miércoles 7 de marzo de 2012

Un caso de inercia papelera en The New York Times

Esta es la portada de The New York Times de papel de hoy:


Durante la noche han ido llegando alertas como estas:



Además de las que saltan en la app Election 2012, que se actualiza cada vez que uno de los candidatos mete o saca la mano en el bolsillo de su chaqueta/saco.

A uno le parece que esas portadas tituladas con hechos dudosos o imprecisos ("Romney appears…") y noticias ya muy viejas (la rueda de prensa de Obama de ayer) están de más en este mundo en que vivimos. ¿No es mejor lo que ha hecho The Washington Post?


Para más inri, The New York Times lleva esa misma pieza del WaPo en portada/tapa. Con un titular casi igual. Sin embargo, la edita por debajo de los hechos sin confirmar y las noticias antiguas.

Y usted no sabe lo peor. En el sumario que llega al correo electrónico de uno cada mañana a las 7 aparecen estos titulares:



Por favor. A las 7 de la mañana hacía cinco horas que ya sabía todos los resultados. Ya sé que ese correo procede de un automatismo, un algoritmo, un robot, una cosa. Lo que sea. No tiene sentido o tiene poco sentido. Seguro que ese robot tiene mejor uso. En el fondo, es la inercia de la cultura papelera, que è dura a morire. De acuerdo, llámeme freak. Pero si esto es un síntoma de algo, ese algo le dará mucho trabajo a la nueva directora del Times, Jill Abramson, que quiere acabar con las distinciones internas e integrar las redacciones. ¿Qué estará pasando en otros medios si esto ocurre en ese diario, que pelea como ninguno para trasladar sus activos analógicos al mundo digital? Ánimo.

martes 6 de marzo de 2012

Correa descubre por segunda vez el negocio de los medios

Lean lo que dijo Rafael Correa tal como lo da el sitio Nación de Chile:
Correa consideró que “el problema básico” es que los medios de comunicación son “negocios privados con fines de lucro proveyendo un bien fundamental para la sociedad”. 
"¿Quiénes son los medios de comunicación, la madre Teresa de Calcuta? No, son negocios privados con fines de lucro que proveen un bien social”, remarcó antes de decir que “en Ecuador media docena de familias manejan los medios de comunicación a nivel nacional”.
Ahora ponga "molinos harineros" donde dice "medios de comunicación". O "universidades", "hospitales", "industria láctea", "transporte de pasajeros", "producción de energía", "combustibles"... ¡Sí, acertó! En muchos países casi todas las actividades que prestan un buen servicio a la sociedad son negocios privados con fines de lucro. Y aclaro que me da lo mismo si están en poder del estado y no tienen fines de lucro mientras sean buenos para la sociedad.

Es verdad, presidente Correa: los medios de comunicación -sobre todo la mayoría de los periódicos- son negocios privados con fines de lucro que proveen un bien fundamental para la sociedad. Pero falta decir que en este caso la garantía para hacerlo es la independencia económica; sin ella no proveerán a la sociedad ese bien fundamental sino lo que el poder -cualquier poder- quiere que provean. Usted sabe...

¿Será que Correa piensa ir contra todo negocio privado que preste un servicio fundamental a la sociedad? ¿O será una excusa para ir contra los que desnudan la corrupción del poder?

Más información y links en el blog Journalism of the Americas de la Universidad de Texas en Austin.

Aquí la primera vez que Correa acierta en el negocio de los medios (Paper Papers, 6/4/10)

Guardiola, Mourinho: en todas partes cuecen habas

No es sólo Marca, Mundo Deportivo, etcétera. Qué descanso. El Mirror envía al banquillo del Chelsea a Pep Guardiola y el Express, en cambio, "ficha" a José Mourinho (con Cristiano a remolque):


lunes 5 de marzo de 2012

Seis directores de diario que hicieron el ridículo con Putin


Vladimir Putin se sentó en la presidencia de la sala de consejos de su dacha y dijo:
—Pregunten lo que quieran. Responderé a todo.
Era el pasado 1 de marzo. Le escuchaban los directores James Harding de The Times ($), Gabor Steingart de Handelsblatt ($), John Stackhouse del Globe and Mail, Yoshibumi Wakamiya del Asahi Shimbun, Sylvie Kauffmann de Le Monde y Ezio Mauro de La Repubblica.

