martes, 26 de enero de 2010

La política se come a la prensa

No sabemos todavía quién va a enterrar el diario La Prensa de Buenos Aires (el 18 de octubre superó los 140 años). Dirán que fue Perón o Clarín, pero esas son causas externas que se padecen como un terremoto y no son excusa para lo que pasó en los 80. En esos años del final de la última dictadura militar y comienzo del gobierno de Raúl Alfonsín también se terminó la dinastía Paz y el tamaño estándar para La Prensa.

Jesús Iglesias Rouco y Manfred Schönfeld pudieron sobre Máximo Gaínza Paz y convirtieron el periódico en una trinchera en la que solo importaban sus columnas diarias. Muchos compraban el diario por esas columnas. El mismo ejemplar de La Prensa podía defender al general Ramón Camps y publicar una lista de desaparecidos a la que nadie se animaba. Y un día se acabaron las columnas: Schönfeld se murió y Rouco se tuvo que volver a España perseguido por sus mismas palabras.

En ese entonces La Prensa ya había dejado de ser el gran diario de la clase media Argentina porque no supo o no pudo recuperar los anuncios ni los lectores. Roberto Noble había fundado Clarín en agosto de 1945 y entre 1951 y 1956 se le dió la oportunidad de meterlo en el hueco que dejó en el mercado la confiscación de La Prensa.

La Nación, fundado apenas unos meses después que La Prensa el 4 de enero de 1870, se mantuvo como el diario de referencia de Buenos Aires y de la Argentina, un lugar del que nunca se bajó ni debería bajarse en el futuro.
Publicar un comentario en la entrada