lunes, 28 de enero de 2013

Así se pide perdón en un diario (2)

El País publica una reconstrucción de la pifia de la foto del no-Chávez intubado. Es una "extended version" de su nota de no-disculpas. Dejan para la historia perlas como esta, del propio director:
Creíamos tener verificada una fotografía que no habíamos verificado.
Lástima.

La columna del Defensor del Lector refunda toda la moral occidental desde los tiempos presocráticos para justificar una pifia tan fácil de evitar si hubieran seguido su Libro de Estilo: publico lo que tengo suficientemente verificado, esto es, con dos fuentes independientes entre sí. No importa lo que uno "cree" o deja de creer. Eso no justifica nada y menos que no aplicaran los criterios que cualquier periodista conoce y que su libro de estilo exige. El periodismo no es "creo" o "no creo", como sugieren el Director del diario y su Defensor. El periodismo se hace con certeza —"conocimiento seguro y claro de algo"— no con fe ni con conjeturas.

Ponerse a hablar del "abismo moral que existe entre error y manipulación" no tiene ningún sentido y mucho menos –me parece– con los lectores de ese diario. Nadie está juzgando sus intenciones.

En realidad, lo que provoca ese "abismo moral" es la arrogancia de tratar de vestir de seda la mona de un error tan fácil de evitar. Por favor, cálmense. La gente no es burra (aunque siempre quedan algunos ingenuos…). Se equivocaron. No será la primera vez, no será la última. Nos pasa a todos. Ya está. Como aquel: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir". El riesgo de seguir echando tinta de calamar es provocar la sospecha de que aquí hay algo más que un simple error.

Por gentileza de GP* (no, ese no; otro) les dejo otro buen ejemplo de cómo un diario pide disculpas:



De nada. Me queda la duda de cuánto tiempo pasaron pensando el titular "La foto que no debió ser publicada" en lugar del sencillo "Nos equivocamos".
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