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domingo, 1 de febrero de 2026

Bernardo Neustadt por Marcelo Longobardi

Lo encontré en YouTube y lo subo porque creo que vale la pena. Son las impresiones y experiencias de Marcelo Longobardi sobre Bernandro Neustadt. Confieso que coinido bastante. Me interesó una idea que creo que hay que tener en cuenta cuando se sube a alguien a los canales de streaming: hay periodistas que tienen el carisma de llenar la pantalla.

martes, 31 de diciembre de 2024

Lanata y la democracia

Ayer falleció Jorge Lanata en Buenos Aires. Baste decir ahora que tenía 64 años, que su salud era frágil hace mucho tiempo y que los meses de internación resultaron tan dañinos como los males que padecía. Y digo que basta con eso porque, aunque es toda una historia, no es la que quiero contar.

Lo que quiero contar es que el periodismo argentino salvó a la democracia argentina, y en esta tarea de próceres, Jorge Lanata tuvo, lejos, el papel más destacado entre los periodistas que lo fueron de verdad y que fueron pocos, bastante menos de los necesarios, cosa que dio a Lanata el protagonismo que tuvo, quizá sin quererlo.

A los 50 Lanata decía que ya era hora de dejar de lado los miramientos y empezó a decir por radio y televisión lo que pensaba, sin filtro. Tan sin filtro que fue el periodista que impuso el lenguaje que hoy ocupa casi todo el periodismo argentino, el que hablamos todos, aunque sea un poco zafado.

Después de la pelea del Grupo Clarín con los Kirchner, allá por marzo de 2008, Lanata tuvo el espacio y el capital que necesitaba para investigar la corrupción en el poder. Lo aprovechó al máximo en una emisora de radio y un canal de televisión del grupo. Pero tampoco importa ahora ese u otro programa de televisión o de radio, los diarios o las revistas que fundó, o los libros que publicó. Ni importa –no me importó nunca– cuál era el pensamiento político de Lanata y si coincidía o no coincidía con el mío.

Como todo ser humano, Jorge Lanata fue cambiando durante sus 64 años. Digan lo que digan de él, en la etapa de su vida que se quiera recortar, Lanata fue siempre fiel a lo que le dictaba su conciencia, formada de contrastar la realidad con su pensamiento, aunque eso le costara cambiar su pensamiento cuando estaba equivocado. No conozco tanto de su vida como para decir que hay algo que nunca hizo, pero igual me atrevo a decir que desde que cumplió 50 años, nunca adaptó la realidad a sus caprichos. Y su modo de acercarse a la realidad era como el de los artistas: pasional, fuerte, vital, enérgico. Por eso los artistas dicen verdades que nadie más puede decir y ven siempre más allá que el resto de los mortales.

Cuando digo que el periodismo salvó la democracia argentina digo también que no la salvaron los empresarios, ni los militares, ni los sindicatos, ni los jueces, ni las universidades, ni otras instituciones que podríamos suponer que deberían intentarlo. Mucho menos los políticos. Los medios, en general, no hicieron mucho esfuerzo, pero soy injusto si no cito el compromiso de dos empresas periodísticas: La Nación y Clarín. Y para seguir siendo justo debo decir que, mientras le convino, Clarín fue socio de quienes atentaron contra nuestra democracia intentando instalar el socialismo populista en la Argentina.

La democracia argentina, pero también la de cualquier lugar del mundo, necesita periodistas apasionados por la verdad, como Lanata. Donde flaquean las instituciones, como ocurre a menudo en nuestra América, ellos son la mejor garantía para la democracia.

viernes, 26 de mayo de 2023

Cómo se gestó Crítica de la Argentina



Julio López subió subió ayer este documental del lanzamiento del diario Crítica de la Argentina (salió a la calle el 2 de marzo de 2008). 