El candidato a la presidencia de Rusia había llegado con dos horas de retraso a la cita. Nuestros corresponsales habían sido cortésmente advertidos de su suerte por un edecán: "a la Reina de Inglaterra le hizo esperar una hora", dijo. Oh. Ah.

Dos horas cocinándose entre ellos, aflojándose, relajándose.

¿Quiere la verdad? La flor y nata de la prensa no pregunta nada de sustancia. En las entrevistas que uno leyó no aparece ninguno de estos nombres: Anna Politkóvskaya (asesinada en su casa en 2006), Anastasia Babúrova (asesinada en 2009, tenía 25 años, foto), Mijail Bejétov (una pierna y tres dedos amputados en 2009), Oleg Kachin (en coma con varias fracturas en 2010… por hablar de Bejétov)… Son (eran) todos periodistas. He documentado los que recuerdo de memoria porque la lista es muy larga. Podían haber elegido entre más de un centenar de nombres. Uno al menos. Uno.

Ni siquiera le inquietan por una cosita elemental y sencilla como las represalias a los periodistas de Radio Eco de Moscú, tan recientes aquellas (16 de febrero) y tan liberales estos (todos despedidos). Convengamos: corporativistas, lo que se dice corporativistas, no son esos directores de diario.
—En nuestro país, los profesionales como vosotros siempre han sido tratados con una atención particular y el mayor de los respetos.
Eso dijo Putin el pasado 13 de enero en la celebración oficial del Día de la Prensa. Quizá dijo algo parecido a nuestros directores de diario.

No se lo va a creer: tampoco le preguntan sobre Jodorkóvski, el propietario de Yukos Oil al que arbitrariamente confiscaron la empresa y condenaron y encarcelaron durante su anterior presidencia. O por el chantaje con el gas a los países del Este. Chechenia. Beslan. Casos concretos de corrupción o extorsión (Gazprom, TNK-BP, Nordsee…). El presupuesto militar. El escudo antimisiles. Los submarinos nucleares averiados. Etcétera.

Las preguntas son blanditas, educaditas, flojitas. Nada para lo que un tirano caradura y cínico no se haya preparado mil veces. La desfachatez del ahora presidente electo de Rusia atraviesa todas las entrevistas. Es un parachoques, un deflector. En el mejor estilo soviético, además: ¿Corrupción? Ah. ¿Ustedes no tienen corrupción? ¿No? ¡Todos tenemos corrupción! ¿Manifestaciones en la calle? Ustedes también tienen. ¡Todos tenemos! Y así todo.

Les toma el pelo a los directores y ellos a nosotros.

Cuanto más lees más te irritas, tanto salta a la vista la desvergüenza de Putin. Poco a poco aplana a nuestros amenos entrevistadores, quizá sorprendidos en su buena fe. Aunque ese sea el último lugar donde un director de diario debe ser sorprendido. En fin.

Esos directores se comportaron peor que si les hubieran comprado: renunciaron a ejercer el periodismo con un autócrata. Seguramente fue lo que les pidieron. Muy obedientes o muy intimidados, ni siquiera han tenido el valor de decir a sus lectores: fuimos a la dacha, era una encerrona, no respondió a nada, no lo supimos hacer mejor, no merece la pena hacerles perder su tiempo, no lo publicamos.

Stackhouse tiene el papo/la caradura de contar, así nomás, que Putin le llevó a jugar al hockey sobre hielo con sus amigos –algunos son ex internacionales rusos, usted me entiende. Ya sabe lo que dicen: los canadienses nacen con un stick bajo el brazo. Claro. Era una oferta irresistible.

