lunes, 12 de noviembre de 2012

Todo el mundo va a la suya —menos yo, que voy a la mía

En la web apareció con publicidad contextual adecuada
Llama mucho la atención el poco periodismo empleado en las dos páginas ("A nuestros lectores") que Prisa, matriz de la editora del diario El País de Madrid, dedica a explicar el despido de 129 periodistas –perdón, quiero decir "el doloroso ajuste de plantilla"– a través de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE).

En las páginas en cuestión, la empresa señala dos chivos expiatorios.

Uno, "la crisis y [el] radical cambio en el sector". Claro.

Dos, "la estructura de costes", simpático eufemismo que apunta, sobre todo, a los periodistas y sus costes salariales. Los ametralla sin compasión: "en este año –dice– el periódico ingresará 200 millones de euros menos que en 2007, mientras el coste de la plantilla, y el número de personas empleadas, ha permanecido estable".

El texto omite cualquier referencia al desempeño de los gestores. Es enternecedor. Al parecer, "la crisis" es un astral traicionero que no se puede gestionar y la "estructura de costes" es un concepto emboscado que ha aparecido de repente entre las líneas de la cuenta de resultados.

Con "la plantilla" ¿no se referirá por casualidad a los mismos periodistas cuyo trabajo permitía a Prisa un estratosférico margen de beneficios del 28% en 2007? Hágase una idea comparándolo con el margen en el sector distribución (supermercados, etc.), que está en un 2%, si llega.

¿Acaso fue "la plantilla" la que planeó y ejecutó en 2007 la innecesaria OPA de Prisa sobre su filial de tv Sogecable, de la que ya tenía la mayoría? Para llevarla a cabo asumió un crédito de 1.950 millones de € que es el origen de sus problemas. En años siguientes, la deuda se encaramó a 5.000 millones.

Esa operación, que resultó desastrosa, la cocinaron los mismos que redactaron las páginas en cuestión, en el tono paternalista, frío y cruel típico de los editoriales del diario. Es un caso que ya se estudia en las escuelas de negocios.

Tampoco fue "la plantilla" responsable de que entre 2008 y 2010 el grupo tuviera que enajenar activos por valor de más de 2.300 millones de euros para mantenerse vivo sobre la cuerda floja. Finalmente se comieron el filet mignon: el 65% de la matriz fue vendido a Liberty Holdings, un fondo de inversión norteamericano. Gracias a todos esos achiques, la deuda asciende ahora a 3.350 millones. Qué bien.

Nada de esto aparece en las páginas en cuestión.

La ejemplar gestión llega a todos los rincones de la empresa. Le cuento un ejemplo de hace pocas semanas. La dirección de Medios Impresos de Prisa rechazó una orden de compra de publicidad del gobierno de la Generalitat de Catalunya sobre las elecciones del 25-N. Hablamos de unos 70.000 euros. El motivo fue el desacuerdo en los plazos de pago, de 150 días. Es verdad: son vergonzosos. Pero si los costes de publicar el diario serán los mismos en 30, 60 o 150 días –porque igual tiene que salir– ¿a qué viene rechazar ese ingreso aunque su cobro se demore más del doble de lo normal?

En descargo de esos ejecutivos de Prisa debe saber que Unidad Editorial (El Mundo, Expansión) y Vocento (ABC) también rechazaron esa venta. No quiero ni pensar que hay motivos ideológicos (las elecciones son un plebiscito entre partidarios y contrarios a la secesión de Catalunya y esos diarios, incluído El País, son contrarios a muerte). Sería raro, porque las radios de esos grupos los aceptaron, incluida la SER, de Prisa. Claro. Nadie rechaza hoy ni un anuncio/aviso. ¡Si las bonificaciones sobre el precio de tarifa son de hasta el 70%! A causa, en efecto, de "la crisis del sector".

Las páginas en cuestión se desviven para explicar lo mal que lo pasan los accionistas, pobres. Lo mismo ocurre con los ejecutivos, singularmente con el Presidente. Sobre todo esto MT* ya lo dejó todo dicho en esta columna, publicada en el mismo diario. Léala, por favor.

La cifra de despedidos es grande. Un tercio de la redacción. Los que se quedan y están dentro del convenio colectivo tampoco tiran cohetes. Sus sueldos se han reducido un 23% en dos años. Algunos insensibles han dicho que ganaban muy bien: 88.000 euros anuales era el coste empresa medio (del director al último reportero) de un periodista del diario. Ya. Ese mismo coste para los 47 jefes de la redacción –que negocian fuera del convenio– es de 205.000 euros. Esa área, de momento, apenas se ha tocado. Las páginas en cuestión tampoco explican eso.

Todos los mecanismos que existen en el diario para garantizar su independencia, incluidos los beneficios, por supuesto, son enumerados en las páginas en cuestión. Los explica como si hubieran debido imponerlos a "la plantilla" rebelde y no como lo que son: promovidos y sostenidos por esa plantilla desde la fundación del diario.

