lunes, 16 de febrero de 2009

El negocio del periodismo (2)

En Montecarlo (Misiones) hay un bar en el que es imposible aguantar más de cinco minutos. En cuanto uno llega, el empleado que lo atiende le pregunta a qué vino. Si pide una cerveza le preguntará para qué la quiere y si usted pone cara de extrañeza por el mal trato, le amenazará: si no le gusta, váyase. Alguien me explicó que no quieren extraños en ese local y hasta se tejió una leyenda sobre un posible reducto nazi (los colonos de Montecarlo son alemanes y tienen fama de muy serios). Sea como sea, ya se ve que tienen un concepto bastante peculiar del negocio de la hospitalidad.

Estoy seguro de que Ferran Adrià no contrataría a este señor para mesero en El Bulli, como nadie contrataría a Herodes para dirigir un kindergarten.

Muchas veces dejamos los periódicos en manos de personas que no tienen más pasión que el dinero (se llama codicia). Son los gerentes que recortan los costos echando a los mejores porque son los más caros. Persiguen a los que se equivocan, que son siempre los que más hacen. Miden la productividad por la cantidad de texto y no por el fuego de esas palabras. Pretenden llenar el diario con refritos sacados de Internet y creen que el público es idiota... Si tuvieran un restaurante contratarían al camarero de Montecarlo.

Ignacio Gutiérrez Zaldívar es un marchante argentino que se ha hecho rico y conocido. No es pintor, pero tiene y entiende la pasión de los artistas con quienes trata. Carmen Balcells es la legendaria agente literaria que nunca escribió una novela, pero entendía perfectamente lo que hacían sus autores. Zaldívar y Balcells saben tratar con pintores y escritores y son capaces de hacer lo que nadie: sugerir a unos y otros temas, colores, tamaños, estilos, sin inmiscuirse en la libertad de esos artistas para hacer lo que les plazca. Los artistas saben que están en buenas manos, que los consejos son sabios y que el negocio será rentable también para ellos. No hay nada mejor para un buen pintor que un galerista sagaz y detrás de todo escritor que triunfa hay siempre un editor apasionado (gracias M.R.A por recordarme el nombre de Carmen Balcells).

Hay gente capaz de encauzar en un negocio la pasión del periodismo, como hay quienes saben convertir en energía la corriente del Paraná o el viento de Tarifa. La del periodismo es una pasión de una fuerza descomunal, capaz de cambiar el mundo. Esa fuerza es la de El Quijote de la Mancha, que ha formado más la sociedad iberoamericana actual que la suma de todas las ediciones de nuestros diarios desde sus fundaciones.

Algo nos pasó y no sé cuándo, pero fue después de Pulitzer y Hearst. Ahora nos faltan Cervantes y Gerentes y no es porque no existen, es que no los buscamos bien.

Esto es apenas el presupuesto del negocio del periodismo, que va todavía mucho más allá.

Continuará... (negociodelperiodismo)