¿Por qué no fueron los corresponsales en lugar de los directores? Habría sido lógico pues son los que más saben. ¿Por qué no los acompañaron, al menos? ¿Por qué esas preguntas sin repreguntas? En efecto: vanidad y un poco de mieditis. Ni uno mismo se habría librado, lo reconozco. Pero esos directores ¿con quién se aconsejan en la redacción? Nadie les dice: oye, no tienes que ir tú, que vaya el que sepa. O bien: esto es un desastre, le estamos tomando el pelo a la gente, haces el ridículo. Y también: ¿qué ganamos con esa entrevista? Se lo digo: unos kilos más de fatuidad, de jactancia, de vanagloria. (¡Yo Entrevisté A Putin! ¡Yo!).

Bien saben los Putin de esta vida cómo manejar esa vanidad: cuando un director acepta la entrevista su publicación es inexorable, sale en la portada y no es inferior a dos páginas dentro. Nadie regresa a la redacción y dice: me han toreado (¡Soy El Director! ¡Nadie.Torea.Al.Director!).

Con directores así no necesitamos gerentes incompetentes que se carguen los diarios.

La directora de Le Monde quedó tan confundida que el editorial del diario se titulaba así: "Putin ganará pero la democracia puede triunfar". Qué más quiere Putin ¿no? Así se las ponían a Fernando VII.

Su diario traía ayer mismo una crónica formidable de qué significa ser periodista en Rusia. Todo lo contrario que ser periodista en Francia.

El peor, con mucho, es James Harding, del Times. Es el que publica el último y el que cuenta más trolas, desde el "Exclusive" hasta el patético "masculine business" del subtítulo/bajada. El título incluido, por supuesto: lo que dice Putin será lo que sea pero lo que hace indica es que nada ha cambiado respecto a Siria. Pero había que justificar el "Exclusive". Si es verdad o no ¿qué importa? Harding, respóndame: los otros cinco directores ¿no se dieron cuenta de ese shift, no? ¿Es que son idiotas? Vea:


No tienen excusa. A Putin aún le debe doler el estómago de carcajearse. Hicieron el ridículo.

Y sus redacciones habrán tomado nota: duro con los débiles y blando con los fuertes.

Qué pena. Qué asco.


[Haga como uno y quítese el mal sabor de boca con The Economist]:

domingo 4 de marzo de 2012

Nada mejor que una redacción

Alan Mutter, 'Newsosaur', recordaba el cierre del Chicago Daily News, del que hoy se cumplen 34 años. El Daily News era un vespertino vibrante e independiente que murió como todos los vespertinos, igual que un pez fuera del agua: lentamente, boqueando, sin llorar. El desarollo de los suburbios, el cambio de ciclo laboral y el relevo de la industria por los servicios mató a los diarios de la tarde. En la entrada del blog de Mutter venía esta foto, tomada en los días del cierre o el mismo día del cierre [clic> amplía mucho]:


Al verles tan sonrientes vinieron a la cabeza de uno muchos momentos fabulosos pasados en las redacciones y también una respuesta de David Simon, guionista de la serie 'The Wire', que encaja perfectamente en estos momentos en que la muerte de los diarios no es nada excepcional:
En lo que yo creo es en la redacción. […] La redacción no sólo promueve el buen periodismo, por medio de editores experimentados que pueden enfocar tu trabajo mejor de lo que lo haría un solo individuo, sino también impide que alguien publique algo estúpido o malo. […] Yo sólo creo en los profesionales y en el periodismo como carrera. Mis primeros años cubriendo la policía fueron primitivos: creí que bastaba con tener una idea y cubrirla. Pero entender el crimen, la guerra de la droga, el departamento de policía o cómo las estadísticas pueden ser fabricadas para mentir me costó años […] trabajando con gente mejor que yo, más experimentada y que habían visto mucho antes lo que yo entonces veía. Y tenía que estar en la redacción con ellos. La memoria institucional es uno de los bienes más valiosos de un periódico. Y eso es precisamente lo que te ofrece una redacción. […] Creo en el periodismo como profesión. Los amateurs pueden opinar sobre el trabajo de los profesionales y de vez en cuando aprender algo y levantar una historia, lo cual está muy bien. Cuanto más, mejor. Pero no puedes depender de aficionados para cubrir la actualidad todos los días.
Lo cual me devolvió a algunas portadas míticas del Daily News de Chicago en los días de la Ley Seca:

