viernes, 28 de junio de 2013

Pésimos consejos de la Deutsche Welle


Hay un principio no escrito del derecho que dice que cuantas menos leyes, mejor. Se aplica a las leyes en general y a cada una en particular, pero especialmente a las fundamentales. Sospeche de las leyes interminables, sobre todo de una constitución larga, de esas que tienen tantos artículos que se contradicen o esconden trampas para casos particulares.

En eso pensaba cuando leí estas increíbles ¡20 reglas! que recomienda Simon P. Balzert para publicar fotos violentas difundidas por la Deutsche Welle Akademie para América Latina. Destaco las cuatro primeras (una obvia y las otras antiperiodismo): si quiere publicar buenas fotos, haga todo lo contrario:
1. Antes de publicar una fotografía, el periodista debe asegurarse de que transmite información relevante, presenta una situación o describe una injusticia que merece la pena ser contada, y que no se imprime como un fin en sí misma, para el entretenimiento o por motivos meramente ópticos.
Ya...
2. Antes de publicar una fotografía, el periodista debe comprobar si es posible narrar por escrito los hechos que cuenta la imagen con la misma intensidad y, en consecuencia, si es posible prescindir de la foto. 
¡No señor! Si una foto lo muestra, no hay nada que contar. Apenas una leyenda para anclar el sentido de la foto. Y si no se puede mostrar ¿por qué sí se puede contar?
3. El periodista ha de seleccionar aquellas fotografías que más emocionen al lector pero menos le impacten. La ropa ensangrentada de un menor muerto puede aclarar lo suficiente, sin que se haga imprescindible exponer su cadáver.
¡Haga todo lo contrario! Impacte a sus lectores. Si no mostramos las consecuencias de la violencia, no terminaremos nunca con la violencia.
4. En periodista tiene que utilizar la misma vara de medir para todas las fotos violentas, independientemente de que hayan sido tomadas en el país propio o en el extranjero. Así, se evitan prejuicios racistas acerca de lugares y culturas lejanos y ajenos.
¡Es al revés! Lo local es casi la esencia del interés de las historias y es lo que buscan los lectores. Nunca el periodista debe medir nada con la misma vara y mucho menos aplicarla para comparar lo local con lo lejano. Y lo de los prejuicios racistas es un problema de ustedes, no nuestro.
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