sábado, 7 de enero de 2012

Si todos mintieran no habría prensa

Léalo completo. Es de lo más lúcido que he leído sobre la prensa y el poder político en la Argentina de hoy. Es la columna de Jorge Lanata en en Perfil de hoy.
El kirchnerismo ha logrado imponer lo que ya parece un paradigma cultural: los periodistas somos una especie de cagatintas incapaces de pensamiento propio y que obedecemos a rajatabla a los intereses espurios de las empresas. Los periodistas críticos, claro, no los obsecuentes. En el fondo, proyectan: creen que los demás deben responder a lo que ellos piensan de su propia tropa. ¿Entonces el periodismo es prístino, puro y desinteresado? Tampoco. En una Argentina corrupta, los periodistas son tan corruptos como los políticos o los peluqueros: el país tiene un alto grado de tolerancia a la corrupción; hay notas que se venden, lobbys que se llevan adelante, mentiras pagas y mentiras gratuitas. Pero no son, ni de lejos, la mayoría, como sucede en el país, repleto de gente honesta que trabaja por dos pesos y se jubila por uno, y donde un porcentaje –generalmente vinculado al poder– hace sus negocios. Si todos robaran, no habría Argentina; del mismo modo que si todos mintieran, no habría prensa.
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