domingo, 7 de febrero de 2010

Clase magistral de TEM

Todo el suplemento adn Cultura de La Nación de Buenos Aires de ayer es para guardar y leer una vez por mes. Transcribe, entre otras, la conferencia que dictó Tomás Eloy Martínez en Bogotá el 28 de junio de 2005, para el coloquio ¿Hacia dónde va el periodismo? Responden los maestros organizado por la CAF (Corporación Andina de Fomento) y la FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano).

Periodismo:
Alguna vez dije que a la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta; no se la aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. El periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni una asesoría para gobernantes ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.
Periodismo ciudadano, espontáneo y todo eso...:
Hacia comienzos de los años noventa, cuando mi país, la Argentina, navegaba en un océano de corrupción, la prensa escrita alcanzó un altísimo nivel de confianza al denunciar con lujo de pruebas y detalles las redes sigilosas con que se tejían los engaños. Eso convirtió a los periodistas en observadores tan eficaces de la realidad que se confiaba en ellos mucho más -y con mucha mayor razón- que en los dictámenes de los jueces. Pero la carnada del éxito atrajo a cardúmenes voraces, y casi no hubo periodista novato que no se transformara de la noche a la mañana en un fiscal vocacional a la busca de corruptos.

Los focos de corrupción aparecieron por todos lados, por supuesto, pero la marea de denuncias fue tan caudalosa que los episodios pequeños acabaron por hacer olvidar los grandes y el sol quedó literalmente tapado por la sombra de un dedo. Disimulados entre los ladrones de diez dólares, los grandes corruptos se escaparon con facilidad por los agujeros que había abierto el ejército de improvisados fiscales.
y esta anécdota de La Nación de ayer, publicada en La Nación de hoy...
el administrador del periódico me convocó a su despacho. Usted sabe que es un empleado, me dijo. Por supuesto, le respondí. ¿Cómo se me ocurriría pensar otra cosa? Y, como empleado, tiene que hacer lo que el diario le mande. Por supuesto, convine. Por eso recibo un salario quincenal. Entonces, a partir de ahora, uno de los secretarios de redacción le indicará lo que tiene que escribir sobre cada una de las películas. Con todo gusto, repliqué. Espero que retiren entonces mi firma. Ah, eso no, dijo el administrador. Si retiramos las firmas, parecería que el diario lo está censurando. Hubiera tenido cien respuestas para esa frase, pero la que preferí fue una, muchísimo más simple. Entonces, no puedo hacer lo que usted me pide. Mi trabajo está en venta, mi firma no.
(pasa en todos los medios cuando mandan los gerentes)

TEM, en Paper Papers, 2/2/10
Tomás Eloy Martínez (1934-2010), en Paper Papers, 1/2/10
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