Está Jorge Lanata a full e implacable en la redacción de la calle Maipú. También Martín Caparrós, y varios jóvenes periodistas que hoy son grandes profesionales: Osvaldo Bazzán, Diego Schurman, Luciana Geuna, El Sueco Álvarez (diseño), Maximiliano Montenegro, Nicolás Wiñazki, Gonzalo Sánchez, y algunos que no reconozco. Pero la que se roba toda la pantalla es la omnipresente Jefa de Logística y hoy productora en Lanata sin Filtro, Margarita Perata, pero con el pelo colorado.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Jorge Lanata, Daniel Hadad, el periodismo y los medios

Es una conversación entre Jorge Lanata y Daniel Hadad en el programa Lanata sin Filtro de esta mañana por Radio Mitre. Interviene también Julio López –el columnista de tecnologías del programa– y el resto de los contertulios habituales. Valen la pena todos los 48 minutos que dura.

viernes, 3 de julio de 2020

El periodismo de hoy en la Argentina, por Jorge Lanata

Intervención de Jorge Lanata en el programa Ya somos grandes, de Diego Leuco, anoche por TN.

miércoles, 1 de julio de 2020

Mario Pergolini y Jorge Lanata sobre los medios de hoy

Son cerebros que funcionan muy rápido y también muy creativos. Creo que vale la pena dejar esta conversación de ayer en el estudio de Radio Mitre (Lanata estaba desde su casa por Zoom).

miércoles, 6 de febrero de 2019

No hay malas historias, hay malos periodistas

Jorge Lanata y Pablo Rossi (que reemplaza por unos días a Marcelo Longobardi) hablaron esta mañana en Radio Mitre sobre el programa Hora 25 que hará Lanata este año en televisión. Terminó en una conversación pública genial sobre periodismo y periodistas en la Argentina de hoy. Intervine también Willy Kohan.

domingo, 30 de julio de 2017

Jorge Lanata, el Polaquito y broncas en el aire

En el programa Periodismo Para Todos del domingo 16 de julio se emitió esta entrevista de Rolando Barbano al Polaquito:


La entrevista provocó la bronca negra de Juan Grabois, referente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y líder del Movimiento de Trabajadores Excluídos, que los acusó de montar la entrevista y secuestrar al Polaquito. Dialoga con Jorge Lanata en el programa de radio Lanata sin filtro del lunes 17.



Me pareció interesante el artículo de Facundo Falduto publicado el 18 en Perfil:
Pobre Polaquito, pobre Lanata
Pobre Polaquito. ¿Alguien puede dudar de que ese nene de 11 años es la víctima en toda esta situación? Los hechos delictivos que contó (coaccionado o no, secuestrado o no) a las cámaras de Periodismo Para Todos pueden ser reales, o no. Pueden ser la fabulación de un chico con un problema de adicción, o no. Lo que es muy real es la situación en la que vive. El testimonio de Fernanda (su madre) quien denunció además que el menor fue obligado a hablar con los periodistas, es mucho más desgarrador incluso que el suyo. "Gano ocho mil pesos, tengo las AUH de los dos hermanitos y alquilo. Dormimos todos juntos. "El papá está preso desde que el Polaquito tiene 10 meses. La primera vez que me di cuenta que se drogaba con pegamento y la verdad le pegué, lloró y salí a pedir ayuda. Nunca se hizo cargo de que robaba. Cuando se drogaba quedaba como tonto. Mi hijo llega a casa y mira Disney Junior. Un año estuve pidiendo la internación. ¿Ahora me lo van a internar?", son algunas de las frases que dijo la mujer en diálogo con Radio 10, entrevistada por Marcelo Zlotogwiazda.

El problema para el Polaquito es que todos lo miran por lo que representa. Para los impulsores del punitivismo, es una excusa para bajar la edad de imputabilidad. No importa que las cárceles estén colapsadas y en condiciones subhumanas, no importa que sólo uno de los 175 homicidios cometidos en la Ciudad de Buenos Aires en 2015 haya sido perpetrado por un menor de 16 años. Para quienes reclaman mayor asistencia social, es un motivo para reforzar su pedido, aunque 12 años de políticas de inclusión hayan sido insuficientes para ayudar al chico. Para mí es un motivo para escribir esto, lo reconozco, y para muchos que leen es un motivo para indignarse. Nadie lo mira por lo que es: un chico que necesita ayuda. ¿Qué tan alienado hay que estar para ver a un nene de 11 años y con un problema de drogadicción y pensar "esto es una buena nota"?

Grabois tiene razón en cuestionar a Lanata. Haya sido coaccionado o no; sean verdad los crímenes que dijo haber cometido o no; la "nota" de PPT no ayuda a nadie. Menos al Polaquito. ¿Sirvió el informe para impulsar un debate franco sobre asistencialismo y consumos? ¿Ayudó a diseñar o modificar alguna política pública? ¿O funcionó para que cada uno refuerce sus prejuicios, para que quienes piensen que "hay que matarlos a todos" crean que hay que matar a alguien más? Usamos a un chico para enojarnos con quien ya estábamos enojados, y de paso nos enojamos con él. Pobre Polaquito.

