lunes, 30 de agosto de 2010

Volver a la TV en blanco y negro

Lo bueno es que estos dos aportes sobre Papel Prensa S.A. no tienen nada que ver con la política. Son puramente económicos y de conveniencia comercial. Uno de Jorge Fontevecchia en la contratapa de Perfil de ayer. Otro de Lucas Llach en su blog La ciencia maldita.

Pero a pesar de lo bueno de estos dos aportes, el intento de Kirchner no tiene nada que ver con la economía ni con la igualdad de oportunidades ni con la libertad de prensa.

Es una venganza ciega, lisa y llana y por todos los flancos contra Héctor Magnetto y Clarín. De paso cae La Nación y toda la prensa independiente.

Pero además es una regresión a un pasado maldito. Y una vuelta a las licencias de los monarcas iluminados del siglo XVIII. Y el error político más grave que he visto en mi corta vida.

Pretender regular el papel como si fuera el espectro radiofónico, administrado y controlado por el estado, es como volver a la televisión en blanco y negro por real decreto. Una locura que se paga con votos. Y también con el pitorreo, las burlas y el ludibrio de los que le pierden el respeto a un poder que usa la mentira como estrategia. Terrible.

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Les copio de nuevo el párrafo de Juan Luis Cebrián en Gacetilleros, gansos y embaucadores. Viene como anillo al dedo:
La aparición de los sistemas radiofónicos, y de la televisión después, tuvo efectos políticos insospechados. Los tronos y dominaciones de esta tierra descubrieron que, de nuevo, era necesaria su intervención, en forma de permiso previo o de concesión administrativa, a la hora de ejercer los ciudadanos la libertad de expresarse. Con motivo, o bajo pretexto, de lo escaso del espectro radioeléctrico, determinaron un sistema de concesión de frecuencias y canales que limitaba el ejercicio de las operaciones en radio y televisión, pudiendo ser desempeñado sólo por quien obtuviera una licencia. Es como si los burócratas modernos hubieran resucitado la virtualidad de las cédulas reales que antes se concedían para el imprimátur de los periódicos. Muchos gobiernos, que se jactan de ser democráticos, las administran de igual modo, premiando a sus amigos y castigando a los enemigos según su antojo.
¡Libertad de radio y televisión! en Paper Papers, 14/11/09
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