sábado, 5 de marzo de 2011

Todo a estribor

El cambio de rumbo de La Vanguardia cuando nota que el viento electoral muda la dirección es uno de los espectáculos que cualquier amante del periodismo no debe perderse.

No es frecuente. Ocurre irregularmente: cada vez que cambia el ciclo político, cada diez o doce años. A veces más. Ya uno olvidó avisarles de la virada respecto a Catalunya. No pasa nada: estén atentos ahora a la maniobra que definen las elecciones municipales de Abril en Barcelona y las generales españolas, que se celebrarán hacia Marzo de 2012. En ambos casos todo apunta a que la oposición ocupará ambos gobiernos después de 32 y ocho años, respectivamente. Así que… todo a estribor.

La portada/tapa de hoy ya marca con claridad que el diario ha dejado de navegar de través y ya está amurado a estribor, que es por donde sopla, cada vez más fuerte, el viento. Si a partir de hoy van siguiendo por aquí sus títulos de primera podrán intuir cómo esta gran fragata del periodismo vira hasta que puede navegar en popa, con todo el viento a favor. Si pueden leerla, mejor, porque entonces apreciarán la maniobra en todo su esplendor y complejidad, pues involucra a todas las cubiertas del barco y a toda la tripulación, desde las cartas de los lectores a los columnistas.



Otro día les explico por qué esta actitud es formidable y por qué es más importante que en otros diarios que el capitán domine perfectamente este modo de navegar. Por ejemplo para que no ocurra lo de hoy, donde se hace noticia de una profecía que no se explica. Quiero decir: ¿cómo saben que el plan es de dudosa eficacia si aún no está vigente? ¿Por qué dicen que no funcionará antes de contar qué es lo que no funcionará? Se entiende lo que pretende el diario, pero está mal ejecutado. Ese tipo de groserías fastidian un espectáculo tan fenomenal: la gracia del estilo de navegar de La Vanguardia consiste, precisamente, en hacerlo sin brusquedades.

Ya puestos, tampoco tiene sentido ilustrar "La represión sin fin de Gadafi" con la foto de un artillero rebelde en plena faena.

[Para que se queden tranquilos: sólo los despistados entre los lectores de La Vanguardia ignoran que el diario siempre navega así. Nadie se escandaliza. O sea: no se me pongan estupendos.]

4 comentarios:

Mario Benito dijo...

Y a mí que lo que me suele resultar interesante en el periodismo es aquello del "contrapoder"...

Andrea Mingorance dijo...

Cada vez disimulan peor la tendencia a "editorializar" los textos informativos. No sé,seré demasiado ingenua, pero estas cosas me siguen sorprendiendo.

el mejillon suicida. dijo...

Si no colaborases con ARA, ¿competencia? de La Vanguardia, el sentimiento de ajusticiamiento merecido sería total. Pero no le voy a restar empuje a este post, me encanta todo él. Menos cuando criticas la edición gráfica, donde creo que te cebas sin motivo.

Por lo demás, chapeau!

TP dijo...

…es que no es ningún "ajusticiamiento". No hay nada que ajusticiar. La Vanguardia. hace eso desde que dejó de ser diario de partido, en 1888. O sea, de toda la vida. Entiende que esa es la mejor manera de servir a sus lectores. Y es razonable. No digo que guste, sino que es razonable.

Colaboro con Ara semanalmente pero donde aprendí casi todo fue en La Vanguardia. Le debo muchísimo. Y no me quejo de que viren. Ni siquiera me parece feo. Me quejo de que lo hacen con menos estilo que antes, más groseramente. Es normal: hay capitanes con arte y capitanes con menos arte. Quizá es solo nostagia.

Atento al post de mañana sobre este mismo asunto. A ver si logro explicar por qué la manera de navegar de La Vanguardia es razonable y hasta prudente.

Lo que mola, con todo, es tener comentaristas así. Gracias, Mejillón.