jueves, 8 de abril de 2010

Embrollo totalitario en El Telégrafo

Explicar que lo que uno hace no es censura es como tener que asegurar que no te ponen los cuernos cuando se ven a simple vista. Eso le pasa a El Telégrafo de hoy en este asombroso editorial en el que justifica la censura con la confidencialidad [<- clic amplía]. No es que algunos de sus ex empleados violaron ningún pacto de confidencialidad: los echaron por escribir en contra del gobierno. Además la confidencialidad se puede pactar entre ciudadanos libres y en la vida privada, no entre el diario público y funcionarios públicos, pagados con dinero público (estarían violando otra norma del sistema republicano que es la transparencia de los actos de gobierno y la obligatoria rendición de cuentas por esos actos).

Para colmo, en su comunicado de hoy el directorio de El Telégrafo intenta explicar a la opinión pública que los otros medios no tienen por qué meterse en los asuntos del diario. Confiesan que la auditoría interna está a cargo ¡de la Contraloría General del Estado! (de nuevo nuestra plata). Y a la vez que se queja de las desautorizaciones de los otros medios... desautoriza a los otros medios. Están en un embrollo totalitario de primera magnitud.

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