sábado, 5 de septiembre de 2009

Políticamente cretinos

La Biblioteca de Brooklyn, en NY, ha retirado Tintín en el Congo por racista. Explica Francesc Peirón que quienes deseen leerlo deben rellenar una instancia, como si fueran a consultar un documento clasificado, peligroso para la seguridad nacional.

En julio de 2007, la Comisión para la Igualdad Racial británica recomendó eliminar ese cómic de las librerías. Y al respecto escribí en el diario de mi pueblo (que es más bonito que el tuyo) esta columna, que por primera vez en la historia se ofrece en castellano:
Qué cretinos! Ahora quieren prohibir Tintín en el Congo por racista. Lo exige la Comisión británica para la Igualdad Racial, para quien el cómic incluye “groseros estereotipos raciales”.

Qué cretinos.

Han pedido a las librerías Borders que retiren el álbum de sus estantes. Ya lo vendían a la sección Adultos con esta etiqueta: “el cómic contiene “estereotipos burgueses y paternalistas de la época [Hergé lo dibujó en 1930], interpretación que algunos lectores podrían encontrar ofensiva”.

Qué cretinos.

Me he criado con Tintín y Asterix. En casa nos los sabemos de memoria. Vean: ¡Tintín es un gran enemigo de las injusticias! En El Loto Azul ayuda un chico chino de los invasores japoneses. En El Templo del Sol, salva a un niño indio maltratado por dos criollos. En Las Joyas de la Castafiore defiende la dignidad de los gitanos. En Tintín en el País de los Soviets denuncia la represión y miseria en la URSS; en Tintín en América, la discriminación de los indios; en La Oreja Rota, la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia, instigada por las petroleras; en El Cetro de Ottokar y El Asunto Tornasol, la expansión del III Reich. Pone en solfa la guerra fría (Objetivo: La Luna y Caminamos Sobre La Luna), desvela la trola de los populismos sudamericanos (Tintín y Los Pícaros) y ataca el comercio de esclavos (Stock de Coque) con escenas parecidas al actual tráfico de inmigrantes.

Tintín denuncia la pasividad de la sociedad y festeja al hombre comprometido. Quizás no les gustan estos ideales. Muy bien. Pero que dejen de decirnos qué podemos y no podemos leer. Son tan estúpidamente correctos que nos prohibirán leer Tirant Lo Blanc [el Mío Cid catalán, N del B] por las palabras que dedica a los musulmanes.

El capitán Haddock les diría: ¡ectoplasmas!, ¡bachibozuks!, ¡zopencos!, ¡alcornoques!, ¡ceporros!, ¡anacolutos!, ¡antropófagos! ¡sietemesinos en salsa tártara! Yo digo: qué cretinos.
PS: Siscu Peirón será el mejor corresponsal de la historia de La Vanguardia en Nueva York. Ya lo verán.
Publicar un comentario en la entrada