viernes, 25 de enero de 2013

Así se pide perdón en un diario

El País pide hoy disculpas porque ayer editó en portada/tapa una foto de Chávez intubado que, en realidad, era una captura de vídeo de un señor cualquiera. La primera retirada –la edición ya estaba impresa y distribuída en buena parte– era esta:




(Olvidaron levantarla del Newseum). Y la de hoy, en la que se disculpan, es esta:



La disculpa viene enmarcada en rojo para que no se la pierda usted. De nada. ¿Sabe como pide perdón un diario después de una pifia monumental? Así:

Portada/tapa del 4 de agosto de 2000. Via AD*.

Verá que no es anónima. Viene firmada por el entonces Subdirector que se encargaba del área afectada por el error y que editó la información. El texto dice así (la traducción es mía):
Está equivocado el reportaje publicado en la edición de ayer de Correio Braziliense con el título "El gran negocio de Jorge". El reportaje explica que una empresa, DBO, asociada en secreto a otra llamada DTC, tenía un contrato millonario con el Banco do Brasil. Y que uno de los socios de DTC era el ex secretario del Palacio [Presidencial] del Planalto, Eduardo Jorge Caldas Pereira [el de la foto grande, N. del B.]. La información yerra en el nombre y la dirección de la sede de DBO y no ofrece ninguna evidencia de su vínculo con DTC. Tampoco fue firmado el contrato millonario con el Banco do Brasil, contrariamente a lo que Correio informó.
Sencillo, directo, claro. No hay más.

Correio Braziliense estaba una semana levantando la corrupción de un ministro y la siguiente en campaña para imponer pasos de peatones y la otra mostrando la miseria de las cárceles del país, etcétera. Su credibilidad era crucial, era el producto que vendían. Mostrar que sus errores no provenían de la mala fe o de la deshonestidad, sino de fallos profesionales explicables (pereza, ignorancia, mala edición…) es clave. Así que cuando se el diario se equivocaba, sus responsables lo decían sin disimular, corrigiéndose y, muchas veces, en el mismo tamaño y posición del error publicado.

Es el "judo de los errores": aprovechar la fuerza de las propias meteduras de pata para transformarla en fuente de credibilidad y confianza.

El País ha optado por esconderlo todo lo posible. Peor y menor posición en portada no hay. Agrava la cosa el hecho de que la su disculpa habla del asunto en tercera persona, como si el diario El País fuera una entidad ajena con un mero problema técnico. Echa toda la responsabilidad sobre la agencia Gtres, a quien compraron la imagen. Ellos, en cambio, no se hacen responsables de nada: explica que los ejecutivos de la redacción tuvieron presente el Libro de Estilo (citan: “las fotografías con imágenes desagradables solo se publicarán cuando añadan información”) y que hubieron de sostener largos y sesudos debates para decidir que la foto era un "documento informativo" y, por tanto, publicable.

Sigue la cosa: "El País acompañó la foto con un texto en el que advertía de que no había logrado verificar las circunstancias, el lugar o la fecha en que se había realizado la fotografía".

Esa frase significa al menos dos cosas. La primera, que aceptan el incumplimiento de elementales criterios y técnicas del periodismo profesional a las que se comprometen libre y públicamente. ¿Por qué no mencionan aquí el principio del Libro de Estilo sobre la necesaria verificación por dos fuentes independientes? ¿Será que el Libro de Estilo sólo es válido cuando les protege pero no cuando les acusa?

La segunda, parece que protestan. No les leemos bien, no prestamos la debida atención: "Sí, bueno, vale, claro… la publicamos. ¡Pero avisando de que no estábamos seguros!" Ahá. ¿Por eso la dieron en primera así de grande? ¿Porque no estaban seguros? ¿Debemos los lectores hacer las comprobaciones por ellos? ¿Para eso piden que les paguemos en papel y en pdf (en la web es gratis, pero ni gratuidad ni precio cancelan los principios y buenas prácticas profesionales)?

Si hasta el título es lamentable. "El secreto de la enfermedad de Chávez". ¿Qué secreto ni qué niño muerto? ¿Dónde está la noticia? Cuanto más lee esa columna más se pregunta uno dónde tenían la cabeza los editores de esa portada/tapa.

¿Cuantas veces aparece la palabra "error" en la nota? Una. En plural, eso sí. En la aclaración publicada ayer, al principio ni siquiera figuraba una disculpa, que fue añadida posteriormente… en el último párrafo. Surrealista.

Uno no esperaba las dieciocho páginas que publicó The Washington Post para aclarar lo de Janet Cooke ni los 43.072 caracteres de The New York Times tras el caso Jayson Blair. Ni falta que hace. Pero sí un poco más de respeto por la marca, por el periodismo y por los lectores.

El País no es un diario cualquiera. La pifia de la foto de Chávez dio la vuelta al mundo y el Gobierno de Venezuela ha anunciado acciones legales. Tampoco lo ningunearán pifias como la que nos ocupa. Lo que convertirá a El País en un diario cualquiera son, precisamente, estos disimulos de adolescente soberbio.

