martes, 17 de enero de 2012

¿En qué quedamos Rafael Correa?

Quizá mañana tenga lugar la audiencia en la Corte Nacional de Justicia de Quito, que tiene que decidir sobre la validez o nulidad de la sentencia de primera instancia, confirmada por la segunda, que condena a tres años de prisión y 40 millones de dólares a Emilio Palacio, a los tres hermanos propietarios del periódico y a la Compañía Anónima El Universo, por el contenido de una columna de Emilio Palacio publicada en la página de opinión de la edición del 6 de febrero del año pasado.

En caso de confirmarse la sentencia y de que el señor Correa no desista y otorgue un perdón final, los hermanos Pérez deberán afrontar esa prisión y pagar esa indemnización al Presidente del Ecuador. Después apelarán a las instancias internacionales, que les darán la justicia que su país les niega. Pero no recuperarán el tiempo ni esta y otras humillaciones a las que los viene sometiendo Correa desde hace mucho tiempo.

Agrego, además, que el mismo Correa quiere que los juzgue esta Corte a la que ha denunciado muchas veces por corrupta, tanto que activó los mecanismos para reemplazarla por otra elegida por oposiciones y que tomará posesión en los próximos días.

Como se ve, es una guerra de nervios. El presidente espera que los Pérez abandonen el país para decir al Ecuador y al mundo que son culpables. Ellos siguen en el Ecuador dispuestos a afrontar las consecuencias con la valentía de los verdaderos inocentes. Una paradoja: si se van, son culpables pero zafan de la cárcel. Si se quedan, son inocentes pero marchan presos. Es una persecución política que ha llevado a los hermanos Pérez hasta el fondo de la cueva del oso, que tiene la zarpa preparada.

Es un dicho argentino un poco fuerte: la gata Flora nunca está contenta, a veces chilla y otras llora. La moraleja es idéntica a palo porque bogas, palo porque no bogas. De la gata Flora me acuerdo cuando pienso en el presidente Rafael Correa y este ataque al periodismo del Ecuador, que el Washington Post ha calificado como the most comprehensive and ruthless assault on free media underway in the Western Hemisphere.

Es que la sentencia condena por injurias a Emilio Palacio, autor de la columna, y a los hermanos Pérez y la empresa (caso increíble) por coadyuvar a la comisión del crimen. Rafael Correa los condena por no haber censurado a Palacio y a la vez condena a los periodistas que se dejan censurar por sus patrones, como en el caso de Xavier Lasso. No solo ocurre esto entre Correa y el periodismo ecuatoriano; también Néstor Kirchner o su viuda interpelaron a los periodistas las escasísimas veces que se enfrentaron con ellos con un "no ta van a dejar decir esto" o frases por el estilo.

¿En qué quedamos entonces? ¿Bajamos línea o dejamos que escriban lo que quieran?
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