viernes, 8 de noviembre de 2013

Antonio Franco, culpable. Mensaje de un hincha agradecido


Antonio Franco lee el primer número de El Periódico 35 años después (Foto: Jordi Cotrina)


Una de las preguntas que más le han hecho a uno –fuera de cómo estás, qué hora es, tienes fuego y esas– era por qué dedicaba a El Periódico cuatro horas cuatro de las 70 del curso de Proyectos. Por qué a ese diario y no a otros de Barcelona o de Madrid que vendían más, tenían más historia, eran más glamurosos o colocaban más tertulianos en radios y teles.

Para hacerla corta e ingenua, le diré que hay dos razones. Una, que nació para ser el diario de los que no tenían diario. De la gente del cinturón industrial de Barcelona, muchos inmigrantes con pocos estudios y menos medios. Sí, también de los progres de los 80 y 90 que no tenían dónde parar. Pero sobre todo de aquellos trabajadores a quienes los medios apenas prestaban atención y eran decisivos en un país que estrenaba democracia y los había transformado en votantes, en pueblo, en ciudadanos, algo a lo que no estaban acostumbrados ni sabían cómo se comía tras 40 años de dictadura. El Periódico les dio presencia, argumento y atención. Fue decisivo para hacer que, en Catalunya, los de fuera y los de aquí seamos un solo pueblo, un sol poble, como decimos ahora y no dos comunidades separadas por la lengua, las raíces o la plata. Así que cuando se escriba como se debe la historia reciente de este país, El Periódico ocupará –debe ocupar– un capítulo así de grande, porque fue una herramienta de inclusión social y política formidable, crucial, determinante.

En segundo lugar, porque hacer periodismo popular no está al alcance de cualquiera. Es un periodismo difícil, poco agradecido, maltratado. Hay que traducir dos veces la realidad: la primera para entenderla uno y la segunda para facilitársela a lectores que no son como uno. Es complicado. El Periódico dignificó la categoría mientras se degradaban sus diarios fundadores, desde el Daily Mirror británjco al Daily News de Nueva York pasando por France-Soir y Bild. La dignificó tanto que algunos teóricos lo llaman popular de calidad. Su influencia fue enorme: obligó al diario-serio-de-toda-la-vida de Barcelona a reformarse acercándose a él y no al revés. Amén de que todos los diarios nuevos aparecidos en Barcelona siguen sus huellas más que las del competidor.

De ahí las cuatro horas. Es justo.

Bien. El director fundador de ese diario fue Antonio Franco.

Él dirá que no estaba solo, que Antonio Asensio, el dueño, ya fallecido, fue la clave. Querrá quitarse el foco de encima. Que le dejen en paz. Siempre lo hace. Está bien así. Pero él era el primer director de la cosa. Eso no se lo quita nadie.


Antonio Franco y Antonio Asensio con el primer ejemplar del diario, 26 de octubre de 1978

Ahora que su criatura cumple 35 años, conversó con Franco esa magnífica entrevistadora que es Núria Navarro. No debe perderse esta pieza ("El periódico nació rojo"). Aquí en español y aquí en catalán. Les dejo unas muestras (sabrán disculpar algunas expresiones del entrevistado en lengua francesa):
Soy expansivo, soy grande, soy mandón. Pero siempre he respetado mucho a la gente. Los jefes de área fueron muy independientes. Hasta el día siguiente no les decía lo que no me gustaba. Nunca bajaba antes a tocar los cojones. Y confesaré que nunca supe dedicar horas a llamar a ministros y a jueces –cada vez que hablaba con ellos, me sentía condicionado–, pero quería que los especialistas lo hicieran y me lo contaran. También entendí que el director era el interlocutor con la empresa de lo que pensaba la redacción. […]

Siempre fui con mucho cuidado de marcar distancias con los que tenía afinidad ideológica. Viví mal con el tripartito [el gobierno catalán de izquierda entre 2003 y 2010], porque aproveché la oportunidad para hablar claro. Y tuve una buena relación personal, pero muy tormentosa, con el PSOE [el partido socialista español]. Es verdad que el caso Filesa [un grave caso de corrupción de ese partido] salió el mismo día que en El Mundo. También lo es que rompí la amistad con Felipe González [presidente del gobierno de España, 1982-1996] por el terrorismo de Estado. Yo entendía que la derecha hiciera terrorismo de Estado, pero no los míos. Felipe intentó darme explicaciones sobre el GAL [banda terrorista organizada desde el Ministerio del Interior] en la Moncloa y yo no quise saberlo. No quería saber cosas que iban a condicionar lo que iba a escribir. Me levanté y me fui. Ahí acabó una amistad cojonuda.
He sido un cojonudo lector de diarios. Eso me permitía hacer la auditoría del periódico. Como director de papel no me engañaba. Empujé el cambio de tecnología, pero ya se nos habían escapado los jóvenes. Vi que ya no era el director idóneo.
A ver si se nos pega algo, aunque es difícil estar a esa altura.

Enhorabuena a El Periódico por esos 35 años y a ver cuándo le dedican una plaza a Antonio Franco en esta ciudad –y en Lleida, de donde somos los dos.

ACTUALIZACIÓN a 09/11/13: El hombre ha reaccionado: "a mí solo me gustaría que me dedicasen un pasaje o un callejón sin asfaltar en el que hubiese niños jugando a fútbol, cambiando cromos o leyendo tebeos. En el cinturón, por supuesto". Queda dicho. Y recuerdo que en estas cosas siempre se debe respetar la voluntad del mandante. Es de ley.
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