domingo, 27 de febrero de 2011

Rídículo del periodismo pijo, cheto, pituco, gomelo, sifrino, fresa

En el avión me regalan uno de esos catálogos de frivolidades llamadas Revistas Femeninas de Alta Gama. Uno no logra entender por qué en esos mensuales las mujeres son tratadas como trofeos de lujo: colgadores de ropa, soportes de joyas, superficies de decoración, objetos sexuales… Todo muy de organza y oro blanco, por supuesto. ¿Será que quienes las hacen son así o tienen ese concepto de ellas mismas? Llaman a eso estilo, glamur, etc. No sé. Quizá no estoy a la altura de ese periodismo.

Viene este mes una pieza titulada "Retrato de un viejo [fotógrafo] verde". Una periodista con nombre de ave quiere retratar á-la-Talese a un anciano fotógrafo de modas de los 50 y 60 al que no avergüenza mostrar su decrepitud. Al parecer, necesita trabajo. Ya se sabe, cuando el hambre aprieta no hay vergüenza ni miedo. Sin ir más lejos, mire lo que viene pasando en Túnez, Egipto, Libia…

El reportaje desprende la ilusión impostada del encuentro con el falso mito y una descarada superficialidad, como es habitual en el género. No falta el calificativo de "seductor", que atribuido a un varón de 82 años viene a ser lo mismo que llamar "simpática" a una mujer de 22. Lo mejor, con todo, es la tópica capacidad de la reportera para asombrarse con falso escándalo (ella diría delicioso susto o así) de las variadas groserías y vaciedades que le cuenta el vanidoso retratista. Es tan cómico…

Me acordé de una historieta que me contó el padre de un amigo, de 70 años. Se encontró en una tienda con su viejo amigo en tiempos del internado. No se veían hacía décadas. Se saludaron y le preguntó qué tal. El otro, poniendo la palma de la mano perpendicular a la hebilla del cinturón, respondió:
—De aquí para arriba, fatal. De aquí para abajo, como un chaval, oye.
El padre de mi amigo, que es hombre cabal y sensatísimo, le retrucó:
—Fulanito, he venido a saludarte porque fuimos amigos, no para que me cuentes trolas [mentiras].
Para evitar este tipo de sospechas razonables sobre su personaje, la periodista ejecuta hacia el cuarto párrafo un recurso canónico entre los escribidores. Consiste en asegurar al lector que su personaje no tiene los defectos que sería natural suponerle dadas sus condiciones físicas, sociales, profesionales y tal. La edad, por ejemplo. Muchos años hacen malo al testigo, pues el tiempo emborrona el pasado, esos hechos ya lejanos del presente durante el que se evocan. También indica la imposibilidad física de algunos comportamientos que se afirman del protagonista y que son ordinariamente improbables debido a los naturales achaques de la madurez, etc.

Es un método clásico: para que la gente siga mordiendo el anzuelo tu reportaje debe ser creíble, comenzando por sus protas. Nuestra periodista lo resuelve así:
O* (siempre nombre de pila, por supuesto, porquenosconocemosdetodalavidasabes?) hace estas reflexiones en voz alta hojeando uno de sus libros de fotografía […], en el que aparece (sic) una serie de mascotas con sus amos bajo la irónica mirada de O*. Muchas de estas páginas llevan anotaciones a lápiz o post it amarillos con sus comentarios: 'Esta es muy pija', "A este lo paré por la calle", "¿Sabías que las hormigas cultivan sus propios huertos?"… Tiene una memoria lúcida, y lo mismo repasa anécdotas de hace 40 años que me muestra lo que lleva en la cartera […].
¿Qué tiene que ver la lucidez de la memoria con mostrar lo que se lleva en la cartera? En fin. El personaje y la periodista transforman un recurso en fullería, pues en el siguiente párrafo se les ve el plumero:
Pero yo, como Fidel [Castro], no sé mandar […], dice, recordando a continuación su periplo por Cuba junto al dictador. "Fui en el año 57 con JAG* para hacer un libro, pero me eché una novia y me quedé unos meses. Fidel era simpático conmigo y me encargó organizar a los españoles e italianos para un festival de canción protesta. Un día íbamos por un ministerio […]
En el año 57 Fidel no iba por ningún ministerio. Esto es seguro. Todo lo demás… ya no sé. ¿Habrá que desconfiar de la "lúcida memoria" del personaje, de la periodista o la de ambos? ¿Es solo una demostración más de la "irónica mirada" del fotógrafo? ¿Se despistó la editora del texto? ¿Es un mero error de tipeo? ¿La entrevista con el abuelo fue un amasijo de incoherencias y el imposible quita-corta-pega de la edición mezcló una anécdota del año 57 con un paseo de Fidel por un ministerio y un festival de canción protesta? ¿Se derramó el Veuve Clicquot sobre los originales, que la mayordoma no pudo limpiar con el pañuelo de seda y hubo que reconstruirlos de memoria, sabes?

[No enlazo porque la revista en cuestión publica sólo un blog]

PD: Un señor (o señora) que dice que "Fidel no sabe mandar" o no sabe quién es Fidel o no sabe qué es mandar. O ambas cosas.
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