jueves, 15 de enero de 2009

Milicianos de Managua

"¿Y qué piensa de los Kirchner?", le pregunté. El ex dirigente montonero se limpió la comisura de los labios y dijo, educadamente: "Durante la revolución sandinista, el pueblo tomó Managua y los sectores derechistas debieron abandonar en las calles el armamento que tenían y echar a correr. Cuando la batalla había terminado, los estudiantes, que se decían milicianos, salieron de sus casitas y de las facultades, tomaron posición en los nidos de los armamentos abandonados y estuvieron toda una noche disparando contra la oscuridad y contra la nada porque ya no había nadie. Después pidieron medallas. Eran jacobinos con los enemigos, y afirmaban que ellos eran los que habían hecho posible la revolución". Lo miré a los ojos. El veterano montonero bebió un sorbo de malbec y me dijo: "Los kirchneristas son los milicianos de Managua".

El ex montonero es Mario Montoto, a quien Jorge Fernández Díaz no nombra, pero yo sí, en este artículo casi imprescindible para entender qué pasa en la Argentina de hoy. Fernández Díaz desemascara el falso progresismo de los Kirchner con datos contundentes. La artimaña no es nueva: ya lo hacía Juan Domingo Perón, eso de señalar a la izquierda y girar a la derecha. El otro personaje que el autor nombra sin nombrar es Gustavo Beliz, primer ministro de Justicia de Néstor Kirchner, hoy en el destierro. El tercero, el del medio, se los debo.

Impagable este párrafo sobre la prensa escrita nacional:

Las posiciones progre vienen dominando históricamente el gremio de la prensa escrita, los cenáculos intelectuales y la enorme grey urbana de la queja pop, que representa las "buenas conciencias" y opera desde los sites de los medios y desde los contestadores automáticos de las radios. Durante largo tiempo, los llamados opinators (opinadores a mansalva) sostenían posiciones "progresistas". Menem unió a toda esta gran familia en su contra: los setentistas, que por historia tenían más experiencia de lucha, condujeron el colectivo contra el riojano y lo hostigaron sin miramientos. Hijo de esa posición unificada resulta el boom del periodismo de investigación y denuncia de los años noventa.
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