martes, 29 de marzo de 2011

Razonamientos adolescentes y bajadas de línea

Supongamos que todos tengan razón. Que los de Clarín son gente perversa del primero al último. Que merezcan el repudio generalizado de la población, del poder, de los sindicatos y hasta de los boy scouts.

Bueno, así y todo, impedir la circulación de un diario, cualquiera que sea, es un acto de censura penado por la ley argentina.

No se puede justificar un delito con otro. Nunca y por ningún motivo.

Por eso no entiendo los razonamientos adolescentes de Víctor Hugo Morales, de Roberto Caballero y de todo el arco –bastante pequeño, por cierto– de periodistas del poder. No dudo de la buena fe de casi todos ellos como tampoco dudo de la de casi todos los que trabajan en Clarín o La Nación. Y tengo certeza de la diferencia abrumadora de audiencias entre unos y otros y del plebiscito diario de los independientes para ganarse el pan. El plebiscito de los empresarios amigos del poder, en cambio, es agradar al poder para cobrarle al poder. Y estoy seguro, pero seguro de verdad, que hay más bajadas de línea en los pasillos de Canal 7, de Tiempo Argentino y de Página 12 que en los de Clarín, La Nación o Perfil.

Necesito que Víctor Hugo Morales me conteste ahora esta pregunta: ¿Por qué el domingo los delegados sindicales de Clarín impidieron la salida de La Nación hasta las 3 de la madrugada?
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