La persecución de Al Capone

La masacre de San Valentín

Abusos policiales

La última

sábado 3 de marzo de 2012

César Augusto Correa


De repente el Ciudadano-Presidente se convirtió en Emperador de Roma y de la China. Una metamorfosis increíble pero cierta y planeada por el ciudadano-economista que sigue subiendo peldaños en el cursus honorum de los tiranos adorados por su pueblo. Ya no es más el Dictador del Ecuador, el Paraíso que gobierna con mano de hierro desde su sitial delante de la pantalla gigante y detrás del teleprompter. Ahora se ha convertido en Emperador Espléndido de la Amazonía, de la Vulcania, de los Manglares, de la Galapaguería y de las Otras Islas Afortunadas, Rey Absoluto de Todos los Patrimonios de sus Súbditos, Mariscal de los Sublimes Ejércitos Equinocciales y Gran Almirante de las Corrientes Marinas con sus Tiburones y Mariscos… en fin: es el Dios de la Vida y de la Muerte de Todos los Ecuatorianos.

Ahí lo tienen. Ora los persigue, ora los perdona y antes y después los insulta con una entrega más que profesional. Correa es el estadista que todos esperábamos en nuestra América mestiza y adolescente. Alguien que por fin ponga orden en nuestras sociedades y en su lugar a los cagatintas. El Amado Dictador que nos diga todo lo que se debe hacer y también cuándo y cómo hay que hacerlo. Es él quien nos explica lo que hay que pensar y, por supuesto, lo que hay que escribir. Por fin tenemos alguien que nos obliga a seguir un único libreto para la televisión y nos pasa el guión con las preguntas que tenemos que hacer –a él y a su corte de adorados obsecuentes. Ya no tenemos que pensar nada; ¡qué tranquilidad y qué paz!

Correa –perdón, Su Majestad Don César Augusto Correa- domina también el Túnel del Tiempo. Ya había conseguido volver a la época del Borbón Carlos III, que otorgaba graciosas licencias para imprimir periódicos y todo tipo de pasquines en la América española. Después retrocedió un siglo más, hasta el XVII, cuando resolvió identificar al Estado con su Augusta Persona, como el Rey Sol, el también Borbón Luis XIV de Francia y de Navarra, Copríncipe de Andorra y Conde Rival de Barcelona. Pero ahora retrocedió hasta el siglo I, a los tiempos del Imperio Romano y los césares que lo gobernaron como semidioses. Entonces sí los emperadores eran señores de la vida y de la muerte de los ciudadanos-ciudadanos y ciudadanas-ciudadanas (lo aclaro porque parece que ahora hay ciudadanos-presidentes, ciudadanos-ministros, ciudadanos-jueces y mil variantes más multiplicadas por el género).

Cuenta Suetonio en Los doce césares que en época del Divino Claudio los condenados representaron una batalla naval como espectáculo para el emperador, su corte y su pueblo. Tanto realismo pusieron que casi todos murieron en la actuación ante los gritos maravillados de las hinchadas de uno y otro bando. Por eso, antes de empezar la batalla en un lago artificial, construido ad hoc, saludaron a Claudio con el famoso “Ave imperator, morituri te saluntant!” (¡Salve emperador, los que van a morir te saludan!). Parece que al terminar algunos de los pocos que quedaron vivos se ganaron el perdón del César. Las películas se encargaron de reproducir tantas veces este hecho que nos parece que ocurría todos los días y que el emperador los condenaba o salvaba con el pulgar hacia abajo o hacia arriba… pero el episodio ocurrió de verdad unas pocas veces con diferentes emperadores y lo del pulgar y la arena parece que es una licencia de Hollywood ya que los actores no hablan latín y los estudios no están para más gastos.