En cambio, fíjese en la contribución de los redactores de las páginas en cuestión a "la independencia del diario": aceptaron el cambio de deuda por capital a los bancos acreedores y a Telefónica, que ahora son accionistas de Prisa. ¡Enhorabuena! Esos son, exactamente, los propietarios que por encima de todo garantizan un diario independiente. Bravo.

Luego insisten en que "el control" del diario no ha cambiado. Claro, claro, claro. En nada. No ha cambiado en nada.

Las páginas en cuestión ponen mucho cuidado en destacar que se obligó a los periodistas en huelga de firmas a reponerlas "tras recibir una advertencia […] de que su actitud podía considerarse como ruptura unilateral del contrato". Sin embargo, las páginas en cuestión no están firmadas. ¿Quién ha roto qué contrato exactamente?

Las páginas en cuestión citan ejemplos de diarios de todo el mundo donde se han hecho planes de ajuste y recortes tratando de equipararlos a los de El País. Mire, ni uno solo de esos ejemplos es equiparable en volumen, ejecución y repercusiones al de El País. Ni uno. El que más se parece, el de Le Monde, lo explican torticeramente para que parezca que lo de ellos es nada, lo mismo que todos. Vaya caradura.

Uno de los mecanismos para preservar la independencia de ese diario ("el único en el mundo que lo tiene", se jactan las páginas en cuestión) es el derecho del director de vetar todos los originales, incluidos los de publicidad, y el poder y la capacidad de organizar autónomamente los trabajos de la redacción. Uno entiende que el director autorizó la publicación de esa página y media, pese a que infringe principios del Libro de Estilo del diario. Lo entiendo. Es difícil pensar que hubiera podido oponerse. En eso, desde luego, no es ni autónomo ni único en el mundo.

¿Eran necesarios ajustes? Claro. Pero no era necesario elegir la peor o segunda peor manera de manejar un recorte de esa magnitud. ¿En qué mundo viven? Todo conspiraba en favor de una salida traumática: la arrogancia e insensibilidad de los directivos y su poca competencia; los ánimos envenenados desde hacía semanas; la dificultad de los periodistas de esa casa para verse como parte de una empresa y no como un órgano necesario e imprescindible del ecosistema político y social español –algo así como la tercera cámara del Legislativo o del Constitucional– razón por la que muchos están ahora en estado de shock (¡Esto No Puede Estar Pasando! ¡A Mí No!).

Todas estos hechos y cifras son terribles pero no dan cuenta del significado de la depauperación de ese diario. En cualquier lista al azar de 129 periodistas de esa redacción estarían 20 ó 25 de los mejores en sus áreas. Profesionales con muchos años de trabajo, una porción de las firmas más conocidas y reconocidas del oficio —cantamañanas radiofónicos y televisivos aparte. Para muchos ciudadanos, El País es un referente ineludible desde hace veinte, treinta años. Se habla de ese diario como el "intelectual colectivo" de la izquierda española. Hasta se le atribuyen poderes taumatúrgicos, como el de detener golpes de estado, cual Cid progresista.

Las heridas que deja este proceso son graves y no cerrarán bien. Las páginas en cuestión, con todas sus tergiversaciones, no son más que el principio de la gangrena. Una redacción que pide a gritos la dimisión del Presidente de la compañía y del Director del diario señaliza que se ha roto ese secreto de las redacciones excelentes: el pacto profesional en torno a un mismo propósito editorial y la "affectio" entre colegas que reclama el trabajo periodístico organizado.

Esa ruptura, si no se resuelve, pronto se trasladará a su audiencia.

Y no sabe lo peor. En enero de 2011, tras la entrada de Liberty, el grupo anunció un plan de ajuste que implicaba prescindir de 2.500 trabajadores hasta abril de 2012. De momento han despedido a 1.281. Faltan 1.219. Aunque fueran la mitad. ¿Cómo van a afrontarlos?

* * * * *
Naturalmente, también hay mucha lágrima de cocodrilo y unos cuantos que se frotan las manos: España es un país cainita y El País, que no es un diario sueco, ha hecho muchos enemigos. A esos más les valdría advertir que la reacción de tantas personas –profesionales y no– ante la situación de El País es mucho mayor en cantidad y calidad que la registrada con los EREs en otros diarios. Mejor dicho, en los otros diarios. Tomen nota. La gente sabe distinguir.

Quizá es todo más sencillo. Uno cree que a medida que la sociedad española ha crecido, el relato del diario como institución orgánica de la democracia se ha hecho viejo y se le ven las costuras. El País lleva mal que la sociedad que contribuyó a formar se haya emancipado de ellos. El diario es cascarrabias y el grupo editor siempre se dio aires de diva italiana. La soberbia de creerse excepcionales les hizo cometer los errores que nos han llevado hasta… las páginas en cuestión.

La vida sigue y a veces cabe casi todo en un tuit. Este:
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