martes, 18 de junio de 2013
Vídeo na Folha (o TV en papel)
lunes, 17 de junio de 2013
Se prohibe la endogamia (Ecuador en el siglo XVIII.2)
Linchar es, según la Real Academia Española, ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo. El linchamiento meditático debe ser una metáfora, pero desde que leí la prohibición del linchamiento en el artículo 26 de la Ley Orgánica de Comunicación, sancionada el viernes pasado por la Asamblea Nacional del Ecuador, me quedé preocupado por sus consecuencias semánticas. En el linchamiento los autores se esconden en el anonimato del tumulto y las víctimas son reos o sospechosos, así que me costaba aplicar la analogía al caso de los medios.
El estándar del linchamiento servirá para lo que quiera el poder. Encontrarán linchamientos (difusión de información que, de manera directa o a través de terceros, sea producida de forma concertada y publicada reiterativamente a través de uno o más medios de comunicación con el propósito de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública) en meras coincidencias endogámicas, de esas que hay a montones. También en el refrito, el plagio y hasta los chivos / camarones / chapuzas del mismo periodista en dos medios distintos.
Decidirá si hay linchamiento el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación, integrado por cinco funcionarios públicos, que supondrán las intenciones tumultuarias de estas y otras chapuzas en los contenidos de los medios contra los reos o sospechosos. Dios nos ampare.
El estándar del linchamiento servirá para lo que quiera el poder. Encontrarán linchamientos (difusión de información que, de manera directa o a través de terceros, sea producida de forma concertada y publicada reiterativamente a través de uno o más medios de comunicación con el propósito de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública) en meras coincidencias endogámicas, de esas que hay a montones. También en el refrito, el plagio y hasta los chivos / camarones / chapuzas del mismo periodista en dos medios distintos.
Decidirá si hay linchamiento el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación, integrado por cinco funcionarios públicos, que supondrán las intenciones tumultuarias de estas y otras chapuzas en los contenidos de los medios contra los reos o sospechosos. Dios nos ampare.
domingo, 16 de junio de 2013
Ecuador en el siglo XVIII
El viernes la Asamblea Nacional del Ecuador sancionó la nueva Ley Orgánica de Comunicación (esta es la versión que se votó / PDF). Los 119 artículos esconden el único que importa: el control del poder político del Ecuador sobre la difusión de las ideas. Me preguntaba Patricia Janiot de la CNN si había un antecedente y contesté que sí: en el siglo XVIII, antes de Carlos III, que dio a la incipiente prensa americana libertades superiores a las que establece esta ley. Eran tiempos en los que no se podía publicar un solo panfleto sin la licencia del Rey y la censura del Santo Oficio, sin embargo Carlos III permitió en América libertades que no había en la Península para que la prensa controle a sus lejanos funcionarios.
Mientras las dictaduras democráticas latinoamericanas sigan entendiendo la democracia como la imposición a las minorías del pensamiento de la mayorías, el periodismo deberá volver a su viejo esquema de convivencia con las dictaduras militares, que no pudieron con la industria: diremos y leeremos entre líneas, usaremos la cuchufleta, la sátira y la ironía y aguzaremos el ingenio contra la inteligencia bastante precaria de los autoritarios.
Siempre la verdad se filtra. Aparecerá por vericuetos que ni se imaginan los que la quieren esconder. No se la puede tapar y menos en tiempos de medios globales como lo es cualquiera que tenga un humilde sitio en la web, una cuenta de Twitter o de Facebook. Es evidente que las leyes antimonopolio no alcanzan y que el estado puede y debe asegurar la pluralidad de voces. Pero en este y otros casos se han servido de la necesidad de defender a los ciudadanos de los abusos de los monopolios o la posición dominante de algunos grupos para establecer el monopolio o la posición dominante del estado todopoderoso.
