domingo, 1 de noviembre de 2009

Bien La Nación

En medio de las peleas políticas de la Argentina, incomprensibles para nosotros mismos y jeroglíficas supongo para quienes no comparten el karma mayúsculo de ser argentinos, la columna de hoy de Joaquín Morales Solá es análisis político superlativo. Eso es periodismo y esa es la misión de un diario como La Nación. También las historias de los sábados de Jorge Fernández Díaz valen con creces el precio del ejemplar.

En una de esas librerías increíbles de Buenos Aires encontré una novela que buscaba hace siglos y que ya creía en el Cementerio de los Libros Olvidados. El precio era una broma, tanto que después de pagarlo le dije al librero que valía muchísimo más que el monto ridículo que acababa de entregarle. Se encogió de hombros como si no le importara vender a precio de ganga sus tesoros mejor guardados. Después pensé que si los libros tuvieran sentimientos preferirían fecundar una inteligencia a quedarse para siempre en el anaquel de una libería y que eso era parte de la explicación de su baratura.

No pondría en internet ni la columna de Morales Solá ni las historias de Jorge Fernández Díaz, por lo menos hasta que los quiosqueros devuelvan sus ejemplares.

Y creo que Morales Solá, igual que Mariano Grondona, pierden en la televisión.

4 comentarios:

Diego Coluccio dijo...

Muy bueno el post. Solo por curiosidad, cuàl era el libro que conseguiste?
Saludos,
Colu

GP dijo...

Fue en la librería El Rio, en San Isidro (calle Acassuso y Martín y Omar). Hurgaba en los estantes de libros usados los sábados a la mañana cuando vivía por allí y compraba las novelas de a cinco, a muy buen precio y con descuento por cantidad. Un día apareció La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, que buscaba hace años. Tiene todavía el precio escrito con lápiz en la primera página: 14 pesos.

TP dijo...

Carajo, Gonzalo. ¿Y cómo leo yo a Don Joaquín o a Jorge? Quita, quita.

GP dijo...

Tienes que esperar sólo 24 horas.