jueves, 7 de octubre de 2010

El periodismo que hacemos hoy

Por fin. Dos reporteros de tomo y lomo firman hoy en La Vanguardia una información que desvela una Barcelona tan verdadera como la de los libros de arquitectura y urbanismo. Amplía lo publicado ayer en El País. Es así: la Justicia investiga una red gansteril que usaba la extorsión y el soborno para obtener licencias municipales y que amenazó de muerte a la ex concejal de Ciutat Vella y a su equipo. En la investigación aparecen algunos cargos municipales. Ciutat Vella es el distrito que incluye el casco antiguo de Barcelona.

La concejal, una mujer valiente, dimitió el pasado 16 de mayo "por motivos personales". Semanas más tarde, cambió de casa.

Digo por fin porque esta misma historia me la contaron en… una capital centroeuropea en… junio de 2009. Hace un año y tres meses. Quien lo hizo abundó en algunos detalles, como el contenido de la nota que dejaron en casa de la concejal tras uno de los asaltos que sufrió –mi interlocutor habló de dos, los mismos que señala La Vanguardia. Alguno de los presentes comentó: ¡Qué asuntazo! ¿Cómo no sale en los diarios? Respuesta: ella dice que busca un periodista que maneje el caso y no lo encuentra.

Me dejó fundido. ¿Tenía base la desconfianza de la edil? ¿Tan mal estamos?

Sí, no estamos bien. Este caso es todo un parte médico del estado semiruinoso del periodismo local en esta capital.

El 16 de mayo, día de la dimisión de la concejala, se lee en lavanguardia.es:
La arquitecta, elegida concejala en las elecciones del 2007 en las listas del PSC, ha asegurado que deja el cargo porque no le es posible seguir trabajando "de la misma manera" y con las mismas fuerzas para afrontar los problemas del distrito y que se trata de un acto "íntimo de responsabilidad" con ella misma.

González renuncia al cargo al día siguiente de presentar el proyecto del plan del barrio del Raval, uno de los objetivos más deseados. El alcalde Hereu ha explicado que ha aceptado la renuncia de Itziar González porque "a nadie se le puede exigir que asuma hasta las últimas consecuencias" una implicación personal como la que ha tenido la concejala que en estos 3 años, en que "lo ha dejado todo por Ciutat Vella".
Ese día, elpaís.com, explicaba mejor las razones técnicas de la dimisión:
La complejidad de trazar un plan de usos para el problemático distrito […] enfrentamientos con el equipo de gobierno municipal en relación con otros proyectos, como el hotel del Palau de la Música, actualmente paralizado [este asunto es hoy el centro de otro caso de corrupción]. Además, el equipo de gobierno del alcalde Jordi Hereu descartó el mes pasado incluir los prostíbulos en el plan de usos de Ciutat Vella, lo que echó para atrás una nueva regulación de los meublés, una de las iniciativas estrella de la concejala.
Luego, silencio. Apenas apareció en la web del Ayuntamiento, como lamentaba al día siguiente un blog alternativo. ¿"Acto íntimo de responsabilidad"? ¿"Hasta las últimas consecuencias"? ¿Es normal, habitual, ordinario explicar una dimisión con estos conceptos? ¿No llaman la atención?

El 28 de mayo, una autoridad sobre el área, la propietaria de un excelente y veteranísimo restaurante del barrio –de clientela informada, bohemia y con posibles– revelaba que la concejal había dimitido después de "ser amenazada de muerte porque empezó a rascar". También lo contó así a La Vanguardia por esas fechas [no sé encontrar el enlace].

La restauradora, que no es persona impresionable, ofrecía tantísimas pistas sobre lo que ocurre en el barrio que, bueno, sorprende cómo pasó desapercibida. No es raro. Lo mismo ignoraron otras declaraciones suyas a La Vanguardia del 29 de octubre de 2009, mucho antes:
Nos han robado la Rambla. Nos la han robado porque los propietarios de algunos lugares emblemáticos vieron una maleta llena de dinero y la aceptaron. A mí también me la ofrecieron, pero no la acepté, como tampoco Jaume Doncos, de Casa Beethoven. Cuando estos grupos de presión, estas mafias, se han incrustado de una manera tan contundente…, no es fácil sacarlos. Hemos de conseguir que la Rambla vuelva a estar en manos de gente de aquí porque nadie ama más su calle que el autóctono. O esto, o que se marquen unas pautas y se obligue a cumplirlas a todo el mundo a rajatabla.
¿Rascar? ¿Rascar qué? ¿Maletas llenas de dinero? ¿Mafias? ¿Grupos de presión? Nah. Nadie se movió en octubre de 2009 ni tampoco en mayo de 2010.

El 4 de julio de 2010, esta pieza en otro blog alternativo, daba más pistas y ponía más contexto a la cosa.

Y nadie se movió. Quizá si hubieran convocado una rueda de prensa…

Claro, ahora se entiende todo mejor. Porque después de la guerra todos somos generales. También se entiende la respuesta de mi interlocutor ("no encuentra periodista que maneje este asunto"). En otras palabras: no se fiaba. Y a su desconfianza no le faltaba argumento.

¿Y por qué aparece ahora este cenagal? En primer lugar porque existe un sumario de ocho tomos con una investigación que ya han hecho los jueces. Siempre es más cómodo: sólo tienes que leer y resumir el trabajo de otros. Y luego, bueno… me pregunto si tiene algo que ver la cercanía de las elecciones municipales.

Perdone toda esta fantasmada. Son reflexiones a raíz de un hecho casual ocurrido a miles de kilómetros de Barcelona. No tiene ninguna importancia. En cambio, sí la tiene que haya pasado más de un año desde que una figura del barrio denunciara sobornos y mafias y más de cuatro meses de la dimisión de la concejala-presidenta del distrito más conflictivo de la ciudad "por un acto íntimo de responsabilidad" (toma ya) sin que ni un solo diario de Barcelona investigara nada. ¿No se extrañó ningún periodista, ninguno se sorprendió ni le suscitó una duda, un resquemor…? Conozco a algunos y… no me lo creo. Sería como fallar un elefante a cuatro metros de distancia con un antiaéreo del 88. El asunto está diciendo "¡Investígueme!" a gritos.

¿Será que no los dejaron moverse? No sé. Pasa a veces.

A ver si en días sucesivos, además de políticos y cargos municipales, aparecen en la prensa el hotelero y el diseñador a los que se llamó al orden por sus operaciones inmobiliarias en el distrito. O si se sigue hasta el final la cadena de suministro natural y lógica de los lateros, los vendedores ilegales de cerveza de la zona. Y las mafias. Y los grupos de presión.

Uno espera mucho, la verdad. Espera que siga el trabajo de periodismo prócer de hoy. Que no acabe todo en un escandalete victoriano alrededor de unas modestas fotos de prostitución al aire libre en la Rambla o de un cambalache para recalificar un edificio junto al Palau de la Música de escuela a hotel.

Es que si no… vendrá lo peor: que los medios –especialmente los diarios– de tanto silbar y mirar al techo, no se dan cuenta de que pierden su credibilidad a chorros. Que la gente no es burra y nos damos cuenta. Y cuando la credibilidad sale por la ventana, los lectores se van por la puerta. ¿Tendrán que conformarse con los blogs antisistema?

Uno de los autores del reportaje de hoy decía (mp3) esta mañana: "El Ayuntamiento perdió el control del distrito hace tiempo". Sí. Los periodistas también.

[La imagen de la página de La Vanguardia ha sido editada para acercar el texto a la cabecera]
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