lunes, 28 de noviembre de 2011

El sueño imposible del periodismo

Dedicado a la gente que hace el diario Ara, en su primer aniversario, que es hoy.

Dicen que el periodismo está por todas partes. Que cualquier ciudadano armado con un teléfono móvil con cámara es ya un periodista. Que gracias a estos ciudadanos podemos estar informados de los acontecimientos en la plaza Tahrir de El Cairo o en el parque Zucotti de Nueva York… Así es. La cosa es que cuando se acaba la movida en las Tahrirs y en los Zucottis de este mundo y empieza la construcción o reconstrucción de un país, de una sociedad, de un sistema… esos ciudadanos ya no están ahí –naturalmente: tienen su trabajo– y empieza la tarea de otros ciudadanos, los periodistas, que sí que estamos.

"Los periodistas pretendemos sueños imposibles... Supongo que somos unos sentimentales incorregibles. Si no amáramos esos sueños imposibles no trabajaríamos en una industria cuya tecnología, básicamente, se desarrolló en los siglos XVI y XVII”. Lo dijo Johnny Apple Jr, mítico corresponsal político del Times de Nueva York, en una entrevista a Lear’s, una revista ya desaparecida.

La tecnología ha cambiado radicalmente. Todavía cambiará más. Sin embargo, los sueños imposibles continúan siendo los mismos. El periodismo tiene que ver con descubrir y publicar información importante para la libertad de las personas y para el funcionamiento y el futuro del país. Y es la persistencia de este sueño –más que los tuits, los blogs, el círculo de amigos o el número de clics– aquello que todavía define qué o quién es un periodista. Tal vez es la curiosidad y la tenacidad, la voluntad y la decisión de llegar al fondo de una historia, de desenterrar la verdad, aquello que determinará el futuro del periodismo. No importa si se entrega en una tuit de 140 caracteres, en una entrada de 1.500 espacios, en un texto de diez mil palabras o en un vídeo de dos minutos. No importa si se vende cada mañana en el quiosco o si circula de punta a punta del planeta en segundos.

[La versión original de esta pieza apareció el pasado viernes en el diario Ara (pide registro)]
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