conciben sin libertad. Algunas tienen como fin ganar dinero, pero esas no son las más ricas ni las más independientes.

Las universidades son una prueba de que no hace falta ganar dinero para ser independientes y tienen ya casi mil años. No hay que ganar dinero, pero hay que tenerlo y hay modos de conseguirlo que no son la publicidad.

Más sobre periodismo sin fines de lucro en Paper Papers. Y sobre la universidad como modelo:

Non profit media, en Paper Papers, 29/5/2008
Periódicos sin fines de lucro, en Paper Papers, 19/2/2008

miércoles, 21 de enero de 2015

Crowdfounding


Fue en el año 2009 o 2010 cuando hablábamos con Sergio Sotelo del crowfounding como medio de financiar un proyecto periodístico. Sergio me contaba que Mother Jones lo estaba intentando, aunque no usábamos ese término que no nos había llegado o no existía. Mother Jones es propiedad de la Foundation for National Progress, una entidad sin fines de lucro basada en San Francisco, y pretendía entonces cambiar el esquema de financiación dado que no le alcanzaba con las ventas a suscriptores y compradores casuales de la calle. Sergio decía que por ahí había que buscar el futuro del periodismo (o algo así).

El proyecto de El Español volvió sobre el crowdfounding como sistema de captación de fondos. Mejor que se lo expliquen los abogados que lo organizaron:



Pedo J. Ramírez da la versión ciudadana, periodística, no jurídica ni técnica:


Hay más proyectos en España, anteriores a El Español, como El Faro.

domingo, 18 de enero de 2015

The home of world-changing journalism


El director de Wired envió un memo a todos sus empleados, pero se coló por alguna rendija del barracón hipóstilo de San Francisco y así lo publica The Awl (vale la pena leerlo). Lo bueno son las fotos, todas en la cuenta de Instagarm de Scott Dadich (aquí abajo con sus perritos):


Dadich empieza con la embarazosa descripción de la antigua redacción:
...coffee stains on walls (and countertops and desks), overflowing compost bins, abandoned drafts of stories and layouts (full of highly confidential content), day-old, half-eaten food, and, yes, I’m going to say it, action figures.
y lo que tiene que ser la nueva...
Please. WIRED is no longer a pirate ship. It’s the home of world-changing journalism. It’s the West Coast home of Condé Nast. And it’s increasingly a place where we, and our New York colleagues and owners, host artists, founders, CEOs, and advertisers.

sábado, 17 de enero de 2015

Consejos para escribir bien

El consejo #0 es saber inglés :)


Via... no me acuerdo. Era un tuit de un ciudadano britànico :(

martes, 13 de enero de 2015

Ser o no ser Charlie (2)


Ilustración de la portada de The Economist de esta semana.

Es un debate formidable. Se mide si los medios son Charlie o no por el hecho de publicar las caricaturas. Eres más Charlie en función del grueso satírico de las caricaturas reproducidas, la cantidad y calidad del espacio y / o el tiempo que les has dedicado... Podríamos hacer un ranking de más a menos Charlie. Así, mientras en Europa los medios decidían ser muy Charlie, al otro lado del Atlántico, no tanto. The Huffington Post y BuzzFeed las publicaron. En cambio, The New York Times, tras un largo debate en la redacción -el director Dean Baquet cambió de parecer dos veces en un día-, no fue tan Charlie. Baquet: "Hay una frontera entre el insulto gratuito y la sátira. La mayoría [de estas viñetas] son insultos gratuitos ". Tampoco las publicaron Associated Press, CNN, The Washington Post (en las páginas informativas, en las de opinión sí publicó una) y otros. Martin Baron, director del WaPo: "No publicamos material que sea deliberadamente o innecesariamente ofensivo para miembros de grupos religiosos". ¿Es esto miedo, falta de solidaridad o de principios? Glenn Greenwald, el periodista detrás de las filtraciones de Edward Snowden, piensa que no. Dice en un tuit: "¿Cuándo se ha visto que para defender el derecho a la libertad de expresión de alguien sea necesario publicar y abrazar sus ideas? ¿Se aplica esto en todos los casos?" Otras voces en Estados Unidos insisten en que las viñetas son parte de la información -lo que hacían los dibujantes asesinados- y publicarlas era obligado. La réplica: con su descripción ya se informa bastante. Etcétera.

¿No son tristes estos choques y en estos términos sobre nuestros valores más preciados? No. ¡Es fabuloso! Justamente es este debate lo que los fanáticos quieren matar; el hecho de que el libre discurso y la confrontación de ideas prevalezcan sobre la violencia y la imposición. Lo sabía Ahmed, el policía musulmán muerto en la calle: Charlie ridiculizaba su fe y su cultura, pero él murió por el derecho de la revista a hacerlo. Por eso no terminarán nunca con nosotros.

