domingo, 8 de agosto de 2010

Secretos sucios y no tanto

Me perdí la presentación del libro de David Cox sobre la historia de su padre Robert en tiempos en que era director del Buenos Aires Herald (1976-1983). Pero al llegar a Buenos Aires me encuentro con este artículo de Jorge Fernández Díaz en La Nación de ayer y ahora solo lamento no haber asistido a la presentación para conocer a los Cox y saludar amigos. Guerra Sucia, secretos sucios es la traducción de Dirty Secrets, Dirty War, publicado en Londres en 2008.

Rescato este párrafo del final de la nota. Tiene que ver con lo que pasa hoy en la Argentina a la luz de lo que pasaba en aquellos años:
Quienes han abrazado desde la prensa la militancia kirchnerista rechazan el concepto del periodismo norteamericano. Si hubieran vivido en la década del 70 en los Estados Unidos habrían descalificado a Bernstein y a Woodward por abocarse quirúrgicamente al Watergate y no investigar los manejos empresarios del Washington Post. Lo cual resulta, como se ve, completamente ridículo. La independencia es, como la libertad, ciertamente relativa. Pero en determinados estándares podemos ser libres así como podemos ser independientes. Que los anunciantes paguen tu sueldo no significa que representes sus intereses. Un periodista independiente no representa siquiera los intereses de la empresa para la que trabaja. El periodismo independiente es, en sí mismo, una ideología que está más allá de las políticas reinantes.
Cox (y Fernández Díaz) se anima a contar una anécdota que baja a Jacobo Timerman del pedestal de gigante del periodismo donde lo pusieron la historia y la corrección política, quizá a raíz de su secuestro y prisión clandestina en manos de las fuerzas de tareas de la dictadura:
Con ataques de asma y bajo estrés permanente, Cox no se arredraba, a pesar de que sus informantes en el gobierno le advertían: "Piensan que sos un terrorista, Bob". Un día recibió la llamada de Jacobo Timerman: "Dígame una cosa, Cox –le preguntó–. ¿Dónde van a tirar mi cuerpo?". David escribe hoy que esa llamada sorprendió a Bob: "Timerman era el periodista más conocido de la Argentina. La Opinión era un medio controvertido porque, independientemente de su liberalismo editorial, Timerman se esforzaba por cultivar vínculos con los militares para expandir su imperio periodístico. Tenía lazos estrechos con la Junta, tal como los había tenido con los regímenes anteriores. Poco antes se había negado a recibir a los miembros de la delegación enviada por Amnistía Internacional a la Argentina para informar sobre abusos contra los derechos humanos".
Me consta esa actitud de Timerman, dispuesto a vender su pluma al mejor postor. Pero esta es otra historia.

Algo más: al leer el artículo de Fernández Díaz me entero de que Hermenegildo Sábat estuvo preso por pensar en tiempos de la dictadura. Sábat nunca lo va a decir pero ¿lo saben los Kirchner?
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