miércoles, 1 de mayo de 2013

Así se vacía un diario


En 2009


En 2012
El Inquirer, de Philadelphia, abandonó el año pasado The Tower of Truth, la Torre de la Verdad, su sede tradicional desde los años 20 del siglo XX. Ahora opera desde una planta de un edificio de oficinas convencional. Will Steacy, hijo y nieto de periodistas del diario, ha documentado gráficamente la agonía de la cosa en Deadline. La verdad es que se le encoge a uno el corazón viendo esa secuencia de fotos. Es como si asistieras a la muerte de un amigo de toda la vida. En fin.

El Inquirer no es un diario cualquiera. Entre 1972 y 1990 lo dirigió Gene Roberts, un ídolo. Llegó a un diario segundón y cuando se fue habían ganado 17 Pulitzers –la mayoría por reportajes de investigación– y el diario rival, el Bulletin, tuvo que cerrar. Allí peregrinamos tantos para saber qué cuernos hacían. Solo periodismo. Pero lo hacían. Roberts pasó a la universidad y luego al Times de Nueva York. En el Inquirer se apagó la llama y, bueh, pasó a ser un diario correcto. Roberts lo habría llevado mal. Fíjese lo que decía:
Cuando lees un diario no estás leyendo el producto de unos individuos, sino de una institución con un pasado, un presente y –esperemos– un futuro. Toda esa integridad institucional está incorporada en el diario.
La sede de un diario es –o era– la materialización de todos esos valores en un edificio.

Lo que más llama la atención de uno es la edad de los periodistas que aparecen en las fotografías de Steacy. Salvo los de la web, el resto son… mayores o muy mayores. No sé.

La cita de Roberts me ha traído a la memoria unas frases de David Simon, el guionista de la serie The Wire, sobre las redacciones, la "institución" a la que alude el viejo director:
En lo que yo creo es en la redacción. Los blogs no tienen redacción, sino individuos. A veces intentan ser muy rigurosos […], pero no están en una habitación con otras personas que evalúan su trabajo. […] La redacción no sólo promueve el buen periodismo, por medio de editores experimentados que pueden enfocar tu trabajo mejor de lo que lo haría un solo individuo, sino también impide que alguien publique algo estúpido o malo. […] Yo sólo creo en los profesionales y en el periodismo como carrera. Mis primeros años cubriendo la policía fueron primitivos: creí que bastaba con tener una idea y cubrirla. Pero entender el crimen, la guerra de la droga, el departamento de policía o cómo las estadísticas pueden ser fabricadas para mentir me costó años […] trabajando con gente mejor que yo, más experimentada y que habían visto mucho antes lo que yo entonces veía. Y tenía que estar en la redacción con ellos. La memoria institucional es uno de los bienes más valiosos de un periódico. Y eso es precisamente lo que te ofrece una redacción. […] Creo en el periodismo como profesión. Los amateurs pueden opinar sobre el trabajo de los profesionales y de vez en cuando aprender algo y levantar una historia, lo cual está muy bien. Cuanto más, mejor. Pero no puedes depender de aficionados para cubrir la actualidad todos los días.
Los diarios de papel pueden instalarse en sedes que no manifiestan su institucionalidad y hasta desaparecer. Lo que sea. La inquietud de uno es si los nuevos medios –y los nuevos periodistas, los nuevos gerentes– sabrán recoger toda esa historia o se perderán en unas teorías algorítimicas, el data-mining, el SEO, el multimedia o el píxel en verso. Eso son sólo instrumentos. Al final, lo que cuenta, es el periodismo y los periodistas.

Quizá eviscerar y perder la sede de este modo no sea más que una señal de que faltan periodistas y periodismo. Quizá.

¿Sabe cuál es el primer gran reportaje que se escribió solo para la web? Se titula "Black Hawk Down" y lo firmaba Mark Bowden. Trabajaba en el Philadephia Inquirer.

[La entrevista entera con David Simon está aquí.]
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