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A El País le engañaron con una captura de un video que circulaba en YouTube desde 2008. Escuece aceptar estas pifias. Y más cuando, previamente, tu comportamiento se ve, en retrospectiva, ridículo. Está de moda entre los diarios madrileños que los directores avisen en Twitter, pavoneándose, de las exclusivas que su diario lleva al día siguiente o cuelguen la portada. El director de El País se jactaba de la exclusiva ingenuamente (los comentarios no tienen pérdida):


El pobre Moisés Naim, politólogo de fama internacional y articulista del diario, se fió. No pasa nada. Cualquiera haría lo mismo.

Los tuits del director que aparecen en la captura han sido borrados de su TL. JRM* los rescató para la posteridad. Queda feo, más aun cuando publica la rectificación sin disculparse y firmando "via @el_pais", quitándose de en medio. Recuerda a esa caricatura de Julio César que hacen en Astérix, donde le presentan hablando de sí mismo en tercera persona.

La rectificación en Twitter de ayer (tuiteada una sola vez) también tiene su qué:


JJN* ofrece una propuesta alternativa:
EL PAÍS pide disculpas a sus lectores por publicar una foto falsa de Hugo Chávez.
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Algunos atribuyen el error a los 129 despidos de hace dos meses, que habrían deteriorado el periodismo de ese diario. Puede ser, pero a uno eso le parece bastante secundario. Quienes decidieron publicar esa foto y editar esa portada/tapa ya hacían eso antes de los despidos. Ninguno de los despedidos habría estado presente en el lugar de los hechos ni tampoco ejecutaron la portada unos jóvenes inexpertos.

Acéptenlo deportivamente: estas pifias ocurren en las mejores casas. Que se lo pregunten a The New York Times o a The Washington Post. Si no suceden con más frecuencia es, precisamente, porque los periodistas se comportan con profesionalidad.

Quienes lo dicen ¿no han trabajado nunca en un diario? Pues entonces. Un error quizá atribuíble a los despidos –que suelen dejar la edición deteriorada y redacciones de periodistas con menos experiencia, etcétera– es este del pasado jueves, gentileza de DS*:


Por ejemplo. Pero no un portadón con esa foto de Chávez. Es demagógico y/o oportunista aparecer ahora con el cuento de los despidos.

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Pero usted aún no sabe lo mejor. Ahí va:


Es la tradicional cabalgata de los Reyes Magos pero con el director de El Mundo en todas las carrozas. Yo esto, yo aquello, yo lo de más allá. Muy bien. Lo de siempre. Pero con veneno. Porque está escrito después de saber el terremoto interno por el que pasa El País, su enemigo, y pensado para demostrar que hay un director que sabe lo que hace –él, claro– y otro que no atiende a sus obligaciones. Es parte de la construcción del personaje.

El Jefe de Multimedia de El Mundo ofrece sus explicaciones y hurga gratis en la herida:
"Probablemente acuciado por las constantes exclusivas de El Mundo, el director del mencionado diario debía sentir la necesidad de sacarse un as de la manga. Una carta envenenada. Con toda seguridad, el debate interno no existió en este caso". 
Protesto, señoría. Es especulativo. ¿Dónde están las pruebas y las fuentes de que el director de El País está "acuciado", etc., o de que no existió debate interno en este caso "con toda seguridad"? ¿Toda? Vaya. Más bien parece que "este caso" se obra del mismo modo que se critica a El País acerca de la dichosa foto. ¿Qué pasa, que en los blogs estamos excusados de hacer periodismo?

Dice el director de El Mundo que "en 33 años no nos han colado un confite así". Claro, claro, claro. Como El Mundo arrancó en 1989, deduzco que en esos "33 años" suma también los nueve anteriores —durante los que fue director de Diario16— en un continuo donde la vida de ambos diarios se confunde con la de su persona. El uso de la primera del plural o plural mayestático ("no nos han colado") es un lapsus calami fenomenal. Los periodistas que trabajaron para nuestro augusto personaje no le importan mucho. Dirá usted que precisamente los incluye en ese plural. Le replicaré que los de hoy no son los de hace 33 años ni los de hace quince. O es un lapsus o es un momento Gollum. Al menos no dice aquello de "la misma edad de Cristo".

En fin. Ya ve. Un director hablando de él en tercera persona y otro en plural mayestático. Así nos va.

Confites no les habrán colado… si se descuentan los que han aceptado o han fabricado. En Esta Casa les hemos dejado constancia de algunos. El penúltimo es de mediados de noviembre de 2012 y aún colea. Se basado en un "borrador de informe policial" que es tal porque la policía “está trabajando en la verificación de las denuncias”, como explica el propio diario en un editorial. Luego resulta que ese borrador no es oficial, no lo escribió nadie y, según ministerio, juez y fiscal, carece de validez. Ese papel fabricado sirvió para abrir varias portadas a todo trapo. Entonces ¿de qué se ríen en El Mundo? Cuando sus pifias sean noticia en The New York Times ya hablaremos. Maduren.

El País El Mundo tienen muchas cosas de qué vanagloriarse y unas cuantas por reparar. Como todos los que estamos en este ajo. Dejen de hacer el ridículo con peleas de niñatos malcriados o con vendettas de mafiosetes de quinta. A trabajar.
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