sábado, 1 de junio de 2013

El último mohicano: Ruy Mesquita (1925-2013)


Llega uno tarde. Pero llega. "Doutor Ruy" era el Director de O Estado de São Paulo, en el sentido que se es Director en muchos países de América: el dueño, o uno de los dueños, que ejerce como Publisher. En este caso, además, dirigía desde 1996 la sección de Opinión ("Notas & Informações"), que está completamente separada, incluso físicamente, del resto de la redacción, al estilo de su admirado The New York Times. Era el último reducto ejecutivo de los Mesquita en Estadão desde que se apartaron, por decisión propia, de cualquier puesto de gestión.

Dirigió la reunión con los editorialistas hasta el día antes de su muerte. Y tenía 88 años. Era un periodista, no un patrón. Eso ponía en su tarjeta de visita y así se presentaba: "jornalista". Y punto. Punto.

Estas figuras de la aristocracia del periodismo solo las ha conocido uno en América Latina. Propietarios y directores que manejan los diarios privilegiando su misión y su carácter antes que la cuenta de resultados. Todo eso con todas sus consecuencias incluidas… todas las consecuencias: censura, ruina, excentricidades, trifulcas y valentías. Etcétera. Él mismo, sin modestia, se llamaba "o ultimo moicano". Tenía razón. Con su muerte se rompió el molde.

Uno ha leído las críticas a la persona, claro. Todas tan mezquinas. Me ha venido a la cabeza "La Reina", la película de Stephen Frears que retrata a Isabel II durante los días de la muerte de Diana de Gales. Concretamente, la frase con que Tony Blair pega en la cabeza de su jefe de prensa, Alastair Campbell, cuando este se queja de la frialdad de la soberana:
When you get it wrong, you really get it wrong. That woman has given her whole life in service to her people, 50 years doing the job. She never wanted a job she watched kill her father. She's executed it with honour, dignity, and as far as I could tell, without a single blemish. And now we're all baying for her blood! All because she's struggling to lead the world in mourning for someone who threw everything she offered back in her face, and who for the last few years seemed committed 24/7 to destroying everything she holds most dear.
Ruy Mesquita lo mismo. Cumplió de sobra. Su lugar está ahora en el panteón de próceres del Brasil contemporáneo.

En Esta Casa ya hicimos un bárbaro homenaje a Jornal da Tarde cuando cerró. Bien. Él fue quien auspició ese diario rebelde e innovador. Sirva ese homenaje para celebrar a Dr. Ruy.

Recomiendo, sobre todo, las piezas de Sandro Vaia, fe-no-me-nal, y de Luís Nassif. También valen la pena las de Roberto Salone y de José Serra.

Obrigado, Dr Ruy!
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