martes, 27 de marzo de 2012

Los 20 Malofiej y el futuro de la infografía


Terminó la intensísima semana de los Premios Malofiej de Infografía, edición número 20, que me tuvo como jurado en Pamplona y luego en Madrid entre el sábado 17 y ahora mismo, que acabo de llegar a Buenos Aires. Esto es un comentario sobre los premios, sobre el estado actual de la infografía y su futuro. Pueden encontrar excelentes comentarios en blogs de otros jurados como Bryan Christie, Sheila Pontis o Andy Kirk y hasta algunas presentaciones como la de Moritz Stefaner, Mario Tascón y el mismo Andy Kirk (prometo agregar las otras que encuentre).

1. Los premios. En la página de los Malofiej20 están los ganadores. No los juzgo porque ya lo hizo un cuerpo colegiado que los eligió a pesar de sus diferencias y luego de largas discusiones. Pero quiero decir cinco cosas con el único ánimo de mejorar los premios y su servicio a la infografía:

a. Los premios Malofiej se otorgan a los mejores infográficos del mundo… que se presentaron a los premios Malofiej. Ocurre con casi todos los premios que conozco. No hay otro modo de premiar a nada ni a nadie si no hay postulaciones propias o ajenas o si no se envían los trabajos para su consideración. Y ya se sabe el principio elemental de la lotería: el que seguro no la gana es el que no compra billete.

Hay muy buenos trabajos que no ganan premios porque no se presentan. Es una lástima. Algunos aducen que no tienen dinero o tiempo para prepararlos y me consta que es una tarea bastante pesada y que hay que contar con un dinerillo extra. Para colmo muchas empresas no apoyan a sus empleados para hacerlo, por lo que a veces tienen que solventar con su propio billete los entries que, de ganar, darán lustre al periódico que no los apoyó. Ayer mismo estuve viendo un trabajo interactivo para smartphones y tabletas, que merece oro como un castillo, cuyo autor no lo piensa enviar a pesar de trabajar para un medio de primer orden mundial.

b. Los premios son proporcionales a los jurados. Si hay mayoría de anglosajones es más fácil que se premie a los anglosajones. Esto es natural: aunque la sede sea la Universidad de Navarra, en España, los premios se juran en inglés y cualquier jurado que no sea angloparlante debe saber inglés suficiente para no quedar afuera de las discusiones. No ocurre lo mismo al revés: para un inglés, alemán, norteamericano, austríaco o noruego, el castellano o el portugués son idiomas tan intrincados como para nosotros el árabe o el ruso. Es una realidad, no un juicio y no quiere decir que los gráficos premiados no sean los mejores. Lo que quiero decir es que es muy difícil que pasen los dos cortes clasificatorios muy buenos gráficos de periódicos latinoamericanos, portugueses, españoles, italianos, franceses, alemanes, chinos, rusos o de países árabes.

¿Cómo se contrarresta esta tendencia? Con tamaño, sobre todo y primero que nada. Caballo grande aunque no ande dicen que decía ahora no me acuerdo quién del grupo Recoletos. Y con cantidad: The New York Times, el diario Al Bayan de Dubai (EAU) o la revista InGraphics de Alemania envían los mismos entries para todas las categorías donde las pueden colar. Creo que esto no debería permitirse; pero mientras se permita, en alguna categoría consiguen pasar los cortes y en la discusión pueden ganar. Esto supone dinero, que es un gasto a veces elevado para el candidato y sobre todo un recurso muy necesario para la organización de los premios...


c. El sistema de votaciones no permite discutir ni hacer lobby por un entry hasta después de ese segundo corte. Primero se vota para descartar trabajos y basta con la mitad de los votos del jurado para hacerlo. Luego se vota al revés, sobre los candidatos que quedaron (el 25 % más o menos): los votos de la mitad de los jurados les permite quedarse para la discusión final, que sí se hace de viva voz y se vota a mano alzada. En las dos primeras votaciones se caen trabajos magníficos, que quizá merecían premios mejores de los que al final se otorgan. En el momento de la discusión solo se puede convencer a los otros jueces sobre las virtudes o defectos del gráfico en cuestión: pero entonces los que cayeron en los dos descartes ya no existen.

d. Por las reglas de los premios Malofiej, cuando uno de los jurados está vinculado a un entry debe abstenerse de votar. Entonces se reduce el número de votos necesarios para pasar los cortes o ganar las medallas de oro, plata o bronce. Esto le da una ventaja a los medios representados en el jurado, ya que necesitan menos votos para conseguir premios. No solo eso: creo que si un compañero de jurado, con el que estás conviviendo toda una semana, debe ausentarse para una votación, influye decisivamente a favor de su trabajo en esa votación.

e. La infografía (ya saben que no me gusta esa palabra) se trata de periodismo visual. Es un lenguaje periodístico (no un género) tan antiguo como los periódicos, que se disparó en la prensa a partir de los primeros Macintosh. Los Malofiej son a la infografía lo que la World Press Photo es al fotoperiodismo. Lo que hacemos en los periódicos hace casi 200 años es lo mismo que hacemos ahora: ensamblar en las páginas textos, fotos y dibujos (los dibujos en prensa son anteriores a las fotografías). Solo que hace por lo menos 25 años la herramienta es la misma para los tres lenguajes.