Lanata tampoco tiene la culpa de esto. Él también es víctima de una sociedad enferma, aunque en este caso pueda parecer, por momentos, para algunos, victimario. Hace una década que el fundador de Página/12 se dedica al show. Él puede intentar negarlo, y muchos le creerán, pero lo suyo es el espectáculo, al que disfraza de periodismo. Pero hace rato que no es periodismo. En el momento en el que decidió abandonar los cierres de Crítica de la Argentina para hacer stand-up en el Maipo, hace nueve años, él eligió. Y lo que eligió no es el periodismo. No lo cuestiono por eso, es entendible. Hay drogas mucho más duras que el pegamento, el paco, la cocaína o el tabaco. Lanata lo sabe: sigue fumando en un espacio cerrado frente a sus compañeros de radio, a pesar de que le cuesta respirar y de que haya tenido un transplante de riñón. Hay drogas que no están calificadas como sustancias prohibidas, pero que pueden generar mayores dependencias. La adulación, el aplauso, la pantalla son algunas de ellas, y el combo con narcisismo suele pegar muy mal. El problema no es dedicarse a buscar el aplauso; el problema es cuando la droga del aplauso te formatea para ver todo en función del aplauso, para que tu prioridad sea el circuito que satisface esa necesidad, incluso ante un nene de 11 años que tiene un problema con las drogas.

El episodio del Polaquito recuerda a uno que pasó hace 15 años, el de Barbarita, la chica tucumana que lloraba porque tenía hambre. Pueden parecer comparables, pero no lo son. En 2002, Lanata ayudaba a visibilizar a chicos que eran invisibles a la fuerza, que necesitaban algo que la exposición podía, de alguna forma, ayudar a proveer. El Polaquito también necesita ayuda, sí, y visibilizarlo podría a priori parecer la forma de hacerlo. Pero exponerlo en cámara no solo no lo ayuda, sino que lo perjudica, lo estigmatiza, lo hace objetivo de odio. Montar un show en torno al Polaquito no solo no tiene casi nada de periodismo: tiene también muy poco de empatía y humanidad.

Pero Lanata no puede verlo, porque el aplauso solo te prepara para recibir aplausos. No puede siquiera entender en qué términos lo critica Grabois, que intenta apelar, sin éxito, a su sensibilidad. "Ganamos todos los juicios", se limita a responder ante el cuestionamiento. Y no puede hacer otra cosa, aparte de insultar, gritar y cortar. El Lanata que lloraba con Barbarita debería llorar por el Polaquito, pero ante todo debería llorar por lo que el aplauso hizo de sí mismo. Ya es tarde: el aplauso le impide pensar que puede estar equivocado. Pobre Lanata.
Este es el monólogo de Jorge Lanata en el comienzo del programa del domingo 23:




Hoy Perfil publica esta columna de Patricia Nigro:
Polaquito: estrategias para hablar sobre los ‘pibes chorros’ en el hogar
Decir algo que aporte, que sume, al caso del Polaquito, parece superfluo. Como todo “caso mediático” –recomiendo para este tema consultar el libro de Damián Fernández Pedemonte, La violencia del relato–, su impacto emocional y las diferentes aristas que el periodismo llevó a la exacerbación merecen una mirada amplia y comprehensiva.

Hemos escuchado hasta el cansancio a adultos que se intercambian acusaciones unos contra otros, que sólo confunden y dividen a la opinión pública argentina, que lo que no necesita son más divisiones.

Hemos visto una y otra vez la entrevista a este niño que se acusa a sí mismo de delitos reales o ficticios, que sorprende con su conocimiento sobre las armas, que habla de su padre preso, de su adicción a la droga desde los 8 años, que muestra lo que todos sabemos y que nadie quiere ver: la pobreza es la madre de todos los males. El niño es uno en miles, su familia es una en miles. Lo que nos interpela no es el miedo a los llamados “pibes chorros”; lo que nos incomoda es saber que todos somos responsables, en mayor o menor medida, de que tantos argentinos vivan en condiciones indignas.