Leyes como estas son armas en manos de un suicida: se terminan cargando el mismo régimen que las dicta, tenga el nombre que tenga.
viernes, 14 de junio de 2013
La inmediatez, el periodismo y los consultores
El periodismo tiene que ver única y exclusivamente con eso tan dificilísimo que es contar historias. Es decir, ayudar a entender el mundo y a compadecernos de él. Compadecer es un verbo precioso: significa no lamentarse resignadamente, sino padecer con. Hablamos, por tanto, de empatía, de solidaridad, de humanismo radical. Lo demás es accesorio. No es que lo diga yo, es que es accesorio. Y como las empresas informativas no quieren verlo, o no lo aceptan, y no lo aceptan porque se trata de algo muy complejo, se dedican a comprar soluciones de otro tipo. Es lo fácil. Comprar soluciones como quien compra aspirinas. Pero el periodismo no va de eso.O esta:
La batalla de la inmediatez no es la batalla del periodismo. Esa será la batalla de la distribución. No la nuestra. No me importa quién da la noticia primero, sino quién la da mejor. ¡Qué más da anunciar algo diez segundos antes que tu competencia! Eso es algo que nos han vendido interesadamente y que forma parte de la sociedad de consumo radical y devoradora en la que vivimos. Una sociedad que no genera más conocimiento, sino más ruido. 99% de lo que se dice o vive en Twitter son majaderías. A mí eso, que en el fondo tiene que ver con la vanidad y con el intento de satisfacerla, no me interesa. Lo que se ha abaratado es la posibilidad de publicar desahogos personales.O estotra:
La integración de redacciones es una maniobra fruto del nerviosismo de una industria que no sabe cómo recortar gastos para mantener los beneficios registrados durante años. No responde a una convicción ni está produciendo mejor periodismo. Es una medicina paliativa. A mi modo de ver, una gran mentira. Y a ella contribuyen numerosos consultores. Está produciendo esquizofrenias, por cierto. Lo que pasa es que queda estupendo hablar de salas de redacción con forma de sistema solar en un congreso de editores, organizar giras y visitas, y vender así el elíxir del futuro, la pócima que salvará el periodismo. Los resultados están a la vista.¡Genial! No recuerdo si lo encontré gracias a un tuit de Yelitza o de Carmen Riera.
Javier Errea estuvo en Caracas para el Seminario de Diseño de la Información que se realizó en esa ciudad el 12 y el 13 de junio pasados.
Otra vez
Esta vez no ordeno los diarios argentinos por circulación sino por la fuerza del título cantado de las portadas de hoy. ¿De todos? No, los que dependen del gobierno resisten...
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jueves, 13 de junio de 2013
Publicidad contextual macabra
El cadáver de Ángeles Rawson apareció en bolsas de residuos en una planta de tratamiento de basura (gracias DD*).
miércoles, 12 de junio de 2013
No es copia, es endogamia
Lo hubiera encontrado por las mías, pero confieso que lo que vi primero gracias a un tweet de Juan Pablo Mansilla y él por Diario sobre Diarios.
domingo, 9 de junio de 2013
La libertad es el tiempo
Tiene muchos títulos esta fantástica entrevista de la televisión española a José Mujica, el presidente del Uruguay. La entrevista debe ser la única conexión con el periodismo, aunque las preguntas son bastante obvias, valen la pena las respuestas y por eso la subo, para tenerla a mano. Gracias MP*.