Eso hizo también el Divino Correa. Asistió estoico al espectáculo desde su sitial del circo durante las horas que duró, sin importarle la comida ni la bebida ni las ganas de escaparse un rato a los vomitorios para refrescarse. Allí lo acompañó su corte, siempre fiel y obsecuente, mirando si tocaba reír o llorar en cada momento. Mantuvo vacilante su pulgar por meses, hasta que al final decidió perdonar a los condenados, a quienes tenía en sus manos junto con su patrimonio, sus familias y sus sueños. Los perdonó con el dedo pero no con el corazón: un perdón que no es perdón sino bagatela para no pagar el costo político de condenar sin importar la culpabilidad o la inocencia. Ya se sabe que la opinión pública está siempre equivocada: la de su pueblo y del resto del mundo.

Una lástima porque estos actores eran casi perfectos: valientes, apuestos y capaces de morir por sus ideales. Pero el pueblo ya no es el mismo de la época de las naumaquias y no hay que herir su sensibilidad con tanta sangre. Quizá alguna vez pueblo y condenados vuelvan a entender los razonamientos emanados de su sabiduría infinita, celestial. Pero no es todavía el momento y hay que tener una paciencia tan infinita y celestial como su sabiduría para conseguir que por fin inocentes y culpables, pueblo y gobernantes, entiendan los sabios designios de su dedo pulgar soberano.

jueves 1 de marzo de 2012

El 'Periodismo Abierto' de The Guardian y los tres cerditos

Alan Rusbridger explica:
The newspaper is moving beyond a newspaper. (El diario muta a algo más allá de un diario)
Saldrá bien o saldrá mal. The Guardian se juega la vida en este envite. Pero el comercial es buenísimo. Véalo.


Sobre el concepto de Periodismo Abierto, los periodistas del diario se lo explican aquí. La Editora de la sección Comment, Becky Gardiner, cuenta que, entre otras cosas, consiste en pedir a los lectores sobre qué quieren que se escriba. No sé.

miércoles 29 de febrero de 2012

Por qué Rafael Correa perdonó a El Universo


He seguido muy de cerca –aunque no tanto como me hubiera gustado– los últimos episodios de la arremetida del presidente del Ecuador, Rafael Correa, contra los medios independientes y los periodistas de ese país. Dada la amistad que me une a los propietarios de la C.A. El Universo he preferido no escribir nada hasta ahora. Lo hago a vuelapluma y en este texto, que seguiré editando en los próximos días. Sin ponernos de acuerdo lo ha hecho TP, con la perspectiva y la distancia que merece el tema.

Hoy no tengo ninguna duda sobre la naturaleza del perdón –la remisión– del presidente del Ecuador a Emilio Palacio, exeditorialista de El Universo y autor de la columna que enfureció a Correa, y a sus propietarios a quienes persiguió por coadyuvar a la comisión del delito de desacato (o injurias, como quieran llamarlo). Los cuatro fueron condenados a tres años de prisión más una indemnización de 30 millones de dólares. También y solidariamente persiguió a la Compañía Anónima El Universo, a la que condenó a pagar una indemnización de diez millones de dólares. En total 40 millones, que iban a parar al bolsillo del ciudadano Rafael Correa (lo que hiciera después Correa con ese dinero es un acto de disposición de sus propios bienes y además no pagaría impuestos por esa cifra).

