viernes, 9 de abril de 2010

Watergate, Wikileaks: alguien que me explique

¿Cuál es la diferencia entre Garganta Profunda/ The Washington Post y el Pentágono y WikiLeaks? La periodismofobia.

Los periodismófobos –los resentidos con el periodismo y los periodistas, los hooligans 3.0– aprovechan el caso para castigar, despreciar y ridiculizar al periodismo. Preguntan con socarronería: Por-Qué-No-Le-Han-Dado-el vídeo-A-Reuters,-a-AP-o-al-NYT-y-Se-Lo-Ofrecieron-a-WikiLeaks-Que-Son-Unos-Desconocidos-Jé-Jé-Jú-Jú. Qué cansancio.

[El vídeo, Collateral Murder, muestra como un helicóptero militar norteamericano mata fríamente a una docena de personas, entre ellas un fotógrafo y un conductor de Reuters. Se tomó en Irak en 2007. Reuters pidió oficialmente esa información para aclarar el caso. El Pentágono se la negó alegando que los soldados actuaron de acuerdo con las normas de combate vigentes].

Para empezar, WikiLeaks no es de ayer –quizá sus palmeros sí y por eso se caen ahora del guindo. Ese sitio publica revelaciones sensacionales desde 2006. Un montón –las más jugosas– tienen que ver con el Pentágono. Qué casualidad. Ya ven: sólo hace falta sumar dos y dos para darse cuenta de Por-Qué-No-Le-Han-Dado-El-Vídeo-A-Reuters, etc. ¿Qué creen, que WikiLeaks no hace periodismo, que no tiene fuentes, que no se ensucia las manos (¡Puaj! dice el periodismófobo desde su atmósfera estéril), que no edita (Collateral Murder viene bastante editado)?

¿Creen que filtraron el vídeo a Wikileaks porque son todos aficionados a la Sam Adams o porque comparten servidor o porque son fieles de la Iglesia del Paraíso Digital Ciudadano o del lobby Acabemos Con las Mediaciones? Anda ya.

Wikileaks está en plena campaña de recaudación de fondos. La exposición pública que han ganado les vendrá muy bien. Una exposición que no conseguirían con lo que publican ordinariamente, que no es nada del otro mundo: unos correos electrónicos de Sarah Palin, papeleo de la Cienciología, la declaración de renta de Wesley Snipes (¿de quién?)…

También han publicado las normas de combate y unos cuantos inventarios del ejército norteamericano en Irak. Vaya.

Ni los inventarios ni las rules of engagement de los Marines (en plata: el manual para abatir al enemigo) son nada criminal.

Tampoco son nada que me guste. Pero la cuestión no es si la guerra o los ejércitos son justos, injustos o mediopensionistas. La cuestión es ¿a quién ayuda publicar todo eso? A los marines seguro que no. Quizá a la cuenta corriente de Julian Assange, fundador de WikiLeaks. Perdonen mi mala leche, pero me gustaría ver por el ojo de la cerradura cómo Assange explica a los padres de los soldados en Irak que la democracia, la libertad, etc. mejoran cuando se pone en riesgo la vida de sus hijos. ¿Son esos chicos culpables del oscurantismo del Pentágono y de la guerra injusta en Irak? ¿Quien paga la valentía de WikiLeaks?

Los periodistas, ya ven, siempre con la manía de preguntar.

En fin. No nos desesperemos. Algunos ha que han aprovechado el puenteo a los medios tradicionales en este caso para reflexionar, aprender y proponer:
“Es bueno que exista un canal de confianza y que pueda ser difícilmente manipulado para publicar información fiable. Pero hay una diferencia entre lo que legalmente puedes hacer, lo que técnicamente puedes hacer y lo que debes hacer”.
Este aserto es de Lawrence Lessig, profe de Derecho de Harvard a quien tópicamente describiríamos como progresista –ustedes perdonen–, entrevistado por Mother Jones, revista muy poco sospechosa.

El trabajo de WikiLeaks –tantas veces excelente– ¿no debería ayudarnos a eliminar esta obsesión tan periodística de mirarnos el ombligo? Sí, es difícil, ya sé, ya sé. Watergate hizo creer a tres generaciones de periodistas que los héroes éramos nosotros, los mensajeros. Que no teníamos límites ni freno.

Aprendimos la lección equivocada.

Vean. El año pasado murió W. Mark Felt, la Garganta Profunda de Watergate. Felt era entonces el número 2 del FBI. Ahí es nada. Su identidad sólo la conocía Woodward, y sólo él, hasta que el propio Felt se descubrió unos meses antes de su muerte. Felt se tomaba su trabajo de policía muy en serio. Woodward, Bernstein, Sussman, Simons y Bradlee se toman muy en serio el suyo como periodistas. Por eso confiaban unos en otros, porque todos se sabían servidores públicos, es decir, del pueblo. Esa es la lección de Watergate.

Así ocurre hoy ¿verdad? ¿O no?

Y un mensaje para los hooligans 3.0: ¡Tontorrones! Habéis hecho más noticia, más blogs y más tuits con WikiLeaks que con la muerte del fotógrafo y del conductor de Reuters, que estaban allí para… informar a los ciudadanos de atrocidades como la que les costó la vida. ¡Qué contraste su sacrificio con vuestra superficialidad, vuestro resentimiento y vuestro elitismo!

Más información: Who Whatches WikiLeaks?, de Chris McGreal en The Guardian.

Actualización del 10 de abril: Entrevista en El País a Daniel Schmitt, portavoz de WikiLeaks:
"Recibimos muchas filtraciones del Ejército de EE UU"
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