domingo, 7 de marzo de 2010

La avaricia y la hermandad

Es la dos de La Nación de hoy, el mismo diario que ayer publicaba el aviso a toda página en el que Chile (así, sin más vueltas) agradecía a la Argentina por compartir el dolor y ayudar a levantar la esperanza. Justo un día después aparece esta nota que ni comparte el dolor ni ayuda a la esperanza. Comenta HII que Chile se habrá arrepentido del aviso... Quizá se haya arrepentido, pero no quiero suponer que se pagaron para evitar notas como la de hoy.

Esos anuncios se publicaron a página completa en todos los diarios del GDA (Grupo de Diarios América) y parece que se pagaron. En ese caso debo suponer que fue El Mercurio quien gestionó el agradecimiento por igual a Perú, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, México, Ecuador, Brasil, Uruguay...

Y también que este agradecimiento de Chile a Iberoamérica, con todo lo sincero que puede ser, no es más que una pauta conseguida por el GDA para sus diarios asociados. Ahora sí que pienso que si ese espacio no ha sido un gesto de los diarios del GDA -si le han sacado a Chile un solo peso- lo que han hecho no tiene calificativos.

Pero estos avisos y la nota de La Nación me hicieron acordar del mes de enero de 2002 en Chile. La Argentina estaba en lo más profundo de la crisis que se había desatado a mediados de diciembre de 2001. Los presidentes se sucedían por renuncia ante la papa caliente y yo llevaba en la gaveta de mi auto un fajo bien gordo de billetes que no servían para nada (el estado nacional y las provincias habían comenzado a emitir unos papeles que parecían moneda). Por oponerme a bajar el diario a la trinchera política el poder había conseguido expulsarme a fuerza de calentar la cabeza del propietario, quien me pagó con esos billetes más falsos que diente de madera.

Chile era un paraíso de gente encantadora (como lo ha sido siempre), pero me ponía furioso cuando leía los diarios o veía el noticiero en la televisión. Es que era evidente en el tono de las noticias y comentarios cierto regodeo en la crisis del vecino más vecino que puede haber.

No lo podía creer y pensaba que estaban siendo ingratos con un país que, a pesar de las diferencias y en términos generales, siempre amó a sus hermanos chilenos. Chilenos y argentinos tenemos por milagro que en dos siglos de historia independiente nunca hayamos arreglado nuestros conflictos con las armas (y estuvimos a punto varias veces).

Chile y Argentina son dos hermanos siameses unidos por la columna vertebral, pero no son iguales: Chile es pobre y honrado*, forjado por las montañas y el mar. La Argentina es rica y vanidosa y la templan sus propias desdichas. Sus diferencias son su fortaleza: pueden y deben tener destinos comunes y ayudarse mutuamente, siempre. Se pelearán como hermanos que son (que uno no se pelea con desconocidos) para después reconciliarse en el abrazo fecundo de la paz.

La nota de La Nación de hoy, como otras tantas que he visto, oído y leído en los medios argentinos en estos días, me molestan tanto como aquellas de enero de 2002 en Chile.

Todavía no sé si es rivalidad, celos o envidia. Hasta le doy la posibilidad al periodismo liso y llano. Pero me lo estoy pensando.

*La expresión es de PZ, un amigo chileno.
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