domingo, 22 de agosto de 2010

Lo mejor que nos puede pasar

Acabo de comprar Clarín, La Nación y Perfil en el quiosco de la esquina de mi casa. La canillita me pregunta qué pasa y yo le pregunto por qué.
—Se llevan todos los diarios. Hoy todo el mundo quiere La Nación y Perfil o Clarín y Perfil. Mire, son las diez de la mañana y casi no me queda Perfil.
—¿Y estos de acá abajo? le pregunto mientras hurgo en la pila y pellizco los del gobierno.
—A esos no los quiere nadie. No vendo ni uno.
—Bueno. Eso es lo que pasa. La gente quiere saber la verdad.
Le explico que hoy es un día para leer los diarios en Buenos Aires. Y también que el poder apuesta más fuerte cuando menos le queda y que los diarios del gobierno son como los vendedores de armas: cuando hay guerras, las aprovechan; cuando no, las provocan.

Vienen días duros para el periodismo en la Argentina. Pero eso no es una novedad.

La novedad es que serán días fantásticos, de esos que se recuerdan para siempre. El periodismo se templa cuando tiene que defender las libertades. No hay mejores días que los heroicos para los periodistas de verdad.

Entonces el periodismo cumple su papel primordial y la gente sabe quién es quien, a pesar de sus flaquezas.

El periodismo no es de papel. Es de sangre y fuego.

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