sábado, 30 de octubre de 2010

La maldición del fotógrafo de agencia

Quiero decirle algo muy terminante. Es opinión modesta pero contundente: esta es la mejor foto que he podido ver entre las que ayer se tomaron:

MARTÍN ACOSTA / Reuters
Esta imagen cuenta el 80% o más de lo que ayer afloró en la Argentina. Y a la vista de la falta de palabras para explicar todo ese momento complejísimo, los diarios optaron mal por el topicazo de despacho ("adiós", "congoja", "multitud"), en lugar de usar imágenes así. Nadie la editó en la tapa salvo Crónica, pequeña. Estoy seguro de que es así porque "no es nuestra". Entonces, como "no es nuestra", ponemos una "nuestra" peor o no tan buena. Pero "nuestra". Que se jorobe la gente. O bien: "la tiene todo el mundo, no la ponemos".

El caso es que Perfil y La Nación la llevan dentro a tamaño gigantesco –o sea: saben que es un fotón como un castillo.

Es la maldición del fotógrafo de agencia y de la foto de agencia. Una injusticia. No tiene sentido. Protesto.

Estos han sido días para dejar hablar a las imágenes, no para la verborragia hueca –esas televisiones que retransmitían el duelo en directo.

Todos admitimos la muerte. Es parte de nuestra vida. Pero no es cosa fácil de entender ni asunto cómodo de hablar. Quizá por eso siempre resulta tan difícil, dificilísima, de explicar. Reconocemos que la muerte imprevista es sobrecogedora y, sin embargo, no hallamos nada nuevo que decir. Porque lo tenemos claro: la parca nos hace a todos cadáveres por igual. Todos somos el mismo cadáver. Y ahí las palabras no llegan. No sirve de nada narrar lo que se ve porque lo que realmente pasa no se ve. En cambio, imágenes mudas, como la de Martín Acosta, corren más profundo. Explican por empatía, sin razón ni argumentos, lo que bulle por dentro y no se puede, no se debe o no se sabe explicar.
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