jueves, 2 de septiembre de 2010

Monumento a Magnetto

Creo que fue el lunes que oí a Elisa Carrió hablar del monumento a Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín, blanco de la furia del matrimonio gobernante en la Argentina. Compruebo que cuando se refieren a Magnetto en buenos términos (cuando no lo insultan), todos, también Elisa Carrió en esa ocasión, se esfuerzan por excusar su mención anunciando que no lo conocen, que nunca o casi nunca lo vieron, que no es santo de su devoción o cosas por el estilo.

Ahora quiero hablar yo de Héctor Magnetto y aclaro que tampoco lo conozco ni leí El hombre de Clarín, la biografía autorizada escrita por José Ignacio López. Apenas le he dado la mano un par de veces en encuentros casuales con varias personas. Solo una vez me lo impidió un gerente de Clarín a quien prefiero no identificar. Sé que es un hombre de perfil bajo y conozco a varias personas que trabajan a su lado. Nunca nadie de los que lo conocen me habló mal de él ni en público ni en privado. La última vez que lo saludé estaba visiblemente enfermo y a la vez visiblemente fuerte y hablaba gracias a un artilugio colocado en su garganta.

Esa fortaleza de Héctor Magnetto me sigue sorprendiendo hoy, cuando lleva en silencio a la vez su lucha contra el cáncer y la pelea con un poder que lo ataca por todos los flancos con una ferocidad descomunal. Pero lo curioso de este ataque es que está borrando sus errores del pasado, los que todos conocemos y los que no, pero que él mismo reconocerá a estas alturas como una equivocación. Jorge Lanata, Jorge Fontevecchia, Elisa Carrió y tantos otros ya se han puesto del lado del débil. Es que no solo es la parte débil: es quien defiende -con todas sus fuerzas y en una pelea desigual- la libertad de la que todos vamos a disfrutar si no pierde la pelea.

El último acto fue la denuncia de la presidenta contra Papel Prensa del martes 24. Ese día Clarín y La Nación le devolvieron el golpe a Kirchner aprovechando la misma potencia con la que venía, como si fuera una toma de judo. Los durmieron en la lona. Ahora hay que esperar el próximo acto y después el siguiente, porque a esta historia todavía le faltan unos cuantos.

Solo quería avisar que si esto sigue así, vamos a tener que lanzar una suscripción pública para levantar el monumento a Magnetto. Mientras no aparezca otro lugar propongo la plaza principal de Chivilcoy, su ciudad natal.

Ya hemos dicho también en este blog que algún día tendremos que agradecer a los que abusaron del poder que hayan despertado al periodismo. Pero a esos solo les tocará el homenaje del olvido.
Publicar un comentario en la entrada