Correa desistió de su acción cuando ya estaba firme la sentencia, tal como salió del juez que falló en primera instancia y que redujo la indemnización de 80 a 40 millones. Esa sentencia se redactó en la computadora/el ordenador de Gutemberg Vera, abogado, junto con su hijo Alembert, de Rafael Correa. El mismo Gutemberg ofreció dinero –está grabada la conversación– a la jueza encargada de presentarla, Mónica Encalada, que debió exilarse a Colombia luego de confesar el intento de coima por parte de Vera.

La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), que tiene jurisdicción en todos los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), decretó medidas cautelares en favor de Emilio Palacio y de Carlos, César y Nicolás Pérez el 21 de febrero, seis días después de quedar firme la sentencia en la noche del miércoles 15 de febrero. Esa misma noche, Carlos Pérez Barriga, director del diario, se había asilado en la embajada de Panamá en Quito donde todavía está. Los otros dos hermanos estaban ya en los Estados Unidos, preparando la apelación ante la CIDH para provocar las medidas cautelares urgentes que permitiera continuar el trabajo del diario y mantenerlos a ellos con libertad de movimientos. El gobierno dijo que esa medida era imposible de aplicar por improcedente.

Sabedor de que la CIDH protegería la libertad de expresión en el Ecuador, Rafael Correa promueve hace tiempo una reforma en la OEA que separe a los Estados Unidos de esta organización continental y reduzca el poder de la relatoría para los derechos humanos de la OEA. Es apoyado en esa pretensión por Hugo Chávez y Daniel Ortega.

Pero la presión externa fue generalizada. Correa está casi solo contra El Universo y sus propietarios y contra el resto de los periodistas del Ecuador (también perdonó el lunes a Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, condenados por escribir el libro El Gran Hermano sobre los negocios de Fabricio Correa con el estado). En enero recibió la visita de Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, y no ha parado de alabar al régimen de Gadafi –hasta que cayó, claro.

Nadie, ni la propia tropa de Rafael Correa, cree en la justicia de los procesos que se siguieron contra El Universo, Emilio Palacio, los hermanos Pérez, Calderón y Zurita. Todos conocen la Justicia del Ecuador y su facilidad para amoldarse a los deseos de los poderosos. Saben que las sentencias se amañan con dinero (esto no ocurre solo en el Ecuador, pero resulta que ahora estoy hablando del Ecuador).

Durante todo el proceso, los hermanos Pérez han aguantado sin chistar y han contestado con periodismo los embates del poder político y las insultaderas del presidente Correa. Esos insultos son suficientes para querellarlo por cien millones de dólares si se tiene en cuenta que los 40 millones se concedieron a Correa como simple ciudadano. No hubo ni hay ninguna moneda de cambio por el perdón del presidente. En la portada de su edición de ayer, El Universo explica que seguirá como todos los días. Me consta que sus dueños estaban dispuestos a perder la empresa si era necesario. La libertad no es negociable en nuestra América y se gana poniendo en riesgo la misma vida.


Correa hubiera querido que los hermanos Pérez claudicaran. Los puso ante la disyuntiva de aparecer como culpables al irse del país para proteger la misma libertad que necesitaban para seguir luchando o caer presos a pesar de su inocencia, con todo lo que eso significa en las cárceles de nuestra América. Pero quedó finalmente desarmado por la valentía de los Pérez, la que solo tienen los inocentes de verdad. Correa perdió la batalla –desigual como pocas– contra la sangre y el fuego de los periodistas. 

Hoy Correa sabe que se equivocó y que el costo de cerrar el asunto lo ha puesto en una situación de debilidad que nunca quiso demostrar. Necesita recuperar poder y no lo hará persiguiendo a la prensa como hasta ahora. No mientras el costo político sea tan alto y no consiga deshacerse de la CIDH. Además, aunque los jueces hayan archivado la causa, los periodistas perseguidos tienen todo el derecho a seguir el proceso que ya iniciaron ante la CIDH y resarcirse por el daño fenomenal que el presidente Correa les ha causado.