[Versión en español de mi columna "Ser o ser Charlie" publicada en lengua catalana en Ara.]

Notable pobreza creativa de los editores de Le Monde

Hoy


El viernes 9

lunes, 12 de enero de 2015

Ser o no ser Charlie


Ya conoce un sistema para saber si está frente a un periodista o a un data-entry. Solo tiene que insultarlo: si se alegra –si le gusta– es un periodista de raza. Es que los periodistas somos provocadores genéticos y seriales. Por eso, si usted quiere molestar a un periodista no lo tiene que insultar: basta con ignorarlo. La indiferencia es lo que realmente detestamos y las felicitaciones apenas nos conmueven.

Quizá con esta idea se pueda explicar algo de la masacre de nueve periodistas, un empleado de mantenimiento y dos guardias en el periódico satírico Charlie Hebdo de París. Después de que en 2011 les incendiaran la sede y de varias advertencias de los fundamentalistas de la religión, uno esperaría que los responsables de la publicación hubieran cambiado por lo menos de blanco de sus sátiras, pero no. Los periodistas siguieron provocando la ira de los que consideran justo matar por las ideas.

“Allá ellos” podríamos decir si sabemos que las amenazas no los iban a callar. “Conocían el riesgo y jugaron fuerte” dirán otros. Pero las cosas no son así: en occidente cristiano y después de matarnos por las ideas y la religión durante algunos siglos, hace otros tantos que aprendimos que las ideas se rebaten con ideas en lugar de matar al que las tiene. Si una persona opina diferente que nosotros, debemos convivir con ellos como hermanos. Lo bueno es que ya experimentamos que no hay nada como convivir en paz personas que pensamos distinto: esa es la sal de la vida y también la esencia de la democracia. Pero fanáticos hay en todas las geografías, en todos los tiempos y en todas las religiones y ya se sabe que es casi imposible defenderse de los kamikazes. Corresponde al estado protegernos de ellos.

Hay otra marca más, habitual en el periodismo de nuestro tiempo. Hace 50 años decíamos que no había que involucrarse con la realidad: solo había que acercarse lo suficiente a los hechos e informar con asepsia quirúrgica. Pero hace tiempo que el periodismo se ha transformado en una herramienta para mejorar el mundo y eso no se puede hacer si no nos involucramos con la realidad. Quizá por eso nos ponemos siempre, siempre, siempre, del lado de los débiles. Encarnamos a los perseguidos, las víctimas, los desnutridos, los olvidados, los abandonados… porque no hay otro modo de defenderlos de los abusos del poder. Por eso después de la masacre de los periodistas en Charlie Hebdo se impuso en periódicos de todo el mundo la expresión Je suis Charlie. No solo en medios, hasta en un cartel luminoso en el Arco del Triunfo del Carrusel de París y muchos franceses portaron y portarán ese cartel en las manifestaciones de estos días. Tanto se identificaron con el semanario satírico francés que algunos de ellos publicaron en sus tapas las tapas que indignaron a los terroristas y Página/12 de Buenos Aires del jueves no se llamó Página/12 sino Charlie Hebdo.

Defiendo a muerte la libertad del semanario francés y de cualquier persona de expresar sus ideas por los medios que sea, incluso la libertad de echar gasolina al fuego, pero jamás publicaría las ofensas a los creyentes y a las religiones que publica Charlie Hebdo. Y aclaro que no me parece mal la sátira como género de opinión y hasta de información, pero creo que servirse de la sátira para atacar a las religiones con el único objeto de ganar dinero o defender un estilo de vida ateo me parece una canallada. La sátira es genial para informar sobre los autoritarios y por eso es el género que se está imponiendo con gran éxito. Al poder corrupto y al autoritarismo le viene como anillo al dedo la sátira, pero ofender gratuitamente a quienes no le han hecho ningún mal a nadie sino todo lo contrario, quienes no pueden ni quieren responder, porque no tienen medios ni ganas ni fuerza o porque han aprendido a poner la otra mejilla, pero además resulta que los creyentes ofendidos por la revista son miles de millones de personas pacíficas en todo el mundo, mientras que a Charlie Hebdo lo compran apenas unos miles de lectores franceses, que espero también sean pacíficos.

Con todo el respeto por sus pensamientos, los de su vecino y de los periodistas de todo el mundo que se sienten Charlie, decididamente no soy ni quiero ser Charlie. Je suis Charlie es una pésima idea para ahondar la grieta que explotarán los integristas, sobre todo los que medrarán en la política en un país maravilloso en el que hoy conviven millones de uno y otro lado, pero también algunos fanáticos dispuestos a matar mosquitos con bombas atómicas solo porque piensan distinto.