viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes, un periodista

Murió hoy. Lo mejor que pueden hacer para conocer al periodista es leer a José Francisco Sánchez, que es el que más sabe de la cosa. Lean Los temas periodísticos de Miguel Delibes en Comunicación y Sociedad. Si les abre el apetito tienen otras 278 páginas más del mismo autor y asunto en Miguel Delibes, periodista, Barcelona, Destino, 1989.

No sé nada de Delibes. Le he leído siete u ocho libros, uno de ellos –Cinco horas con Mario–cuando empezaba a tratar en serio con la literatura, a los 16 o 17 años y porque era obligatorio en la escuela. Me admiró la capacidad creativa del autor para fabricar esos personajes. Vaya, casualidades de la adolescencia. Luego vinieron, seguidos, El Camino, Las Ratas… Ya no me impresionaron tanto. No estuve a la altura, no sé.

Sí me impresionó su argumento en defensa del no nacido en este artículo que publicó ABC. Da la vuelta al progresismo frívolo, egoísta y beato de entonces –y de hoy– y una lección de civilidad a la derechona sacristana:
Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
[…] No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.
[El subrayado es mío]
Pocos se acordarán de este grito de Delibes durante estos días. Y aún sirve todo enterito.
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