miércoles, 10 de septiembre de 2008

Yo también hago demagogia

Leo en Avui que el Gobierno de la Generalitat de Catalunya regalará una suscripción anual gratis a los 67.400 catalanes que cumplen 18 años en 2008. Los agraciados podrán elegir uno de los 65 diarios y revistas ofrecidos por el Govern en su sitio web.
Genial.
Este es el Govern que viene otorgando ayudas a fondo perdido –hasta 13 millones de euros– a empresas rentables para proyectos titulados "Agenda de la internacionalización", "Edición europea" o "Refuerzo estratégico del negocio de las revistas".
Las empresas más beneficiadas son siempre de dos tipos:
—Los más poderosos (me pueden hacer pupa).
—Los adictos (me ayudan a seguir en el machito).
Trece millones de euros es una poca cosa aún para el presupuesto de un país pequeño. Pero bastan para difuminar algunas oposiciones, reforzar algunas lealtades y comprometer a más de un profesional.
En fin, ahora, por lo menos, el destino de la plata lo decidirán esos jóvenes.
No estoy de acuerdo. Ya sé que es una pequeñez (nos costará unos 1,2 millones de euros). Pero no logrará nada: ni mejorará la economía de los medios ni tampoco "impulsará la lectura como via de conocimiento por parte de la ciudadanía" ni "mejorará el hábito y la competencia lectora en cualquier soporte, promoviendo especialmente la lectura de prensa en lengua catalana".
Es dinero perdido, malgastado.
Es una pésima decisión de gobierno.
No lo lograrían ni 1.112 millones.
El hábito lector se gana en dos lugares:
—En la familia. Y ahora recuerdo con una punta de pena el berrinche que nos agarramos con mi hermana M. cuando mis padres, en 1972 ó 1973, nos avisaron de que los Reyes Magos habían traído una colección de libros. Qué tontos fuimos.
—En la escuela, sobre todo. En Catalunya, este año, se impartirán clases en 967 barracones, 165 más que el curso pasado. Sí, de acuerdo: el dinero de las suscripciones gratis no arregla eso. Pero ayuda a hacerse una idea de qué lleva un Gobierno en la cabeza.
Mi objetivo no es mi Gobierno. Ni digo nada de la familia. Digo: no puedo acordarme de la última vez que las empresas informativas o las patronales o sindicatos del sector se preocuparon en serio de la escuela y de la educación, que es donde se fabrican los lectores del futuro.
Allá ellos. Pero luego que no se quejen.
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