Es cierto que es una vergüenza la forma en que se politizó la entrevista, que es una vergüenza que haya personas que quieran beneficiarse del horror cotidiano en que viven tantos compatriotas. Desvalidos, sumidos en el hambre y la ignorancia, esclavizados por los grupos que deberían ayudarlos, maltratados por las autoridades que deberían protegerlos.

Además, el responsable de la entrevista nunca respondió cómo se consiguió realmente esa nota. Decir que en un programa como el suyo iba a hacerse una investigación en un jardín de infantes de Lanús roza el surrealismo. Caballero, usted tiene una responsabilidad frente a su audiencia. No insulte la inteligencia de los que lo escuchábamos mal defenderse. Jamás nos explicó cómo se produjo realmente esa edición que vimos en la tele. Nunca supimos qué fines se perseguían al presentar a un chico que le preguntaba al periodista por qué quería saber sobre su vida y éste le mentía al callar que era una nota para la televisión. Si hubiera admitido un solo error, si se hubiera disculpado, muchos pensaríamos distinto de usted.

Claro que hay que hacer visible lo invisible. Claro que la gente que come todos los días, que manda a sus hijos a la escuela, que tiene un trabajo, debe ver la realidad. Porque los gobiernos usan a estos argentinos como les conviene, porque las agrupaciones que dicen defenderlos se enriquecen a costa de ellos, porque nadie los escucha, porque nadie quiere verlos.

¿Qué queda de todo este espectáculo repulsivo? ¿Qué mensaje educativo les dejamos a nuestros hijos que no son pobres? ¿Quién se hará cargo del tremendo desamparo y de la estigmatización, no sólo de los niños sino de todas las familias pobres? Ese es el problema de fondo. Cómodos en nuestras casas, nuestros chicos discuten por qué todavía no les compramos el último modelo de celular; la publicidad les dice que merecen ir a Orlando a conocer Disney World; nosotros los dejamos horas ante las pantallas, porque estamos tan cansados de trabajar que no tenemos tiempo para hacer de padres.

Y muchos de nuestros chicos, a quienes a diario otros chicos les roban sus celulares, pasado el susto ya tienen el nuevo modelo de repuesto. No pienso siquiera en los ricos. Viven tan lejos de esto que no les llegan ni unas cosquillas. Muchos ricos se precian de sus galas fastuosas para recolectar dinero para los pobres. Encerrados queden en su incoherencia.

Pienso, sí, en la indiferencia de los que componemos la clase media respecto de las familias que viven en la indigencia. El padre del Polaquito fue a la cárcel por primera vez a los 18 años. ¿Dónde están nuestros hijos a esa edad? La mayoría estudiando en la universidad. La mayor parte no busca trabajo, porque nosotros, sus padres, trabajamos el doble para que ellos estudien tranquilos, salgan con sus amigos, vacacionen y, con suerte, se vayan de intercambio estudiantil.

Poco les hemos enseñado la cultura del esfuerzo y del ahorro que signó a nuestros padres y abuelos. Pero ¿quién les enseñó algo a tantas familias pobres, a tantas madres, niñas que llevan a sus hijos a la escuela, temprano, con frío, uno en el cochecito, dos caminando con sus mochilas y el cuarto en el vientre? Porque de eso soy testigo todos los días cuando salgo a trabajar. Y, cobarde, nunca me detengo a decirles cuánto las admiro y compadezco a la vez. Porque la lástima nos sale fácil y dura poco.

Nos rasgamos las vestiduras porque la cara del pequeño, del Polaquito, no estaba bien oculta en la nota, clamamos desde los organismos internacionales cómo debe realizar un periodista la cobertura de los menores de edad. (Perdón por usar la palabra “menor” pero, en mi época significaba más pequeño, y ahora los llamados políticamente correctos, como diría Umberto Eco, nos dicen que “menor” alude a criminal).

No son las palabras las que van a mejorar la vida de tantos argentinos. Hagamos silencio de una buena vez. No perdamos el tiempo discutiendo minucias. Sordos al dolor del prójimo, de nuestras bocas fluyen palabras huecas, increíblemente absurdas.