sábado, 8 de junio de 2013
El género cuchufleta
Les paso, con algunos cambios, mi columna de ayer en El Universo de Guayaquil:
El género cuchufleta, el periodismo y Jorge Lanata
Un programa de periodismo político bate récords de audiencia todos los domingos entre las diez y las doce de la noche en la Argentina. Cada semana, Jorge Lanata y su equipo de periodistas destapan escándalos de corrupción relacionados directamente con la familia gobernante hace diez años y sus más inmediatos colaboradores. En lo que va de la temporada 2013, el programa ha mostrado cómo roban cientos de millones al Estado, se acumulan en bóvedas construidas en los sótanos de casas particulares y se sacan hacia paraísos fiscales o se lavan con una ley hecha a las apuradas a medida de ese dinero. La plata es tanta que no se cuenta: se pesa. Nadie ha salido a desmentirlo: a lo único que atinan es a borrar torpemente las señales de sus propias tropelías y a intentar restarle audiencia al programa de Lanata cambiando –con poca suerte– el horario de los partidos de River y de Boca. El mismo intento de tapar a Lanata con el fútbol es una prueba de que no tienen otro argumento que esconder la mugre debajo de la alfombra. Pero sobre todo es un certificado de que les duele. A cada programa siguen varias denuncias judiciales de distintos actores a los implicados, que probablemente no prosperen por lo menos mientras dure el amparo del poder político. Y es tal la popularidad de Lanata que si prosperara una querella de los implicados en su contra, haría un daño fenomenal en el capital político del gobierno, ya bastante maltrecho por cierto. Como en otras ocasiones en las que no hay respuesta posible, la presidenta ignora olímpicamente los hechos a pesar de los incesantes desafíos de Lanata para que desmienta los que muestra cada domingo a millones de argentinos. Jorge Lanata no se presenta con la cara enojada de los periodistas ácidos. Comienza con un monólogo en solfa y termina con un editorial que pone la piel de gallina, pero en el medio hay un show que cuenta con actores, imitadores, puesta en escena, bromas, malas palabras, parodias y mucha información con su correspondiente producción. Eso es lo que llamo género cuchufleta.
La cuchufleta es tan vieja como el periodismo y consiste en usar la ironía o la sátira para criticar. Durante la década kirchnerista, el primero que lo utilizó fue Alejandro Borensztein en la edición de los domingos del diario Clarín. Lo siguió Carlos Reymundo Roberts en la página dos de La Nación de los sábados. El padre de Borensztein era Tato Bores, un humorista político que en las décadas del sesenta y setenta tenía en vilo a la audiencia y a los políticos desde la televisión en blanco y negro: vestía de frac y fumaba un cigarro descomunal. Pero Lanata no usa la ironía para opinar sino para informar. Lleva año y medio en la televisión y un poco menos en la radio, ahora cuatro horas por día de lunes a viernes con un éxito fenomenal. Pero tampoco eso es nuevo en la Argentina ni en el mundo. Lo hicieron El Mosquito a fines del XIX y Caras y Caretas entre 1898 y 1941 y lo hacen Le Canard Enchaîné y The Onion ahora mismo y hace años. El género desarma al poder y gusta al público. Lanata le está ganando la agenda al gobierno, que va detrás contando cadáveres y contraoperando, porque cada vez que han intentado desmentirlo no han hecho más que agregar pruebas a lo que Lanata denunció esa semana. Cuando hablan, se entierran más y Lanata les hace pito catalán desde la pantalla. La cuchufleta se ha vuelto el género más adecuado para contar los desaguisados de los autoritarios, porque el público no podría creer jamás lo que Lanata y su equipo cuentan del gobierno si lo hicieran en tono serio, pero tampoco los autoritarios pueden creer que alguien se esté riendo de ellos en la cara. Pero no es el género ni el pito catalán lo que molesta al gobierno, sino la valentía de Jorge Lanata para decir lo que casi todo el mundo sabe pero calla porque no se anima o no tiene altavoz. A la valentía o a la temeridad de Lanata hay que sumar la obscenidad de la corrupción que deja huellas por todas partes y el apoyo económico del Grupo Clarín, que está dispuesto a morir matando ante los ataques del kirchnerismo. El programa de Lanata cuesta mucho dinero que Clarín invierte con gusto y sin pedirle nada a cambio: ya se sabe que a Lanata no se le ponen límites. Esa fórmula mortal deschava las intenciones de los revolucionarios populistas, esos que dicen que quieren cambiar la Argentina, mientras Lanata prueba todas las semanas que lo único que cambian es la plata de lugar, cuando va desde las arcas del Estado a sus cuentas bancarias en paraísos fiscales. Y así no hay revolución que aguante.
viernes, 7 de junio de 2013
El juego de las siete diferencias
Tags:
Historia,
Periodistas
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