viernes, 9 de enero de 2009

Lo fácil que es vender diarios

Hoy llegué tarde a mi oficina. Cuando pasé por el quiosco de la esquina de San Martín y Viamonte (pleno centro de Buenos Aires) le pedí al vendedor Clarín y La Nación, como hago muchos días con éstos u otros diarios. Confieso que intento mirarlos un poco y me llevo los que quiero ver con más tiempo (y conste que soy un buen cliente). Hoy quería esos dos diarios por los infográficos sobre el rescate de unos andinistas italianos y la muerte de uno de ellos y de un guía en el Aconcagua. Pero no había más ejemplares en el quiosco...

Cuando el canillita notó mi extrañeza me recordó que ayer mismo le había inistido que debía ponerlos en exhibición. Es cierto: al revisar la prensa de garrón, me quejé varias veces porque estaba toda amontonada. Para ver la portada de Crítica tenía que apartar las pila de Clarín y La Nación, encima de las más pequeñas de Página 12 o Ámbito Financiero o de cualquiera de los doce diarios de la ciudad. Para colmo suele poner los coleccionables arriba de toda la pila: películas, coches en escala, libros... Y siempre argumento que no compraría nunca un diario, o un libro, que no me dejaran probar.

Pues hoy, justo hoy que necesito Clarín y La Nación, los puso en el costado del quiosco en exhibición ¡Y los vendió todos!

Es fácil vender diarios. Sólo hay que proponérselo...

Hace ya muchos años, para demostrar esto mismo, salí una noche a vender diarios en Junín (provincia de Buenos Aires): se me agotaron en la terminal de ómnibus.

Por la vereda no se puede ni pasar y en el frente que ve el viandante, revistas aburridas y sobrecargadas. Los diarios, bien gracias, apilados en el banco del costado, imposibles de ver.
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