Resulta que a los premios llegan cantidad de entries que no tienen nada que ver con las noticias ni con el periodismo, aunque estén en periódicos. Es el caso de unos cuantos gráficos de uno los grandes infografistas de hoy, Luis Chumpitaz, o de muchos de la National Geographic Magazine, que tiene a otro de los grandes, Juan Velasco, o de la revista alemana InGraphics, dedicada a los infográficos y no a las noticias. Todos excelentes trabajos, pero de periodismo poco o nada. No se debería premiar el Descubrimiento de América, Como murió Jesús o una magnífica serie sobre los Trabajos de Hércules, sencillamente porque no es periodismo.

Resultaría muy interesante establecer por lo menos un par de grandes categorías noticiosas universales para unos premios importantes: acontecimientos sobre los que casi todos informan en el mundo: la boda del príncipe Guillermo (un acontecimiento previsto) o el tsunami de Japón (no previsto). Para el año que viene una categoría cantada puede ser un gráfico específico sobre los juegos olímpicos de Londres.

2. La infografía de hoy no es la de antes y esto es una lástima. Jaime Serra recibió en la cena final, la del viernes, el premio al gráfico más influyente de estos 20 años –La ballena franca (arriba)– y se llevó también el diploma al dibujante de prensa más influyente en estos cuatro lustros. Ese trabajo y otros por el estilo se publicaron en las dobles centrales de Viva, la revista dominical del diario Clarín. Conozco la historia de la ballena y sé que ese gráfico tenían una razón periodística evidente, pero si no la tuviera no cambia lo que quiero decir: Jaime impuso un estilo que ya parece no interesar a nadie. Hoy día los gráficos que gustan –o por lo menos gustaron a la mayoría de los jurados– son expresiones visuales de datos: globos, barras, líneas, relaciones, comparaciones, muñecos, puntos y más puntos. Nada de edificios cortados para mostrar su interior, barcos con cubiertas transparentes, acontecimientos paso a paso, dibujos frescos que muestran cómo ocurrió lo que ocurrió… Una desgracia, provocada de nuevo por las tecnologías, como cuando empezamos con esto, que parecía que los únicos gráficos que existían eran los confeccionados en Macintosh (me pasó en un jurado de la SND en Syracuse hace muchos años, que desechaban los que no estaban hechos en computadoras).

Jaime Serra y todos los grandes de aquella época (los que hicieron grande la infografía, hasta el año 2000 más o menos) contaban historias con gráficos. No seguían el paradigma falso del show don’t tell sino el verdadero del tell it visually (gracias MRA por la idea). Esos gráficos, que todavía aparecen tímidamente en algunos entries, no tuvieron gran éxito en la competencia de este año y muchos ni los envían porque saben que pierden el tiempo. Y sin embargo todos creemos que son los mejores. Una lástima porque los Malofiej muestran el camino y provocarán cada vez más show don’t tell y menos tell it visually.

3. El futuro de la infografía. Ya dije que show don’t tell es solo una frase bonita que no dice nada. Vale tanto para un lado como para el otro: tell don’t show. Lo que hacemos los periodistas es contar historias, por lo que pedirnos don’t tell es por lo menos un mal consejo. Lo que deben hacer los periodistas visuales es contar historias visualmente y no comparar datos visualmente con cuadros, tartas, globos o barras. Peor todavía cuando ni siquiera los comparamos y publicamos a página completa la cara de un inocente hecha con puntitos que representan la cantidad de días que pasó en la cárcel (es un bronce de esta edición, lo siento, no cumplí mi promesa...).

La infografía debe apartarse del paradigma del show don’t tell y volver a contar historias con dibujos, fotos y textos que es lo que hace un periódico. La infografía es todo lo que hace un periódico: periodismo visual. Siempre que haya una página, en papel, en la pantalla de un ordenador, en una tableta o en un smartphone, hacemos lo mismo (solo se agrega el movimiento en los medios digitales).


Creo que hay que buscar el futuro de la infografía en la columna diaria Ver entre líneas de Público de Madrid, que recibió un premio post mortem; en la de Il Corriere Della Sera (Orizzonti Nuovi Linguaggi que aporta la agencia Density Design); en la columna Jaime Serra de algunos domingos en La Vanguardia de Barcelona (arriba) o en la columna visual de la página 2 de los sábados en La Nación de Buenos Aires (abajo; clic > amplía). Ellos están –o estaban- contando historias de otro modo, visualmente, con ganas de innovar, con fuerza y con emoción. Son mensajes de verdad, editoriales, fuertes, conmovedores: nada más que periodismo.

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