La televisión, los diarios, la radio, se llenan de voces intemperantes. Cada cual lleva agua para su molino y no se acuerda de los miles de polaquitos ni de sus familias, hundidas en el pozo del olvido del 70% de los argentinos que sí tiene agua corriente, que paga la alta tarifa de la luz pero la paga, que tiene auto, que puede darles a sus hijos la leche, el pan, las vacunas, que los manda a la escuela y que les regala muchas otras cosas que no necesitan. De esta manera, a nuestros chicos, que no son pobres, sin darnos cuenta estamos preparándolos para perpetuar la indiferencia por el otro.

Y sí, la voz del Polaquito no se distorsionó como indicaba la normativa. Sin embargo, esa falta de ética periodística permitió –no hay mal que por bien no venga– que la voz del pequeño sonara y clamara en el desierto del corazón de tantos argentinos. Porque así hablan los analfabetos, señores, así hablan los chicos que pasan sus días en la calle, con malas compañías que los inician en la droga, y todos sabemos quiénes se benefician con ese negocio. También sabemos que la droga lleva al crimen.

A diario nuestras propias familias se ven destrozadas por la violencia impune. No obstante, nada mejora. Nos falta el coraje de exigir a funcionarios y políticos que no nos roben más y que usen el dinero de nuestros impuestos para crear viviendas, hospitales bien provistos, cloacas, escuelas en las que los maestros enseñen, trabajo honesto para los padres, jardines maternales para las madres que trabajamos fuera del hogar. Nos falta coraje para demandar justicia por nuestros compatriotas condenados a la pobreza y a recibir migajas de nuestras mesas o subsidios inmorales que los tornan cautivos de delincuentes disfrazados de defensores de los derechos humanos. Lobos con piel de cordero.

No alcanza con el optimismo y con creer que se puede. “Argentinos, a las cosas”, nos dijo Ortega y Gasset. Argentinos, a trabajar por todos, a demandar por nuestros derechos humanos y los de los más indefensos. Basta de discursos. Basta de escuchar y de que nos digan más mentiras. Miremos a nuestros hijos a la cara y preguntémonos a nosotros mismos: si no te enseño el coraje para luchar por tu dignidad y por la de los otros, ¿para qué te estoy educando?

miércoles, 31 de mayo de 2017

Jorge Lanata a los 56

Jorge Lanata estuvo anoche en Intratables. Aquí está el programa completo. Vale la pena.

lunes, 16 de mayo de 2016

Jorge Lanata y los imbéciles del fondo


Para los registros, dejo este video del agradecimiento de Jorge Lanata por el premio Martín Fierro a Periodismo para Todos, el mejor programa periodístico del año 2015.

jueves, 4 de febrero de 2016

Un vaso es un vaso


El periodismo argentino no fue ajeno a la grieta que se formó en los últimos doce años de democracia antidemocrática. El poder político desmentía informaciones con opiniones y también lo hicieron muchos periodistas que se pasaron al lado oscuro. Lo explica Jorge Lanata en esta columna publicada ayer en el diario Clarín.

La verdad no es el promedio de dos versiones, tampoco el de dos opiniones y mucho menos el resultado de una opinión contra una información. La verdad es la adecuación del relato a los hechos. La historia no se puede cambiar, en cambio los relatos de la historia son casi infinitos; algunos son verdad, otros no. Por eso la credibilidad es el único capital de un periodista o de un medio.

sábado, 11 de enero de 2014

Cuando Crítica fue Cristina y Página/12 fue Amarillo/12


Juan Pablo Mansilla y Juan Agosto me recuerdan por Twitter estas dos tapas de colección de Página 12Crítica en las que se repite el cambio de nombre de una publicación que menciono en el post del jueves 9. En los dos casos era Jorge Lanata el director.

jueves, 9 de enero de 2014

Hoy no salió Olé


Desde la época gloriosa de Página 12, cuando Jorge Lanata y Román Lejtman sorprendían con las tapas de cada día, no veía un cambio en la cabecera de un diario. Decían que surgía un problema cuando lo hacían: la publicidad se contrataba para salir el Página 12, no en Oficial 12 o Clarín 12, y algunos anunciantes vivos no querían pagarla.

domingo, 23 de junio de 2013

Unos aplauden, otros insultan


Quizá sea una de las definiciones de periodista: una persona que es atacada y alabada al mismo tiempo. O mejor: una persona que provoca a todos; ya se sabe que lo que los periodistas no toleramos es la indiferencia ante nuestro trabajo. Todos en la Argentina tenemos una opinión bastante apasionada sobre Jorge Lanata, pero nadie puede negar que es un fenómeno. Subo -entre otras cosas para que quede en este sitio- la entrevista que le hizo Marcos Quintans de Infobae.

