domingo, 3 de agosto de 2008

Mediocridad del periodismo argentino

No entiendo ni cómo ni por qué los periodistas van a una conferencia de prensa en la que no se puede preguntar. En realidad nunca entendí por qué van a cualquier rueda de prensa. Y siempre me gustó la actitud de El País de Madrid de no asistir a esas reuniones destinadas a meter por la fuerza temas propios en las agendas de los medios.

La de ayer a la tarde en la quinta de Olivos fue pantomima y los periodistas la comparsa. No se podía preguntar: solo darle un tema a la presidente argentina para que abunde en su discurso de siempre, plagado sofismas y descalificaciones. Mientras esto oía, el periodista no podía decir esta boca es mía. Cuando le pidieron su opinión sobre la encuesta de Poliarquía que publicó ayer La Nación, contestó que las encuestas tienen relación con la línea editorial del diario y que ella tiene sus propias encuestas que dicen otra cosa. Nadie le preguntó quién le hace esos estudios y no le aclaró que, por sus mismas palabras, son menos confiables todavía las que le hacen a medida de su línea editorial. Pero así fueron casi todas las preguntas y las respuestas no contestaban a la pregunta salvo dos excepciones: "volvería a hacer todo igual" y "no" cuando le preguntaron si iba a hacer más cambios. En la sucesión de preguntas mecharon periodistas alcahuetes con independientes, por lo que nadie exigió la respuesta evadida al anterior. Y así, todo. Mal, mal, mal. Horriblemente mal.

La reunión fue de una mediocridad aplastante en los periodistas y en los funcionarios. Hasta los corresponsales extranjeros se enmarañaron en la misma ineficacia periodística (deben estar mandando pasantes a la Argentina). Mentiras, lobby, palabras huecas y sonrisas forzadas.

Al gobierno le sobra con la mediocridad del periodismo argentino.

Está bueno el comentario de Martín Caparrós en Crítica de hoy: Chistes.
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