jueves, 24 de julio de 2008

La agenda de los gratuitos

No funcionan los gratuitos sin agenda propia. No sirven si traen lo mismo que los noticieros de la radio y la televisión. Y un gratuito afín al gobierno, en el que es el poder quien dicta la agenda, está condenado al destino del panfleto: no le interesará a nadie. Los posibles lectores lo rechazarán como una molestia. Ayer remarcaba que en pleno centro de Buenos Aires la mayoría de los peatones no aceptaban los ejemplares que les ofrecían los repartidores de El Argentino y lo diferenciaba con el que me dió una ocasional promotora de La Razón, la azafata del vuelo de Austral que me trajo a Posadas (paradoja: Austral y Aerolíneas Argentinas acaban de volver a poder del estado argentino).

Si Sergio Szploski quiere publicidad no oficial deberá fortalecer la agenda propia, la primicia y la exclusiva. Pero no se pueden conseguir scoops refritando otros medios del mismo grupo, igual que hace La Razón. Además en esa batalla La Razón gana porque tiene mucha más materia prima para refritar. Si quieren mantenerse en el mercado y conseguir más publicidad que la del gobierno, deben invertir en periodismo. Por ahora no está en sus planes y mientras El Argentino no lo haga, el Grupo Clarín solo gastará en papel para mantener La Razón en la calle solo mientras dure el experimento o la paciencia del gobierno (o Enrique Albistur -que tiene los días contados- en la Secretaría de Medios).

Aclaro que El Argentino tiene ayer una página de Megatone (electrodomésticos), media de Noblex, una de La Caja (ahorro y seguro) y robapágina del Banco de la Nación (gobierno). Mucho más que La Razón, plagado de anuncios del propio grupo. En el ejemplar de El Argentino del martes hay un faldón de Finansur (banco), una página de Telecom, faldón de MacDonald, media del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y robapágina de Presidencia de la Nación. Los robapágina -que dejan solo una L de una columna y cinco módulos para contenido editorial- parecen la señal del pacto de Szpolski con el gobierno. Lo que no conocemos es la tarifa (en el interior al gobierno se le cobra más de tres veces el precio de lista).
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