lunes, 14 de septiembre de 2009

Renunciar al periodismo

Avui abre hoy Local con un reportaje sobre el inmenso caos de motos aparcadas en las aceras de Barcelona. Se titula, muy apropiadamente, Selva de motos.

Es mentira. Basta pasear por la ciudad –toda la ciudad– para advertir que eso ocurre entre poco y poquísimo. Y de cómo las motos desahogan el tráfico –comentario típico de tantísimos forasteros.
Dice el repor, con afán de que nos llevemos las manos a la cabeza, que 287.284 motos disputan las 42.023 plazas de aparcamiento de la ciudad. ¡Cielos! ¡Faltan 245.261 plazas! ¡Apocalipsis motociclista!

Ridículo. Patético. ¿Todas las motos, todos los días, a todas las horas… aparcan en la ciudad? ¿Son las motos de la ciudad o de la provincia? ¿Todas las registradas en Barcelona ciudad circulan en la ciudad o en el área metropolitana? ¿Casi 300.000 motos en una urbe de 1,5 millones de almas, una moto cada cinco barceloneses?

Más adelante dice que se imponen 3.500 multas al año por incumplir la ordenanza, la misma que permite aparcar la moto en la acera en según que condiciones. O sea, a este ritmo, necesitaríamos 82 años para multar a todas y cada una de las motos de la ciudad una vez. Extraordinario. ¡Qué motociclistas cívicos! ¿No es eso más noticia?

¿A qué viene el escándalo de Avui, entonces?

Pues a que se la han colado. Todo el reportaje es pura propaganda municipal. El objetivo es intoxicar al público y hacerle creer que los motociclistas son unos salvajes incívicos, que debemos modificar la ordenanza y hacerles pagar por aparcar la moto en la calle, como ya se hace con los coches (pago=zona azul).

Es la crisis. El Ayuntamiento necesita ingresos. Multipliquen las 42.023 plazas por 10€/día. ¡No! Por cinco. Unos 60 millones de euros al año.

El timing es perfecto. En una ciudad cabreada por la desidia municipal –que entre otras cosas permite uno de los mayores prostíbulos al aire libre del mundo– desviar parte de la ira popular hacia las motos encubre el afán recaudatorio oficial y desacredita cualquier protesta.

Y no me llamen fulano. Para empezar, no se cita/n la/s fuente/s de los datos y el único que habla en el repor es el concejal/edil de Movilidad. Cualquiera con más de seis meses de periodismo profesional sabe qué significa eso.

El concejal pone de ejemplo de mala convivencia con las motos el barrio de Gràcia. ¡Por favor! en ese distrito los incívicos campan a sus anchas. Durante las fiestas, su comportamiento ejemplar incluye desde mearse en la calle hasta enfrentarse a la Guardia Urbana de madrugada, borrachos, incendiando contenedores. Todos los años.

Nadie se escandaliza de que el concejal sea un caradura sino de que el diario publique sus mixtificaciones sin más ni más, renunciando al periodismo.

¿Que cómo sabe uno todo eso? Porque La Vanguardia publica un breve oficialesco, que les dejo acá abajo, y ustedes, que ya son mayores, se darán cuenta solitos de lo mismo que uno. Al menos acéptenme que el mínimo profesional exigía hacer unas preguntas al concejal. De esas que cabrean.

Ni uno ni otro diario han sabido sumar 2+2 y se han perdido la noticia o se han dejado intoxicar o no les importa o todo a la vez. Genial.

PS: Sí, sí, sí. Voy en moto por Barcelona.
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