lunes, 24 de octubre de 2011

67ª Asamblea de la SIP en Lima (y Clarín)

Nunca como ahora tiene sentido aunar las fuerzas de los medios y los periodistas del continente para defendernos de los embates del poder, que en algunos países se está poniendo insoportable. Donde el poder se vuelve totalitario y no hay oposición política solo queda el periodismo para defender la libertad de los ciudadanos. Es que no está en juego libertad de los periódicos ni de los periodistas, como intenta explicar el discurso de los déspotas: lo que está en juego es la misma libertad de los ciudadanos, que es esencial para el negocio del periodismo. Es un resumen rápido del mensaje de la 67ª Asamblea de la SIP (Sociedad Interamericana de la Prensa) que reunió a periodistas –dueños de periódicos en su mayoría– de todo el continente americano en el Swissôtel de Lima entre el 14 y el 18 de octubre pasados.

Hay una salvedad en esto de los periodistas y dueños de los periódicos y la voy a dejar escrita porque quiero hacerla pública solo para que tenga remedio. Lo he conversado con las personas interesadas y con las autoridades de la SIP y lo estoy diciendo con toda la onda y el mayor aprecio por las personas involucradas, a quienes no pienso nombrar porque considero que son más víctimas que culpables de un estilo lamentable de relacionarse con el poder y con sus colegas que el Grupo Clarín de la Argentina debería cambiar lo antes posible.

El momento más solemne y central de cada Asamblea es la sesión de la comisión de Libertad de Prensa e Información, en la que se leen los informes país-por-país que darán lugar al documento central de la reunión. Cada informe se abre al debate de los participantes, casi siempre muy jugoso. A las 9 de la mañana del domingo 16, Daniel Dessein, presidente saliente de ADEPA y accionista de La Gaceta de Tucumán, presentó el informe sobre la Argentina, uno de los más duros de esta Asamblea. En una esquina de la mesa principal, la de los delegados y vicepresidentes regionales, casi todos ellos propietarios o directores de periódicos, estaban sentados por la Argentina los relacionistas públicos de Clarín y La Nación... Excelentes personas, pero ni periodistas ni propietarios de medios sino empleados a quienes les da igual trabajar para una empresa periodística que para una de alimentos o para la competencia.

Aclaro que a esas horas llegaba a Lima Fernán Saguier, periodista genético y propietario, junto con sus hermanos, del diario La Nación de Buenos Aires. Por La Nación ha asistido habitualmente a las reuniones de la SIP Bartolomé Mitre, su director y accionista, hoy minoritario e impedido por razones de salud. Y aclaro también que en la lista de asistentes -y en la de candidatos a ocupar puestos en la junta de directores- aparecía Marcela Noble Herrera, hija de Ernestina Herrera de Noble, que no asistió por estar embarazada, según explicó uno de los lobistas de Clarín. Todo esto ocurre cuando el Grupo Clarín se juega su supervivencia, amenazada seriamente por el poder político en la Argentina.

No les fue bien en las elecciones para integrar la Junta de Directores a los representantes de los diarios del Grupo. A los miembros de la SIP les cuesta votarlos por esta misma razón que estoy explicando. A los dueños de diarios que hacen el esfuerzo de llegar en estas reuniones para defender sus derechos no les gusta nada que Clarín envíe a empleados de segunda o tercera línea. Ni siquiera votan por ellos los otros representantes de medios argentinos, bastante enojados con la manipulación que hace el Grupo tanto en ADEPA como en la SIP. Es un desaire que no se merecen y que deberían tener en cuenta en lugar de enojarse por escritos como este. Esta es una sugerencia amigable y también un palo: en Clarín saben que muchos los defendemos porque defendemos la libertad de ellos y de todos y no su soberbia desmedida. Pero no deben abusar: entre otras razones porque esa soberbia es la que los ha llevado a donde están.

Lo mejor de la Asamblea: la conferencia de Danilo Arbilla, Al rescate de Montesquieu (pdf) y el discurso de aceptación del nuevo presidente, Milton Coleman, del Washington Post. Y, por supuesto, encontrarse con viejos y nuevos amigos.
Publicar un comentario en la entrada