jueves, 27 de noviembre de 2008

No es país para viejos

Recibo en el correo este aviso de Le Monde. Si este templo inalcanzable del periodismo, este Sinaí informativo al que sólo los elegidos acceden, este salón de la aristocracia intelectual al que sólo llegan los selectos… En fin, que si Le Monde invita a los lectores (¡La Gente!) publicar sus propias crónicas… ¡Gensanta! ¡Adónde iremos a parar!

¡Qué cosas hemos visto! En 1995 un barbado director del entonces Diario Independiente de acá pontificó severamente: el color no tiene sitio en los diarios. Estaba con J*. Nos miramos y dijo él: —¿Te vienes a tomar un café? Nos fuimos a tomar un café. Era en una sesión conjunta del mítico Congreso SND de Barcelona. No nos perdimos nada. Es verdad que éramos jóvenes, sabidos, insolentes. Sobre todo J*, que es más guapo y sabía –y sabe– mucho más que yo. Pido perdón en nombre de ambos.

Hoy ese diario se imprime a todo color y ya no se llame independiente sino global.

¡Y ahora esto de Le Monde!

¡Las sales!
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