domingo, 3 de octubre de 2010

La prensa gratuita y la hermanitas de la caridad

Todos los próceres americanos han puesto a la prensa en un sitial esencial para las instituciones democráticas y republicanas, empezando por Thomas Jefferson, que se sentía más cómodo en una tiranía con prensa libre que en una democracia sin periodistas. Ahora ha sido José Mujica, presidente del Uruguay, quien acaba de asegurar que la mejor ley de prensa es la que no existe.

No sé si es por eso que hace tiempo que comparo a los medios de comunicación, pero sobre todo a los periódicos diarios, con otras instituciones de nuestras repúblicas de la América mestiza. Como Mujica o Jefferson, a mí tampoco me caben dudas de la condición esencial del periodismo en la defensa de las libertades públicas, en el control de los poderes, en la vigilancia de la gestión del gobierno, en el servicio constante a los ciudadanos y también a quienes ejercen con honestidad el poder.

Hay una antigua institución muy parecida a los periódicos, aunque es bastante anterior a nuestras democracias tal como las conocemos. Es la Universidad. La libertad de cátedra, la creación de inteligencia colectiva, el servicio a la sociedad y la formación del ser de las personas tienen una similitud casi espejada con la prensa independiente. Quizá por eso no me explico por qué a algunos académicos les puede costar entender esa libertad, ese servicio y esa misión excelsas. Y concluyo que quizá sea porque esos profesores son más autoritarios que académicos.

Pero la universidad no es la única institución parecida a los periódicos. Ahora, a raíz del debate entre los contenidos de pago y los gratuitos, o entre los que discuten si puede o no puede haber periodismo sin fines de lucro, me suelo imaginar a los periódicos como casas de comida. Es entonces cuando me pregunto si iría a comer a la fila de los homeless en el convento de las Esclavas de los Sagrados Corazones. Allí las monjitas dan de comer todos los días a una larga fila de desheredados que viven de la caridad en las calles de Buenos Aires. Nunca probé esa pitanza, pero la supongo suculenta y amable, como solo lo puede conseguir la caridad infinita de esas buenas hermanas.

La gratuidad ¿mejora o empeora el gusto de la comida? Les aseguro que agrega vértigo, aunque no sé si catalogarlo de dulce o salado. Lo supe un día que decidí probar que se podía comer gratis en los Estados Unidos: me colaba en los restaurantes de los hoteles cinco estrellas de Miami y comía a mis anchas como si fuera uno más de los pasajeros alojados en el hotel. Nadie pregunta nada si uno lo hace con decisión y está más o menos limpio y arreglado (ya lo de peinado no corre). Pero la mayoría de nosotros, cuando decidimos comer afuera de casa, elegimos el restaurante, pagamos lo que comemos y dejamos propina a los mozos que nos han servido. Y algo más que tiene un interés muy especial para la prensa: elegimos casi siempre el mismo restaurante.

¿Por qué pagamos un restaurante si las monjitas dan de comer gratis? Ya. Está bien. Hay otras razones. Entonces hagamos la pregunta de otro modo: ¿Por qué elegimos a veces Burger King y otras La Bourgogne? ¿Por qué pagamos contentos un buen vino tinto y nos molesta que nos cobren una cerveza mal enfriada? La metáfora del restaurante se aplica casi perfecta al periodismo y a la industria de los periódicos. Sin ser adivino ni hacer curso de mago estoy en condiciones de asegurar que habrá periódicos sin fines de lucro el día que los restaurantes sean todos propiedad de las Esclavas de los Sagrados Corazones.

Así son los periódicos. Como restaurantes y como universidades. Los elegimos por su calidad y por el producto que nos dan, elaborado para nosotros con toda la pasión del mundo. Los buenos periódicos, como los buenos restaurantes y las buenas universidades, son también buenos negocios. Y también hay buenas universidades y buenos medios de comunicación del estado y sin fines de lucro, igual que se puede comer donde las monjitas de la plaza Vicente López o robar desayunos en los hoteles de Miami.

¿Cuál es mejor la universidad y el mejor almuerzo?

La respuesta es muy sencilla: depende de lo que elija el respetable público, soberano mandante del gobierno, de la educación, de los almuerzos y de información pública. Claro, en un sistema democrático y republicano. Como el nuestro.

(Este artículo se publicó el viernes pasado en El Universo de Guayaquil. Solo modifiqué algunos términos y el título).

El pago, garantía de credibilidad, en Paper Papers, 27/9/10

5 comentarios:

Anónimo dijo...

me pregunto quién discute "si puede o no puede haber periodismo sin fines de lucro". por supuesto que un periódico –gratuito o no- tiene, salvo excepciones, ánimo de lucro (y mucho!, añadiría). no sé por qué surge esta cuestión en torno a la prensa: ¿se paga por ver la tele o la radio? no. ¿es determinante eso en su calidad? no. lo determinante no es que sea de pago o no, sino quién, con qué intenciones, con qué conocimientos está detrás de un medio. las universidades públicas españolas están en quiebra y sigo confiando en ellas. la mejor paella que he comido ha sido gratis: la hace mi suegro

JCD dijo...

buen tip el de comer gratis en hoteles de EEUU

GP dijo...

¿Qué haces cuando quieres comer otra cosa?

Joe dijo...

Excelente Gonzalo la comparación, muy clara.
Estoy yendo a EEUU en días, intentaré desayunar gratis...

O Terorr do paper Papers dijo...

No se puede negar que la prensa gratuita ha incorporado lectores el problema esta en por que los diarios de pago no lo han sabido aprovechar cuando el comensal, quiere mas infomacion, mas profundidad, mas noticias.

No se si tiene que ver con esto pero les paso el dato por si no lo vieron

http://www.nytimesknownow.com/

The New York Times ofrece un cruso en linea de periodismo ciudadano. Cuesta 175 u$s. Esto se llama inteligencia.