viernes, 9 de julio de 2010

Salvemos el fútbol de los diarios

Las crónicas sobre la selección española de fútbol acabarán en ensayos de sociología y/o ciencia política. Se ve venir a medida que el equipo mejora su juego y avanza a la final. Es triste que el periodismo acabe muriendo en esas playas. Perdemos todos.

Tuvo uno ayer un momento de esperanza. Esta vez podría no ser así: solo los tabloides nacionalistas despachaban su [sobre]dosis de patriotina –y así siguen. No se puede esperar otra cosa: esa perorata no requiere ni pensar ni enviado especial. Es barata y rápida: basta presionar la víscera adecuada y ya.

Pero hoy… ¡bum! Decepción. Ya ven lo que hacen en sus portadas/tapas El País y El Mundo –este último más adolescente, como siempre:
El País… qué desaguisado. Lo que viene en portada remeda toda la literatura sobre la Francia mestiza, multicolor, arcoiris, etc. a propósito de aquella selección que venció el Mundial de 1998. Es terrible. En aquel Mundial de Francia se decidió que ese había sido el factor clave de la victoria. A los periodistas, que somos progres por defecto, nos gustó más ese argumento que atribuir la victoria de los bleus a la migraña –o lo que fuera– de Ronaldo, que acompañó a la empanada de la canarinha ese día.

Desde luego, hay que reconocer que el argumento sociopolítico tiene más épica y más brillo. Tienen que entenderlo. Los periodistas deportivos sufren en silencio el desprecio subterráneo de tantos redactores de internacional, política, economía, ciencia… Ese Mundial fue la ocasión de redimirse: su periodismo podía ser tan profundo, analítico y supercalifragilísticoespialidoso como el de esos sesudos colegas de otras secciones. Los de Deportes también olemos a Eau de Lyotard o Fragrance d'Habermas y no a sudor y pie.

O sea, que España puede ganar un Mundial debido a que es "un modelo colectivo de equipo sin guerra de banderas", según la portada de El País. Será por eso.

Pero usted no sabe lo peor. Resulta que esa portada/tapa no tiene nada que ver con lo que explica José Sámano en páginas interiores. Lo vuelve todo del revés. El portadista no leyó la crónica o la leyó en su previa deformación o tiró de su memoria de 1998 o todo junto. Pero lo que cuenta Sámano con su estricta poesía es todo lo contrario. Y sin dar gato por liebre, que es como muchos se negocian estos complicados días, donde no hay fútbol pero la expectación hierve. Hay hambre y no hay vianda. Y escribir de fútbol sin competición mediante y los protagonistas ocultos es una tortura. Si encima el periodista se exige, ni les cuento. Es el drama de la espera.

El portadista lo arruinó todo: quiso hacer alta sociología y se perdió lo que le contaba su enviado, el que está allí, viéndolo, el que sabe. Qué lástima. ¿No será que ganan porque juegan al fútbol trabajándose la suerte del otro día, con un talento que no dan ni las banderas ni el pasaporte ni la tierra? Y eso es lo que dice la crónica, además:
Quedan algunos focos de resistencia carroñera, pero España, un equipo, sin más, se ha sacudido la caspa. Su bandera es el buen fútbol, un estilo, una forma de conciliar a favor de una causa común, sin partidas de nacimiento por el medio. Vive de espaldas a los torticeros que escrutan a los que pestañean cuando suena el himno, que pasan revista a quienes se doblan las medias un centímetro por encima del rojo o el amarillo. Estos chicos solo quieren ganar un Mundial, por ellos y por la felicidad que despiertan en todos los rincones, sin politiqueos. España no solo ha ganado un equipo delicioso, sino que se ha despojado de tanta casquería. La selección es ahora un ventilador, sin hojarascas en el entorno, sin tanto cainita alrededor.
Sí, Sámano. Quedan algunos focos de resistencia carroñera. Consuelo: los peores están fuera de tu diario:
No todo es política, señores de las portadas, ni pueden encajar todo en sus manías y su estrechez. Quiten sus manazas del fútbol [y de José Sámano]. Déjennos vivir, carajo.
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