sábado, 8 de junio de 2013

El género cuchufleta

 

Les paso, con algunos cambios, mi columna de ayer en El Universo de Guayaquil:

El género cuchufleta, el periodismo y Jorge Lanata

Un programa de periodismo político bate récords de audiencia todos los domingos entre las diez y las doce de la noche en la Argentina. Cada semana, Jorge Lanata y su equipo de periodistas destapan escándalos de corrupción relacionados directamente con la familia gobernante hace diez años y sus más inmediatos colaboradores. En lo que va de la temporada 2013, el programa ha mostrado cómo roban cientos de millones al Estado, se acumulan en bóvedas construidas en los sótanos de casas particulares y se sacan hacia paraísos fiscales o se lavan con una ley hecha a las apuradas a medida de ese dinero. La plata es tanta que no se cuenta: se pesa. Nadie ha salido a desmentirlo: a lo único que atinan es a borrar torpemente las señales de sus propias tropelías y a intentar restarle audiencia al programa de Lanata cambiando –con poca suerte– el horario de los partidos de River y de Boca. El mismo intento de tapar a Lanata con el fútbol es una prueba de que no tienen otro argumento que esconder la mugre debajo de la alfombra. Pero sobre todo es un certificado de que les duele.

A cada programa siguen varias denuncias judiciales de distintos actores a los implicados, que probablemente no prosperen por lo menos mientras dure el amparo del poder político. Y es tal la popularidad de Lanata que si prosperara una querella de los implicados en su contra, haría un daño fenomenal en el capital político del gobierno, ya bastante maltrecho por cierto. Como en otras ocasiones en las que no hay respuesta posible, la presidenta ignora olímpicamente los hechos a pesar de los incesantes desafíos de Lanata para que desmienta los que muestra cada domingo a millones de argentinos.

Jorge Lanata no se presenta con la cara enojada de los periodistas ácidos. Comienza con un monólogo en solfa y termina con un editorial que pone la piel de gallina, pero en el medio hay un show que cuenta con actores, imitadores, puesta en escena, bromas, malas palabras, parodias y mucha información con su correspondiente producción. Eso es lo que llamo género cuchufleta.

La cuchufleta es tan vieja como el periodismo y consiste en usar la ironía o la sátira para criticar. Durante la década kirchnerista, el primero que lo utilizó fue Alejandro Borensztein en la edición de los domingos del diario Clarín. Lo siguió Carlos Reymundo Roberts en la página dos de La Nación de los sábados. El padre de Borensztein era Tato Bores, un humorista político que en las décadas del sesenta y setenta tenía en vilo a la audiencia y a los políticos desde la televisión en blanco y negro: vestía de frac y fumaba un cigarro descomunal. Pero Lanata no usa la ironía para opinar sino para informar. Lleva año y medio en la televisión y un poco menos en la radio, ahora cuatro horas por día de lunes a viernes con un éxito fenomenal. Pero tampoco eso es nuevo en la Argentina ni en el mundo. Lo hicieron El Mosquito a fines del XIX y Caras y Caretas entre 1898 y 1941 y lo hacen Le Canard Enchaîné y The Onion ahora mismo y hace años.

El género desarma al poder y gusta al público. Lanata le está ganando la agenda al gobierno, que va detrás contando cadáveres y contraoperando, porque cada vez que han intentado desmentirlo no han hecho más que agregar pruebas a lo que Lanata denunció esa semana. Cuando hablan, se entierran más y Lanata les hace pito catalán desde la pantalla. La cuchufleta se ha vuelto el género más adecuado para contar los desaguisados de los autoritarios, porque el público no podría creer jamás lo que Lanata y su equipo cuentan del gobierno si lo hicieran en tono serio, pero tampoco los autoritarios pueden creer que alguien se esté riendo de ellos en la cara.

