martes, 4 de diciembre de 2007

La corrupción de la publicidad

El gobierno argentino mide la publicidad oficial como si todos los diarios y revistas tuvieran la misma tirada y el mismo precio. Pero las cosas no son así: para Página/12 la publicidad oficial representa el 81% de su facturación, en BAE ocupa el 48%, mientras que para Clarín es del 4% y para La Nación es del 8%. Está clara la posición de cliente dominante del Estado en los casos de Página/12 y BAE, tanto que no podría considerarse independientes a estas empresas. Fontevecchia aclara con cierta ironía que no es por culpa de esas empresas con las que el gobierno coincide ideológicamente.

Los números aparecen en la extensa presentación de Jorge Fontevecchia en un Congreso organizado por la Universidad de Palermo y FOPEA (Foro del Periodismo Argentino). Fue publicada con la firma de Fontevecchia en el periódico Perfil del domingo pasado y puede verla aquí.

Lo más interesante de las prolijas cuentas de Fontevecchia es la proporción entre la inversión publictaria y la circulación de los diarios en los que pauta sus anuncios: "Durante los primeros diez meses de 2007 para Página/12 los avisos oficiales representaron un equivalente a $ 4,63 por ejemplar. En BAE, $ 4,54. En La Nación, $ 0,33 por ejemplar. Y en Clarín, $ 0,18 por ejemplar. Para medir la influencia de estos valores vale prestar atención a que en el caso de Página/12 y BAE lo invertido en publicidad oficial es el doble de lo que paga el público por comprar el diario, o sea, el Estado coloca el doble de dinero por diario impreso del que pagan los lectores por cada ejemplar. Y la muestra de “ineficiencia” del Estado se evidencia en que podría haberle enviado un carta a cada lector de esos dos diarios con su mensaje y habría ahorrado gran parte de su dinero".

La publicidad oficial en la Argentina no se usa para anunciar nada ni para garantizar la transperencia de los actos del gobierno. Es corrupción de la publicidad, manipulada para otro fin, perverso, cínico y corrupto, como tantas cosas en la deformada realidad Argentina. Lo más grave es que casi todos los medios han sido cómplices de este juego: no pelean para que se termine sino para mejorar su cuota de publicidad oficial.
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