viernes, 30 de octubre de 2009

La lección de Miranda Priestly

Me invitaron a exponer en el Programa de Gestión de Contenidos de la Universidad Austral de Buenos Aires. Buena e interesante conversación con profesionales del negocio de los medios. Les hablé del Negocio del Periodismo y les mostré los capítulos 8 y 9 de The Devil Wears Prada, de David Frankel (2006). Esas escenas contienen la definición más cabal del Negocio del Periodismo:

Andrea Sachs (Anne Hathaway) se ríe porque le parecen iguales dos cinturones que sostiene una estilista para la que son completamente distintos. Miranda Priestly (Meryl Streep) la editora de la revista Runway le explica a su nueva secretaria que fue allí donde se decidió un par de años atrás el color cerúleo del sweater ordinario que tiene puesto y que compró en una mesa de saldos de una tienda de cuarta. Meryl Streep representa a Anna Wintour, la glamorosa y legendaria editora de Vogue, la revista que decide en una sola edición, la de septiembre, lo que se pondrá el mundo ese año y los siguientes.

Hay quienes saben aprovechar la energía descomunal que desatan los periodistas, pero son pocos. El resto piensa que eso puede hacerse con pasantes o data entries y fracasan (y le echan la culpa a internet o a que ya la gente no lee).

Y les repetí algo que suelo decir seguido: el dinero es como el amor, el sueño o el trabajo: aparece cuando uno no lo busca. Los fundadores de los diarios no querían ganar dinero. Querían cambiar el mundo y por eso ganaron dinero y fundaron grandes empresas.

Y terminé optimista: el periodismo en Argentina y en América latina tiene la oportunidad histórica de volver a fundar naciones. En esa encrucijada lo pone el poder despótico que se está convirtiendo en una pesadilla en algunas de nuestras repúblicas.
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