Pero no es el género ni el pito catalán lo que molesta al gobierno, sino la valentía de Jorge Lanata para decir lo que casi todo el mundo sabe pero calla porque no se anima o no tiene altavoz. A la valentía o a la temeridad de Lanata hay que sumar la obscenidad de la corrupción que deja huellas por todas partes y el apoyo económico del Grupo Clarín, que está dispuesto a morir matando ante los ataques del kirchnerismo. El programa de Lanata cuesta mucho dinero que Clarín invierte con gusto y sin pedirle nada a cambio: ya se sabe que a Lanata no se le ponen límites. Esa fórmula mortal deschava las intenciones de los revolucionarios populistas, esos que dicen que quieren cambiar la Argentina, mientras Lanata prueba todas las semanas que lo único que cambian es la plata de lugar, cuando va desde las arcas del Estado a sus cuentas bancarias en paraísos fiscales. Y así no hay revolución que aguante.

lunes, 27 de mayo de 2013

Periodista y empresario

Esto le dijo una vez Alejandro Romay a Jorge Fontevecchia:
Vos no sos empresario, sos periodista; el día que te recibas de empresario te vas a dar cuenta de cómo te equivocaste.
Está en la columna de Jorge Fontevecchia en Perfil de ayer. Se llama Lenguaje performativo pero no es mi culpa. Es la respuesta de Fontevecchia a algo que dijo Jorge Lanata sobre la última edición de la revista Noticias, cuya nota de tapa está dedicada a la mujer de Lanata.

Interesante, pero no es como dice Fontevecchia. El periodismo también es un negocio y Fontevecchia es un ejemplo de que puede serlo, pero más ejemplo es Lanata. No creo que sea una buena idea sostener que una cosa es el periodismo y otra los negocios. Más bien es una pésima idea de Jorge Fontevecchia. Casi tan mala como la de Romay, para quien el periodismo es una mercancía que se puede comprar y vender.

El verdadero negocio del periodismo, en Paper Papers, 18/10/2011

jueves, 9 de mayo de 2013

Consecuencias de las ofrendas al poder

 

Usted ya lo sabe: léalo antes en Paper Papers. Decimos lo que va a pasar, no porque sea un blog sobre el futuro sino porque algo sabemos del negocio del periodismo. Esto es del 28 de abril de 2012, cuando Cristóbal López compraba Radio 10 y C5N a Daniel Hadad:
C5N y Radio 10 en manos de Cristóbal López perderán sus audiencias a una velocidad descomunal y entonces no valdrán ni un décimo del precio que pagó.
Bueno, ayer se conocieron las mediciones de las radios y Oscar González Oro anunció su renuncia.

La ofrenda de Cristóbal López al poder político puso a Marcelo Longobardi y a Jorge Lanata en la cima de sus carreras y hundió a Chiche Gelblung y a Oscar González Oro.

 

lunes, 22 de abril de 2013

Antes eran los diarios los que marcaban la agenda

Ahora es Jorge Lanata en la televisión y la radio, por lo menos en la Argentina...

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los periodistas son artistas (2)


Les paso este diálogo entre Luis Majul y Jorge Lanata. Está en las páginas 386 y 387 de Lanata.
-¿Y vos te considerás un artista? preguntó Majul. 
-. Contestó Lanata después de pensarlo unos segundos. 
-¿Sí? 
-Aunque todavía no sé explicar muy bien por qué
-Tenemos tiempo. 
-Creo que porque casi todas las cosas que hago tienen una carga subjetiva muy grande. Una energía que excede la profesión. Página 12 no fue cualquier diario. Día D no fue como cualquier programa de TV. Periodismo para todos, tampoco. Ahí está la diferencia.  
-¿Qué diferencia?
-La diferencia que le pongo a cada una de las cosas que hago. Pero no es algo que busco. Tiene más que ver con el dejarme fluir que con los datos que manejo. Además, creo que lo que nosotros hacemos, en este tiempo y en este lugar, tiene algo de artístico. Quizá muchos piensen que no. Yo estoy seguro que sí.
Yo creo que esa diferencia es precisamente lo que define al periodismo. Los periodistas son artistas y cuando no son artistas, cuando no ponen esa diferencia, cuando no agregan valor a sus contenidos, es que no son periodistas. Igual nos empeñamos en hacer periodismo con esos que no ponen diferencias...

Los periodistas son artistas, en Paper Papers, 28/2/2006

Otros posts sobre el libro:

Las facultades de periodismo no sirven para nada, en Paper Papers, 24/1/2013
Por qué ignoraron a Lanata en los 25 años de Página 12, en Paper Papers, 18/1/2013