domingo, 18 de julio de 2010

Cree el ladrón...

No estoy tachando de ladrones a los dueños de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) de la Argentina. Sólo me sirvo del dicho castellano cree el ladrón que son todos de su condición para explicarme la solicitada publicada hoy a toda página en la 11 de La Nación de Buenos Aires y en otros 20 diarios de la Argentina (clic para leer).

Bastan los signos de interrogación del título para sospechar que su ataque a La Nación tiene origen en los vínculos de YPF con el poder.

El texto de la solicitada no aparece en el sitio web de La Nación ni en el de YPF (que ilustra su sala de prensa con un lector de La Nación -> ver más abajo). La copia de la solicitada está tomada del blog Señales.

Puede leer aquí la respuesta de La Nación y aquí el intercambio de cartas entre Julio Saguier y Enrique Eskenazi a las que alude la solicitada de YPF. Y el editorial del domingo pasado (11 de julio), Capitalismo de amigos, en el que La Nación dedica a YPF los párrafos que enfurecieron a los Eskenazi más que las once notas de Carlos Pagni:
La urgencia por contar, como sea, con una "burguesía nacional" no sólo presenta deficiencias lógicas. En estos años, tampoco ha funcionado en la práctica. Tal vez el caso más notorio sea el de la transferencia de una parte de YPF a Petersen Energía, una sociedad de propietarios argentinos, la familia Eskenazi, dueña también del Banco de Santa Cruz y otros bancos provinciales.

La razón última por la que se había alentado la venta de esos activos a un grupo local fue que, de ese modo, se incrementaría la inversión petrolera. Pero sucedió todo lo contrario. YPF viene invirtiendo, si se comparan rentabilidades y precios de productos, mucho menos que en los años 90. Además, los socios se reparten en dividendos la mayor parte de las utilidades, sobre todo para que el grupo argentino pueda pagar con esos dividendos las acciones que compró. La antítesis del riesgo empresarial.
Si se ha animado a leerlo todo, ya se habrá formado usted su propio juicio. Ahora le digo por qué titulé así esta entrada.

Es evidente la discriminación de la pauta publicitaria de YPF (y no solo de YPF). Si es una empresa privada, está en su derecho de hacer con su publicidad lo que les dé la gana y poner avisos dónde sea. También el presidente de la S.A. La Nación está en su derecho de advertir al vicepresidente de YPF lo que está sucediendo y de intentar conseguir una publicidad que le es esquiva (el presidente de YPF es el de Repsol, Antonio Brufau Niubó, que no se mete en estos líos argentinos y deja hacer a los Eskenazi, que llevan sin contratiempos la complicada relación con los Kirchner mientras embolsan los dividendos que le permitan comprar a Repsol lo que pagó un mal día por YPF).

La extorsión de la prensa a YPF solo cabe en la cabeza de los dueños argentinos de YPF, porque es lo que ellos harían si tuvieran un periódico.

NOTA: el intento de ensuciar con antisemitismo a La Nación es vomitivo y de baja estofa. Además de ser absolutamente inverosímil e imposible, tiene la huella dactilar del poder.
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