miércoles, 28 de enero de 2009

La deontología 2.0 del NY Times

The New York Times ha establecido precauciones para evitar que la actividad 2.0 de sus reporteros ponga en duda su imparcialidad y, por tanto, la del diario [¡Mil gracias, MJ! Aviso: viene un poco largo]:

  • Dejar en blanco preguntas sobre ideas políticas personales al registrarse en redes sociales como Facebook.
  • No unirse a ningún grupo. Puede ser fácilmente interpretado como una toma de posición y no como un mero interés en el asunto.
  • Por el mismo motivo, cuidado a la hora de recomendar artículos via TimesPeople (utilidad social del propio NYT), Facebook, Digg, contenido compartido en MySpace... También mensajes de terceros en la página de Facebook, que pueden ser retorcidas por desaprensivos.
  • No escribir en un blog o una web personal aquello que no escribiría en The Times: no editorializar si trabaja para una sección noticiosa, por ejemplo.
  • Los “amigos” de Facebook no deben plantear o hacer sospechar de conflictos de interés. Ser "amigo" de alguien en Facebook no significa usualmente una relación potencialmente conflictiva. Pero lo sería si un "amigo" es realmente un amigo personal o pertenece al entorno informativo que uno cubre.
  • A las fuentes Facebook –porque su dirección electrónica ha sido encontrada allí– se les debe el mismo trato “imparcial y abierto” que a cualquier otra fuente o contacto.
  • No es aconsejable preguntar a menores sobre sus padres, vida privada o amigos –ni por correo-e, teléfono o en persona.
Digo que Craig Whitney, el Standards Editor, se basa en:

:: Que los blogs personales, tweets, notas en Facebook, etc., le representan a uno “del mismo modo que un artículo de 800 palabras”.
:: “Siempre estamos bajo minucioso escrutinio. Y las posibilidades de distorsión digital son casi ilimitadas”: cualquier publicación en línea –texto, fotografías, vídeo– puede ser torcida y usada contra el periodista y/o el diario. Por lo cual, el periodista del Times siempre debe preguntarse si su actividad personal o profesional online puede ser malentendida o deliberadamente torcida.
:: Estos criterios son un mero desarrollo de Ethic Journalism, la norma deontológica interna del diario.

El texto es estricto y exigente –y escrito en tono positivo. Se ve que el NYT es uno de los pocos diarios que entiende que los medios son un juego muy delicado entre credibilidad e influencia. Y se preocupa. Bien.

Digo: un periodista es un profesional liberal que trabaja en una organización. No es un compañero del metal, con todo el respeto, o un bohemio que hace lo que se le canta amparado por la libertad de expresión, etc. A nosotros nos interesa el derecho a la información de los ciudadanos, no mi libertad de expresión (¡Mi Opinión! ¡Me Gusta!/¡No Me Gusta!; ¡Me Parece Bien!/¡Me Parece Mal!).

En este contexto profesional, trabajar para tal empresa informativa supondrá acotar opciones personales que tendría abiertas si uno trabajara para otra –o si no fuera periodista. De todo lo cual es usted muy dueño. Para lo demás está la cláusula y la objeción de conciencia y la sensatez de recordar que decisiones hoy indiferentes pueden mañana ser perjudiciales.

Por eso a uno le revientan las tertulias de la radio donde los periodistas –muchos directores– muestran imprudentemente sus manías del derecho y del revés, su escasa capacidad de análisis sobre la marcha, on the fly, y sus opiniones. Claro que todos tienen/emos opinión y línea. Sin embargo, todo eso importa un rábano a la ciudadanía y, en cambio, hecho público así, pone en duda la imparcialidad y credibilidad de su trabajo informativo. ¿Qué esperaban?

Volvamos al Times. Llama la atención de uno que no habla de objetividad (¡Milagro! !Por Fin!). Y la exigencia de un ejercicio prudencial que le gustaría ver mejor reflejado en el diario, al que se le conoce su línea editorial –bien– pero también sus manías.

Por ejemplo, no investigó con la misma decisión y potencia a Biden que a Palin (Ya Lo Leyó Antes en PaperPapers) o favorece la información sobre células madre embrionarias e ignora las adultas o no ha controlado bien a sus corresponsales (recuerdo bien los desaguisados de Larry Rohter en Brasil). Estos y otros son asuntos cruciales y objetivos –esto es, no deberían someterse al “me gusta / no me gusta” de la parcialidad.

Durante la dirección de Howell Raines era peor, OK. Pero es que a Raines, claro, lo acabó fundiendo el escándalo Jayson Blair. Y a uno no le gustaría que a la penitencia de leer los diarios de esta península se le sumara una confusión como aquella. No en Mi Times. Bienvenidas precauciones.
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