lunes, 16 de noviembre de 2009

Algoritmos y autoridad


Clay Shirky construye un sugestivo concepto (autoridad algorítmica) sobre la confiabilidad de los agregadores –no sólo de noticias– como fuente de información. Concluye:
[…] algorithmic authority handles the “Garbage In, Garbage Out” problem by accepting the garbage as an input, rather than trying to clean the data first; it provides the output to the end user without any human supervisor checking it at the penultimate step; and these processes are eroding the previous institutional monopoly on the kind of authority we are used to in a number of public spheres, including the sphere of news.
Algunas preguntas: ¿En qué posición queda aquí la realidad? ¿Es todavía valioso el viejo modelo donde la autoridad se certifica según la [mejor] adecuación del intelecto a la realidad? ¿O la realidad es fruto de un agregado algorítimico cuya autoridad se certifica por consenso? ¿La basura (irrelevancias, errores, falsedades, impropiedades…) que procesa en el algoritmo no contamina/empobrece el resultado final y deteriora, por tanto, el resultado y vicia el consenso? ¿Qué tamaño debe tener ese consenso para ser tal? ¿La verdad algorítimica es distinta a la realidad? ¿Mejor que la realidad? ¿Peor? Etc.

Sí, ya sé. Esto es muy duro para un lunes por la mañana. Pero es importante. ¿Será noticia aquello que consensuamos que lo es, al margen de su verdad, de su adecuación a la realidad? Vaya. Sospecho que esta es la mejor manera de no enterarse de nada y de debilitar a la ciudadanía poniéndola en manos de los fabricantes de consenso social.

Mil consensos no confieren autoridad y menos a las máquinas.

1 comentario:

Juan dijo...

No, no. El problema aquí no es la realidad, sino la autoridad, la definición de los criterios de comunicación.
Ni la vieja autoridad ni la algorítmica son la representación de la realidad, sino métodos de certificación de su pertinencia, o al menos de su confiabilidad.
En el viejo modelo no se certificaba "según la [mejor] adecuación del intelecto a la realidad" sino según la limitación del acceso a las fuentes y la credibilidad de las más accesibles y cercanas.
El ejemplo es la gran confianza en los medios locales o, en el caso de España y otros países, en la televisión pública.
El error, la incorrección o la manipulación se da igual en ambos casos, lo que cambia es el método de valorar a esos medios.
"¿O la realidad es fruto de un agregado algorítimico cuya autoridad se certifica por consenso?" Por supuesto, siempre ha sido así cuando no hay pluralidad de fuentes ni acceso directo a la información. Pero como bien decía Lippmann, el periodismo no es la realidad, sólo su representación.
Es el viejo pacto de consenso entre medios y público.
La realidad está ahí fuera, otra cosa es cómo la perciben y entiende el público de los medios. Véanse, sin ir más lejos, los recientes ejemplos sobre la corrupción en el PP y la distinta interpretación en los medios.
La basura -el ruido, en teoría de la información- siempre empobrece el resultado. Pero cualitativamente es igual de perniciosa la basura de muchos que la basura de pocos.

Creo que el problema de la propuesta no es la realidad sino la valoración de las fuentes por el público en función de las herramientas de las que dispone. Ahora existen más herramientas que se suman a las tradicionales. No lo olvidemos, en el algoritmo también se incluyen las tradicionales, que en la mayor parte de los caso dominan la representación de la realidad.

No tengo dudas de que la pluralidad y el consenso ayudan a establecer mejores métodos de valoración de los medios, así como a reducir el error en esa valoración. Esas son las dos propuestas de Shirky en estos apuntes.
Otra cosa es si esa valoración sirve para una correcta interpretación de la realidad. Ahí habría que indagar en la pertinencia de la información, su adecuación, rigor, etc.
En ninguno de los dos casos la autoridad es una certificación, sólo una aproximación. El método científico no cabe aquí, como tampoco el ontológico.
Por supuesto que mil consensos confieren autoridad. Lo han hecho siempre, está en el origen de toda teoría social.
Por cierto, esa es la base fundacional de la democracia.
Y como la democracia, cualquier método de validación de la autoridad puede llegar a ser el mejor de los posibles, o el menos malo.
Ahora, cuanto más informado y de calidad sea el consenso, mayor y más pertinente autoridad. Ahí creo que todo el mundo está de acuerdo.
Y ese es el desafío para construir nuevos criterios sociales -como los que siempre han existido aunque no estuvieran en la Red- y una gestión de calidad de la información apoyada en herramientas valiosas.
Ese es el desafío para una cultura y una ciudadanía crítica con capacidad de juzgar lo más certeramente posible la actualidad.